Cabalgata de Reyes Magos de Málaga Pero la magia puede con todo

  • La Cabalgata repite fórmula con algunas dudas razonables sobre su formato, aunque los protagonistas volvieron a ser los más pequeños

Los Reyes Magos en la Alcazaba de Málaga. Los Reyes Magos en la Alcazaba de Málaga.

Los Reyes Magos en la Alcazaba de Málaga. / Marilú Báez

A eso de las 17:00 no cabía un alma en la calle Alcazabilla, pero si las calles no se llenan ante la llegada de los Reyes Magos a Málaga ya me dirán. Para entonces, la megafonía instalada había dado los avisos pertinentes y el maestro de ceremonias preparaba el ambiente con una catequesis en verso sobre la importancia del amor en familia y la pervivencia de la ilusión infantil.

“Menos rollos, que aquí hemos venido a coger caramelos”, respondía, gritona, una mujer oronda y morena con unas ganas de guasa que dejaron en jaque a un matrimonio llegado de Burgos. Muy cerquita, una familia que se había traído una manta a cuadros la extendía elevada, como si de mantear a Sancho se tratase, para ensayar la mayor recogida de caramelos con semejante estrategia.

Ya con un leve retraso que fue creciendo durante toda la jornada comparecieron Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar, que asomaron en la fortaleza y emprendieron ipso facto el camino hasta el Ayuntamiento. Todo estaba listo para que comenzara la Cabalgata, y lo cierto es que resultaba difícil dar un paso en el entorno del Paseo del Parque: la convocatoria resultó este año abundante y concurrida, diversa y multitudinaria, con los niños como protagonistas. O, bueno, de eso se trataba. Seguramente lo mejor de toda la puesta en escena fue el precioso vestuario diseñado por Jesús Segado: pocas veces han lucido los Reyes en Málaga con tanto esplendor y misterio.

El cortejo, con sus galas en correspondencia, abrió paso hasta la Avenida de Cervantes no sin dificultades, dada la apretura del gentío y la querencia de Sus Majestades a dejarse agasajar. La Banda Municipal interpretó una selección de villancicos invariablemente canturreados con mayor o menor énfasis por el personal. Para entonces ya estaba buena parte de la Corporación Municipal en la escalinata del Ayuntamiento, y allá que llegaron los Reyes Magos, repartiendo besos a diestro y siniestro tras ser recibidos por el alcalde, Francisco de la Torre.

Comparecieron después Melchor, Gaspar y Baltasar en el balcón del Consistorio para saludar al respetable, junto al mismo De la Torre y Pablo Rodríguez de la Cruz, el niño escogido este año para leer su carta, solemne y conmovedora. Los Reyes Magos, por su parte, no dijeron ni pío. “Por lo menos podrían haber felicitado el año nuevo”, dijo casi en la misma puerta del Ayuntamiento una madre de familia con dos retoños en brazos que parecían hipnotizados.

Con los reyes todavía en el Ayuntamiento comenzó el desfile, que abrió desde la misma Avenida de Cervantes la Banda de Cornetas y Tambores del Cuerpo de Bomberos. Tras los activos, las catorce carrozas, así como las numerosas coreografías, agrupaciones musicales y demás participantes (en total cerca de dos mil personas), emprendieron su conquista hasta el corazón de la ciudad. Entre las primeras, Peneque recibía la ovación de grandes y pequeños como gran aportación malagueño al imaginario de fantasía. Y que no falte.

En el Paseo del Parque, el lugar preferido por muchos malagueños para seguir la Cabalgata, la cita mantuvo sus sabores de siempre. Entre las carrozas, músicos y bailarines desfilaban personajes de dibujos animados, extraños guerreros de inspiración extraterrestre, figuras de ensueño y una batucada que tronaba como si no hubiera un mañana, entre otros entrañables motivos.

Ya con los Reyes en sus respectivas carrozas, daba la impresión de que los caramelos caían con menos brío que otros años, y el público, ya se sabe, no duda en manifestar su disgusto al respecto, así que sonaron algunos abucheos. Pero lo cierto es que los caramelos fueron un problema en esta Cabalgata de 2020, porque a la altura del Pasillo de Santa Isabel ya daba la impresión de que se habían agotado. Y eso, en fin, no es uno lo que espera cuando a va a ver la Cabalgata.

Todavía en el Parque, otro matrimonio con dos niñas, llegados en esta ocasión desde Jaén, daba cuenta de su estupor al ver las sillas reservadas a modo de tribuna: “Deberían facilitar ese tipo de comodidades a los niños, no a quien pueda pagárselas”. Pero nada podía erosionar la ilusión iluminada en las caras de los más pequeños, la alegría de tantos al ver a Melchor, Gaspar y Baltasar, subidos a hombros de sus padres, alzando las manos abiertas para coger caramelos o quizá a la espera de un sueño ávido de hacerse realidad. Mientras tanto, algunos mequetrefes, que conste, pasaban de la Cabalgata y se lo pasaban en grande tirando petardos entre los jardines del Parque. Que hay angelitos para todos los gustos.

La gran novedad de este 2020 llegaba con el paso de la Cabalgata por la nueva Alameda, que en realidad fue breve dado el recorrido fijado por Puerta del Mar. Y sí, también hubo aquí estampas hermosas, ritmo a raudales, emoción, risas y pocos caramelos. Para cuando el cortejo enfiló por Atarazanas, el retraso era considerable: algunas familias llevaban una hora esperando. Hubo quien echó de menos el perfil de la Mundial al otro lado, pero ya se sabe que la ilusión no se lleva bien con la nostalgia, así que vamos a lo que vamos.

Llegada la Cabalgata a Carretería, los caramelos se habían acabado. Así que la previsión se quedó más que corta para frustración de muchos, que pedían caramelos a Sus Majestades sin resultado. Dado el retraso, además, para más de uno la convocatoria de este año resultó un chasco, con niños cansados y sin demasiados estímulos con los que hacer tiempo. Transitó después la Cabalgata hasta la Plaza de la Merced, donde eran más los adultos con ganas de echarse unas risas los que recibieron el desfile, y desde ahí a la Catedral, donde los Reyes rindieron homenaje al Niño Jesús en un Belén viviente mientras cantaba la Escolanía del Orfeón Universitario. Seguramente lo más reseñable es que todo transcurrió sin incidencias y que las medidas de seguridad han resultado satisfactorias y oportunas. Lo que no es precisamente poco.

Tanto en la memoria de los mayores como en la certeza de los pequeños, la Cabalgata se sostiene en su condición de preludio: es a la mañana siguiente, con los regalos sobre la mesa y los misterios resueltos, cuando la magia de los Reyes Magos adquiere todo su sentido. La espera, sin embargo, con toda esta música y estos encantos, es una celebración dichosa que invita a la ciudad a empezar de nuevo, a dejarse llevar por lo mejor de cada uno y dar coartada a la imaginación. Así que conviene atender a lo importante, por más que tal vez algunos aspectos de la Cabalgata de Málaga, que tan poco ha cambiado en las últimas cuatro décadas, merecieran una revisión. Para empezar, y ya que se trata de expresar deseos, ojalá pudiera recibir la Cabalgata de 2021 a un rey Baltasar sin la cara pintada. No estaría nada mal, para empezar.

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