I+D+i en la UMA

Coronavirus en Málaga: Los animales y el confinamiento

  • El profesor del departamento de Biología Animal de la UMA Antonio Román estudia el impacto del encierro en la migración de los milanos negros desde África a Escandinavia

Una oca extiende sus alas en uno de los caminos peatonales de la Laguna de la Barrera. Una oca extiende sus alas en uno de los caminos peatonales de la Laguna de la Barrera.

Una oca extiende sus alas en uno de los caminos peatonales de la Laguna de la Barrera. / Javier Albiñana (Málaga)

Hace dos años, investigadores de la Universidad de Málaga comenzaron una ardua tarea. Capturaron y equiparon con sistemas GPS a más de 70 aves migratorias, en concreto milanos negros, para registrar el camino que recorrían desde su lugar de cría, en el norte europeo, hasta las tierras cálidas del centro de África y su paso por el Estrecho de Gibraltar, tanto de ida como de vuelta.

El objetivo era informar tanto a la Administración como a las empresas de sus trayectos y lugares preferidos de vuelo de cara a la menor afectación posible en la instalación de parques eólicos. Ahora, con los datos que siguen generando, quieren evaluar si el confinamiento ha afectado a sus viajes de regreso.

“No pensábamos que el confinamiento iba a durar tanto, pero una vez metidos en esta situación y sabiendo que los pájaros están ahora en su viaje hacia su lugar de cría y nos siguen proporcionando datos, queríamos saber si han cambiado sus patrones de vuelo y el uso del espacio ante este panorama nuevo”, explica Antonio Román Muñoz, profesor del departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la UMA.

“No creo que una ciudad en sí eche atrás a un ave migratoria por ser una estructura artificial, pero una población tiene ruidos, movimiento de personas y de vehículos que suelen evitar las aves, así que ahora que hay menos tráfico y menos contaminación acústica queríamos ver si las evitan o las cruzan”, agrega Román.

Algunos milanos que capturaron en Tarifa, con autorización tanto del Ministerio como de la Junta de Andalucía, venían desde Suecia. Cada año realizan miles de kilómetros escapando de la falta de alimento que conlleva el invierno, ya que se alimentan de pájaros y mamíferos más pequeños.

Cruzan por Dinamarca y recorren toda Europa hasta llegar al Estrecho de Gibraltar para pasar a África porque saben que es el punto en el que tienen que volar menos tiempo sobre el mar, que es más peligroso. “Su tendencia es a ir por la costa, desde Marruecos pasan al Sáhara Occidental, a Mauritania y la mayoría se quedan en Gambia y Senegal”, comenta el investigador.

Allí pasan “nuestro invierno y el viaje de regreso está aconteciendo ahora mismo”, agrega y subraya que es una especie que nidifica desde el sur de España hasta Escandinavia. Las del sur llegan antes debido al registro de temperaturas más altas.

Un total de 70 aves con emisores GPS aportan datos de sus rutas al lugar de cría

“A finales de junio y principios de julio tendremos ya suficientes datos para analizar, ya han llegado a su zona de cría y tocará analizar los datos”, afirma Antonio Román. Y desgrana que estos milanos, la mitad machos y la mitad hembras, desde uno a cinco años, llevan colocadas unas mochilas inocuas que pesan 17 gramos y contienen los emisores GPS. Continuamente están registrando datos de localización, que llegan a los investigadores en el momento en que las aves pasan cerca de una antena de telefonía.

“De algunas aves no hemos sabido nada en tres meses, pensábamos que habían muerto pero es que estaban fuera de cobertura”, indica el investigador. Sin embargo, “en el momento en el que el milano entra en zona de cobertura nos manda el histórico de su migración”, añade. Y lo único que necesitan para trabajar en este proyecto es una conexión a internet.

“Como estamos más confinados en España que en Alemania, podemos ver si reaccionan de un modo distinto ante una ciudad u otra, si evitan las estructuras artificiales de los edificios o el ruido y los disturbios que les provoca una ciudad”, apunta el profesor de Biología Animal. “Si no hay personas ni coches la ciudad quizás no la van a percibir como un peligro”, señala. Y tiene claro que “es un objetivo que no nos podíamos plantar sin vivir esta experiencia, pero vamos a ver si le podemos seguir sacando partido al trabajo realizado”.

La presencia de fauna silvestre en la ciudad

Muchos han sido testigos, o directos o a través de las redes sociales, de que los animales salvajes han rebasado la frontera de territorios urbanos durante el encierro. El profesor del departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la UMA Jesús Olivero lo explica.

Un pavo real por las calles de Ronda Un pavo real por las calles de Ronda

Un pavo real por las calles de Ronda / Javier Flores (Ronda)

“Los jabalíes no suelen bajar a Pedregalejo, pero sí que conforman grandes poblaciones en zonas boscosas de pinos en los Montes de Málaga y los flamencos no están en la playa porque nosotros ocupamos esa franja, aunque no es difícil observarlos en la desembocadura del Guadalhorce, del río Vélez u otros humedales”, comenta Olivero. “Estaban ahí, de forma más sutil, y ahora se atreven más porque las carreteras han estado vacías, han disminuido los ruidos y las personas deambulando, estas especies lo perciben y deciden entrar”.

Las ciudades sin tráfico ni ruido son territorios de exploración para especies salvajes

Olivero señala que el instinto de autoprotección en estas especies es muy fuerte y que “en presencia de cualquier elemento de riesgo se mantienen ocultas, apartadas”. Pero si desaparece el factor de riesgo tienen la tendencia natural de ocupar el espacio.

“En la naturaleza existe una fuerte competencia por los recursos, entre especies e individuos de una especie determinada, así que si aparece un ambiente que antes no estaba disponible, la tendencia es explorarlo para intentar hallar recursos en él”, sostiene el investigador. Y una ciudad tiene mucho que ofrecer en cuanto a residuos se refiere.

Ahora que se han visto más de cerca, “tendremos que tomar conciencia de que la fauna vive con nosotros y deberíamos proporcionar un hábitat más favorable dentro de la ciudad”, considera Olivero. Y destaca que “garantizar que sigan ahí va a redundar en la calidad de nuestro medio ambiente, si en el futuro conseguimos que siga habiendo especies silvestres en la ciudad será señal de tener un entorno más sano”.

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