Málaga

Málaga en el centro de la prehistoria

  • La provincia atesora numerosos puntos de interés prehistórico para explicar la evolución del proceso humano

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Málaga en el centro de la prehistoria

Los recientes hallazgos prehistóricos en la Cueva de Ardales han situado a la provincia en el foco de la investigación mundial que trata de arrojar luz a los grandes enigmas que aún rodean al proceso de la evolución humana. Y es en territorio malagueño donde el tiempo ha guardado celosamente muchas de las respuestas. Hubo dos destacados "mundos" en los que Málaga fue clave durante el último medio millón de años, uno el que se vinculó a sus grandes cuevas naturales desde el Paleolítico y el que lo estuvo, a partir del Neolítico, a sus construcciones funerarias megalíticas. Y en ninguno de los dos casos fue mera casualidad.

Su situación es la clave por estar en el extremo occidental del Mediterráneo en el privilegiado entorno del Estrecho, entre el continente africano que vio nacer a las sucesivas especies de humanos que poblaron todos los continentes y el europeo, donde eclosionó la más importante colección artística creada por los humanos antes del Neolítico. Por todo ello, Málaga tiene "mimbres suficientes", según explicó el conservador de la Cueva de Ardales, Pedro Cantalejo, "para ser considerada un referente europeo como territorio prehistórico".

El hecho constatable de que las grandes cavidades naturales de la mitad sur de la Península se encuentren en la provincia auguran, a juicio de este prestigioso experto, "un gran futuro a la investigación, gracias a los potentes depósitos arqueológicos que estas cuevas conservan". No hay prueba más evidente de ello que el hallazgo tan relevante dado a conocer hace unos meses y que sitúa a la cueva de Ardales en el centro de la diana de la investigación internacional, ya que es una de las cavidades donde se ha podido datar arte rupestre de origen Neanderthal hace 66.700 años, es decir, 20.000 años antes de las fechas hasta ahora conocidas. Un descubrimiento que crea un nuevo paradigma y reabre el debate sobre el origen y expansión de las primeras capacidades artísticas de los humanos, hasta ahora relegadas al hombre anatómicamente moderno.

Pero los diversos equipos de investigación y gestión han hecho también grandes esfuerzos por colocar algunos de los enclaves prehistóricos malagueños más importantes en una situación preferente, como es el caso del conjunto dolménico de Antequera y, según Cantalejo, amparados por la Unesco, "se ha convertido en el principal atractivo cultural y turístico de la Málaga interior".

Son los sitios más estudiados y en los que la investigación se ha centrado, pero aún sigue habiendo mucho por descubrir en la provincia y que, gracias fundamentalmente a sus cualidades físicas extraordinarias, "siempre estuvo en la periferia de los grandes cambios climáticos, lo que favoreció el acantonamiento de humanos desde el principio sin que ni las sequías ni las glaciaciones los echaran de aquí", aseguró el experto.

El problema es, añadió, que hasta ahora se ha actuado desde un criterio de yacimiento y no desde un criterio territorial, es decir, "no ha habido visión global sólo iniciativas puntuales que no permiten ver en conjunto el papel de la provincia durante la prehistoria". Sí se sabe que hace medio millón de años hubo presencia humana en Málaga porque se han encontrado herramientas que datan de esa época en zonas de los ríos Turón, Guadalteba, Guadalhorce y Vélez-Málaga, aunque no en cuevas.

De lo constatado científicamente hasta ahora, se pueden diferenciar tres rutas prehistóricas. Una que abarcaría la Serranía de Ronda y el Valle del Guadiaro donde había grandes zonas de caza, otra en la costa que sirvió de refugio durante los fríos inviernos, y el entorno de Ardales, las tierras de Antequera y los Montes de Málaga donde se desarrolló la agricultura.

En todas ellas hay puntos prehistóricos de enorme valor, aunque son menos conocidas porque en muchos casos no son visitables, y todas "tienen una conexión que hace miles de años vino determinada por los pasillos naturales que ejercían los valles y montañas para los humanos de entonces", resaltó Cantalejo. En la primera de esas zonas, destaca la cueva del Gato en Benaoján por su imponente escenografía combinada de sierras, gran cavidad y río, que lo convierten en un nicho ecológico clave para comprender el uso como refugio y cazadero de los espacios naturales durante la prehistoria. Pero también en ese mismo municipio está la cueva de la Pileta, que atesora uno de los más completos repertorios del arte paleolítico y esquemático de Andalucía.

Aunque más hacia la costa, en el extremo occidental de la provincia se conserva la necrópolis de Corominas en Estepona, un espectacular conjunto de tumbas megalíticas y la colección arqueológica fruto de su excavación científica y que apenas es conocido por el público.

Siguiendo el camino de la costa, la prehistoria dejó una importante huella en numerosos puntos usados por los antepasados como refugios naturales durante el templado invierno junto al mar. Las cuevas de La Araña, situadas en un acantilado junto a la playa, conservan importantes yacimientos de los neandertales, es decir, de hace más de 40.000 años, si bien fueron utilizadas hasta bien avanzado el Neolítico.

Muy cerca de allí se encuentran, ya en Rincón de la Victoria, la cueva del Tesoro que fue ocupada desde el Paleolítico y que contiene arte rupestre y un gran yacimiento que fue excavado a mediados del siglo XX, y la Cueva de la Victoria que es uno de los 400 yacimientos estudiados en todo el mundo con arte paleolítico en sus paredes y que hace 30.000 años dejaron plasmado sus habitantes. Más conocida es la gigantesca cavidad de Nerja, de gran belleza espeleológica que esconde arte rupestre y que, pese a sus dimensiones, fue explorada desde hace más de 25.000 años.

Ya en el interior, además de la famosa de cueva de Ardales y los Dólmenes de Antequera, el destacado papel que Málaga jugó durante la prehistoria quedó impreso en otros muchos sitios como la necrópolis de las Aguilillas (Campillos), conjunto de siete tumbas excavadas en la roca madre que contenían medio centenar de restos humanos con 4.000 años de antigüedad, y los abrigos de las Peñas de Cabrera (Casabermeja), más de veinte cavidades repletas de pequeños esquemas rojos que representan seres humanos, algunos animales y signos y que es la mejor colección del arte relacionado con los agricultores del valle del Guadalmedina.

Para Cantalejo, "el futuro de Málaga como un gran destino de la Prehistoria de Europa es sólo cuestión de tiempo y nuestra provincia no puede desaprovechar el legado de sus antepasados más remotos, aquellos que fueron los primeros en comprobar por qué millones de personas se acercan hoy a disfrutar de su clima y de los beneficios naturales que ellos reportan desde entonces".

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