El ‘show’ de Trump arrasa audiencias
Ágora malagueña de cazadores 'Pokemon'
Los jardines del Ayuntamiento congregan todo el día a jóvenes que juegan a 'Pokèmon Go' A finales de la tarde y la madrugada, principales franjas horarias en las que la zona más se ocupa
Un solo aviso bastó para despoblar la zona en medio minuto. "¡Es Lickitung, está en Gibralfaro !". La gente abandonó el parque próximo al Ayuntamiento que segundos antes albergaba a más de 100 jóvenes. Son las 20:00. Una calma invadió el lugar. Algo extraño en las últimas semanas.
La explicación de por qué tanta gente ocupa ahora los jardines del Consistorio es sencilla. El espacio está invadido por cinco pokeparadas: estaciones que sueltan objetos como las míticas pokeballs y pociones en el juego y que, si le añades un cebo, pueden atraer a más bichos de lo normal. Jesús Riobóo, veinteañero que suele acudir algunas noches al centro a "conquistar gimnasios", explica que los cebos, que actúan como imanes, "permite capturar sin tener que moverte del sitio, atrayéndolos". "Nos permite a los jugadores multiplicar el poder de los cebos poniendo uno en cada parada. También es importante por el hecho de que es el centro neurálgico de la actividad de los jugadores en Málaga", comenta Riobóo. Cristina Pérez cree que es el lugar "más cómodo y fácil" para capturar pokemon.
Al contrario de los estereotipos forjados a raíz de la explosión de Pokèmon Go, hay un perfil fijo de jugador que acude a estos lugares. "No te voy a reventar el gimnasio porque tenéis mucho nivel", le espetó un hombre mayor, quién sabe si al borde de la jubilación, a unos jóvenes estupefactos ante la peculiar situación. Según un estudio desvelado por el servicio de datos de aplicaciones SurveyMonkey, el 46% de los jugadores en EE UU tiene entre 18 y 29 años. Y en cuanto al género, la mayoría son mujeres (63%). Estos resultados revelan lo que a priori parece obvio: aquellos que hace 20 años crecieron con una Game Boy en su mano han vuelto a retomar el juego. Así lo corrobora el usuario Schvelt, uno de los tantos que empezaron con el mítico juego japonés en la infancia: "He jugado otros juegos de localización por gps pero ninguno ha llegado a gustarme tanto como Pokèmon Go. Si lo juntas todo sale un juego diferente y perfecto para mi".
Mario Valle Galindo, a quien la nueva aplicación de Nintendo "se ha vuelto imprescindible" para él, confirma que suele asistir a los jardines del Ayuntamiento tres horas por la mañana y otras tres por la tarde. "Si mis amigos no pueden, voy solo y allí conozco gente", cuenta este joven, satisfecho con "el buen rollo" que impera entre los usuarios. "Ahora conozco a más gente gracias al juego. Al principio da reparo, pero luego se te quita la vergüenza", afirma. Valle no comprende las críticas que vierten aquellos que no comprenden que la gente juegue a Pokèmon Go y dice que le ha ayudado a mantenerse "activo andando, combate la soledad y demás beneficios". Riobóo se presenta más despreocupado ante las quejas de los demás, ya que cree que "si te paras a escuchar cada crítica o devuelves cada mala mirada, no disfrutas del juego". Cristina Pérez cree que el juego ha influido muy positivamente en las personas porque "es el único capaz de unir a las personas en vez de separarlas".
La masificación de jugadores es tan colosal que incluso se han organizado grupos para organizar quedadas en numerosas redes sociales, tanto de equipos (amarillo, azul y rojo), como una general. Alfonso Suárez piensa que es "interesante" poder compartir la ubicación donde aparecen determinados pokemon con los demás usuarios: "Es una forma de ayudar a otros".
Ante las posibles críticas que se puedan suceder en las próximas semanas por la ocupación casi masiva del parque del Ayuntamiento, Jesús Riobóo expone que es consciente que de no hacen "bonito" allí, pero admite que le "dan vida" al lugar.
Uno de los chicos reaparece en el parque con aires de grandeza. Vacila, sonríe y alza la mano con con dos dedos haciéndo el símbolo de la victoria. Le enseña a los demás su móvil. Había conseguido capturar al pokemon que le había obligado a desplazarse a Gibralfaro. Mereció la pena la caminata.
1 Comentario