Demasiado hastiados para indignarse
Vecinos y comerciantes del Perchel acatan impasibles los retrasos del suburbano Increpan al Ayuntamiento y a la Junta por no haberles notificado la demora de las obras
Si la línea que separa el amor del odio es delgada, la que dista la indignación del hastío es aún menos gruesa. Los cascos de los operarios apilados junto a vallas que, de manera inútil, intentan cercar los puntos de las obras del Metro en su día iniciadas y que aún no se han finalizado, son la mejor representación de la coyuntura por la que pasan los callejones del Perchel. Lo que debería estar atestado de montículos de arena y maquinaria en funcionamiento hoy está cubierto por maleza seca que cohabita apacible junto a basura, zapatos y algunos enseres que los operarios dejaron a la intemperie. Frente a este escenario que no augura más que calles farragosas y demoras la pregunta más acusada es "¿qué más podemos hacer a estas alturas?"
Gestos de indiferencia, apatía e indolencia son los que atienden cada día los comercios que en la actualidad arrastran la lacra producida por las obras en este tramo. "Los que hemos aguantado hemos cambiado de filosofía", argumenta María Aival, panadera de uno de los callejones del Perchel, mientras entorna los ojos a modo de extenuación.
Seis años han transcurrido ya desde que el 28 de enero de 2010 los negocios de la zona empezaran a convivir con el ruido y el desbarajuste de los trabajos del Metro. En este sentido, María increpa a las administraciones, tanto local como autonómica, porque "no se han puesto en contacto con nosotros", lo que ha obligado a la mayoría del vecindario a enterarse por la prensa de que el calvario que supuestamente terminaría en tan solo 13 meses ahora se pospone hasta 2018.
La resignación es el mal endémico que ya se ha hecho hueco en los callejones del Perchel. El horizonte de esta epidemia de sumisión llegará, según María "hasta que no aguantemos más".
Los adhesivos de la empresa constructora Grupo Ortiz lucen desgastados y corroídos por el paso del tiempo que, de manera alegórica, podrían simbolizar lo que acontece a los trabajos del suburbano en estos momentos. A la espera de la rescisión "amistosa" del contrato entre la adjudicataria de este tramo y la Junta de Andalucía, las pegatinas conducen a los viandantes hasta la entrada al túnel donde reposan los vestigios de la muralla nazarí, una de las piedras angulares de las desavenencias y contratiempos que acorralan en el tiempo el desbloqueo de este tramo.
En cualquier caso, es complicado continuar el recorrido señalizado por la marca Ortiz sin que un establecimiento muestre la huella provocada por el estancamiento de las obras. La herboristería La Hada lleva afincada en la zona 25 años; su dueña, María Victoria Ruiz afirma que "el daño ya está hecho" con el mismo vaivén de ojos que los comerciantes de los establecimientos limítrofes.
"Hemos luchado y pataleado hasta que hemos podido y ya, incluso se podría decir que nos hemos acostumbrado" explica la dueña del herbolario, la cual, en un intento desesperado por sacar punta a la positividad, comenta que, "al menos, desde agosto, no se escucha nada y todo está más calmado que antes", haciendo alusión al ruido inexistente por la inactividad que en estos momentos presentan los trabajos.
A pesar de que la dueña del herbolario no sabía de la existencia de un nuevo aplazamiento, la noticia y el hecho de que las administraciones pertinentes no se hayan puesto en contacto con ella no alteró su semblante. "Nos han engañado", asevera. Si la Junta quiere cumplir este último plazo tendrá que apresurarse en la readjudicación de los trabajos a una nueva constructora. No obstante, Ruiz muestra indiferencia ante dicha situación, "ya me callo y me aguanto", concluyó.
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