La Pasarela Larios embriaga Málaga
La Fashion Week de la capital acoge por tercer año consecutivo el trabajo de siete diseñadores Más de sesenta modelos profesionales dieron forma a sus colecciones
Un año más el corazón de la capital, calle Larios, se viste con sus mejores galas para recibir la fantasía de la alta costura malagueña. Por tercer año consecutivo, más de sesenta modelos profesionales dieron forma ayer al trabajo y esfuerzo de los siete diseñadores que se dieron cita en la Fashion Week de la capital costasoleña. A pesar de la amenazantes gotas de lluvia, eran muchas las miradas atentas que concentraron toda su atención en la alfombra azul en cuanto comenzaron los primeros acordes de música.
Todo estaba preparado. La encargada de inaugurar la pasarela, una de las más largas de Europa, fue Antonia García Galiano. Vestidos de fiesta largos y a la rodilla, en los que destacaron los colores claros a la par que los rojos y blancos. Un llamativo trabajo de encajes y gasa, algunos de ellos con motivos florales. Eso sí, a juego con los sencillos tocados coquette , de innegable elegancia.
A continuación el turno fue de Miguel Ángel Ruiz. En esta ocasión ganaron la partida los blancos por excelencia. Los tocados, de Laura Olea, presentados a rayas, con algún lazo para terminar. Las figuras de las modelos se realzaban con cuidadosas transparencias, acompañadas de brillantes encajes.
En cuanto aparecieron las siguientes prendas , enseguida se vislumbró la huella de Rafael Urquízar. Tonos blancos, negros y camel, sin olvidar el punto de luz púrpura que aportaron varias de sus chicas. La mayoría, ataviadas con guantes negros y cartera de mano.
Le siguió el trabajo de Ángel Palazuelos, que representó también la gama de los blancos. Se podían apreciar ciertos toques de azul, con un especial interés en algún que otro estampado de colibríes color marino. Los chicos, todos de blanco, iban acompañados de un paraguas de apariencia asiática.
Montesco, también con tocados de Olea, siguió la estela del blanco. Sin embargo, eligió un abanico de formas variado, ya que se pudieron ver desde lunares hasta luminosas chaquetas que rozaban el suelo.
La colección de Gemma Melé vino de la mano de colores fuertes acompañados de la más brillante pedrería, con una detallista bisutería que iluminaba el rostro de las modelos.
Más tarde tuvo su oportunidad Jesús Salgado, cuyo trabajo sobresalió por unos cuidadosos a la par de extravagantes tocados de flores. La presencia de lentejuelas servían de acompañante a los tonos que eligió para sus trajes.
El embrujo andalusí se distinguió al resonar el nombre de la diseñadora marroquí Ikram El Louah. Apostó por colores pastel; para finalizar su exhibición mostró tonos más exuberantes.
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