"Los árboles en Málaga se han quedado sin anclaje, vamos a ver más caídas"
El catedrático Enrique Salvo Tierra explica por qué el viento derriba grandes ejemplares con aparente facilidad en zonas urbanas
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Cada vez que sopla el viento, cae un árbol. Es una máxima que en Málaga empieza a no admitir réplica, vistos los acontecimientos de las últimas semanas y meses. Ejemplares de grandes dimensiones desplomados sobre la acera, desmayados en la calzada, arrancados de cuajo. El último susto se vivió este jueves en Huelin, a las puertas del colegio Eduardo Ocón, donde un inmenso árbol de 15 metros volcó sobre un camión de reparto, cuyo conductor estaba dentro –salió ileso–. Hace menos de un mes, un ficus cayó en el paseo marítimo Antonio Machado; dos días antes, otro hizo lo propio en el distrito Palma-Palmilla, en calle Deba, donde en esta ocasión dejó un hombre herido; en noviembre, otro árbol centenario se derrumbó en la zona de La Malagueta, en calle Cervantes. La imagen se repite con demasiada frecuencia en la ciudad –también en otras localidades de la provincia– y, según advierte el director de la Cátedra de Cambio Climático de la UMA, Enrique Salvo Tierra, “vamos a tener más caídas”.
Este experto asegura que “no es normal” que un árbol sea derribado por estos temporales, porque “están preparados para aguantar vientos muy superiores a los que estamos teniendo”. ¿Qué pasa entonces?. Según explica, se unen varios factores, lo primero, que los árboles “se están quedando sin la capacidad de anclaje al sustrato”. “El problema está en la amplitud de las aceras, especialmente ahora con los carriles bici, que está llevando a que los alcorques –el espacio excavado alrededor del pie– sean cada vez menores. Estamos viendo cómo los árboles se han quedado prácticamente al ras”, expone el catedrático, subrayando que sin esa sujeción, “no resisten” porque, además, en el caso de los ficus se le suelen podar las raíces aéreas. “Te encuentras con una copa muy grande que hace efecto vela, y en cuanto que sopla una racha de viento fuerte los tumba”, comenta.
A lo anterior se suma el calentamiento global: “Primero era la sequía, no había agua y no podían desarrollarse bien las raíces. Y ahora nos hemos encontrado con el efecto contrario, el deshielo en el Ártico provoca que las temperaturas del mar bajen y que haga más frío”. “Otoño lluvioso, temperaturas bajas y, a continuación, árboles que tienen una hipertrofia, un hiperdesarrollo que hace que aumente su volumen y su peso”, describe de forma muy didáctica.
En total, según los datos del área de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Málaga, en la ciudad hay 112.000 árboles urbanos –es decir, los que no están en zonas forestales–. Su mantenimiento es asumido por las empresas adjudicatarias del servicio de conservación de zonas verdes y arbolado viario por un presupuesto anual de 18,1 millones de euros, sin contar los de los espacios gestionados por entidades urbanísticas de conservación y para cuya gestión el Consistorio concede subvenciones por un importe total de 700.000 euros. Hace apenas una semana, la concejala Sostenibilidad Medioambiental, Penélope Gómez, explicaba en las redes sociales cómo funciona el sistema que su departamento utiliza para hacer seguimiento de los más de cien mil ejemplares: “Los técnicos vienen con esta tablet, comprueban cómo está el árbol y lo evalúan. Esa información le llega automáticamente a las empresas encargadas del mantenimiento para que actúen según la necesidad”. En el mismo vídeo, la edil aseguraba que si estas “no cumplen con su trabajo para garantizar que los árboles están en buenas condiciones”, el Ayuntamiento les sanciona.
El director de la Cátedra de Cambio Climático subraya que hay zonas de la ciudad en las que los árboles están “muy bien tratados” y considera que, “en general, la situación de la arboleda nueva se está cuidando mucho”. “El problema está en plantaciones muy antiguas cercanas a edificios”, señala. Así, según afirma, los ejemplares más vulnerables son los que están en las urbanizaciones de los años 70 que se plantaron sin “criterios de arboricultura urbana”. Están demasiado cerca de las casas, en calles estrechas y han crecido “intentando adaptarse a unas condiciones de iluminación de de sustrato” que no son las idóneas.
Por ejemplo, precisa que en la zona oeste de la capital “se ven árboles que van a caer de un momento a otro, porque se está tensionando totalmente la estructura del árbol, están muchos de ellos sosteniéndose como pueden” y que hay “muchas obras” que están “poniendo más en riesgo el arbolado urbano”. En este sentido, defiende la importancia de “asumir criterios de arboricultura sostenible”. “Esto significa que para la inauguración de una urbanización no solamente pongamos un arbolito en un arriate de 50 por 50, sino que hay que buscar fórmulas, sistemas de pavimento permeable y técnicas de suelos drenantes”, concluye.
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