Despedida de una figura clave en Málaga

Celia Villalobos: adiós a una forma de hacer política

  • La ex alcaldesa de Málaga se retira después de tres décadas de diputada

  • En la ciudad la recuerdan como una política “peculiar” de carácter fuerte e “impulsivo”

Celia Villalobos ayer en los pasillos del Congreso de los Diputados. Celia Villalobos ayer en los pasillos del Congreso de los Diputados.

Celia Villalobos ayer en los pasillos del Congreso de los Diputados. / Chema Moya / Efe

Con la retirada de Celia Villalobos (Málaga, 1949) se va una política de fuerte carácter que, en sus más de treinta años en la primera línea, nunca ha dejado indiferente a nadie. Una dirigente con una forma “peculiar” de hacer política, que en su dilatada trayectoria atesora luces y sombras. Verso suelto del Partido Popular en asuntos vinculados al feminismo, con su no beligerancia contra el aborto, y los derechos sociales, con su defensa del matrimonio homosexual, la malagueña siempre ha estado al filo de lo polémica. Aunque en su juventud había coqueteado con la izquierda, entró en política activa de la mano de Manuel Fraga, quien la fichó en los años ochenta para Alianza Popular.

Diputada del PP desde 1986 y eurodiputada durante algo más de un año, quienes coincidieron con ella en Málaga en su etapa al frente de la Casona del Parque la recuerdan como una “buena alcaldesa” que contribuyó a sentar las bases para la transformación de la ciudad. Villalobos se hizo con la vara de mando del Ayuntamiento de la capital malagueña en 1995. Se había quedado a un concejal de la mayoría absoluta, pero la falta de acuerdo entre el PSOE y la IU de Antonio Romero, la auparon a la Alcaldía en minoría. Le bastó para, cuatro años más tarde, lograr la primera mayoría absoluta para el PP en la ciudad, consolidando los sucesivos mandatos de Francisco de la Torre.

Mujer extrovertida, dicen, sin pelos en la lengua e impulsiva. Precisamente esta última cualidad, y su desparpajo al hablar –a veces con tacos incluidos– la han llevado a meterse en más de un charco, de los que ha sabido salir más o menos airosa. Pero también una mujer “muy exigente” en su trabajo, con una gran capacidad negociadora y de diálogo.

El socialista José Asenjo, concejal entre 1991 y 1995, fue vecino y amigo de la infancia de Celia Villalobos. La describe como una política “con personalidad y con un toque populista”. Al frente del Consistorio, la considera una dirigente que “supo negociar y pactar”. Como todo el mundo, afirma, “Celia tiene sus virtudes y sus defectos”. “No es una persona que destaque por su prudencia, sino que ha dicho aquello que le ha parecido, lo cual le ha traído en muchas ocasiones polémicas y ha sido noticia por su forma de expresarse, muy impulsiva”, explica.

También hay que reconocerle, insiste Asenjo, que “pese a estar en el PP ha defendido algunas causas progresistas”, ejerciendo dentro de su propio partido “una oposición” en materia de aborto y matrimonio homosexual, por ejemplo. Precisamente por posiciones como estas, hay quienes dicen que Villalobos no encajaba en el nuevo PP de Pablo Casado.

De hecho, su incorporación a las listas de las próximas generales estaba en el aire. La malagueña apostó abiertamente por Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP, que fue finalmente derrotada por Casado. Después de esto, fue apartada de la Diputación Permanente del Congreso. “No se retira, la retiran”, puntualiza Inocencio Fernández (IU), que coincidió con Villalobos siendo él asesor del grupo mixto en temas de urbanismo.

Recuerda una política “de ordeno y mando”. “Creo que ella tiene un carácter muy autoritario que, de alcaldesa, se notaba más”, apunta, asegurando que “cuando la sustituyó Francisco de la Torre la gente cogió aire, como diciendo, bueno por lo menos con este hombre se puede hablar y cambiar impresiones”.

A pesar de ello, le reconoce el haber intentado desbloquear problemas “que se repiten en cada programa electoral”. Temas como el Plan General o el embovedado del río Guadalmedina, “una auténtica barbaridad” de la que Villalobos hizo la principal promesa de su segundo mandato. “Reactivó elementos fundamentales de la política que en la última etapa del PSOE estaban en standby”, admite. En unos años de novedad en la capital, en la que no había mayorías absolutas, “tuvo que hacerse política de otra manera, buscando acuerdos y consenso”. “El PSOE, y también IU, le echaron una mano”, incide Fernández.

Lo mismo subraya el arquitecto Salvador Moreno Peralta, para quien aquella fue una época “de gran altura política”. Todos pusieron su granito de arena, reconoce, concretamente el líder socialista Eduardo Martín Toval, a quien “es justo nombrar”.

“Le metió energía a la ciudad y empezó obras importantes, unas terminadas y otras no”, por lo que la considera una buena alcaldesa, opina Moreno Peralta, “por sus propios méritos y por el ejercicio de la oposición que le hizo Martín Toval”. “Se escenificó de una manera bastante digna el juego de la política, con lealtad y conciencia del interés público”, agrega. Sus hitos más señalados en la capital fueron el impulso a la peatonalización de calle Larios –inaugurada bajo mandato de De la Torre–, el Palacio de Deportes Martín Carpena, la construcción del túnel de la Alcazaba y el Palacio de Ferias. En esta última obra le acompañó el arquitecto Ángel Asenjo, quien valora sus “firmes decisiones” y una “visión innovadora de la ciudad”.

También Ana Benavides, su jefa de prensa aquellos años, la recuerda como una “hábil negociadora y una persona exigente y seria en el trabajo, que al mismo tiempo sabía defender mucho a su equipo”. “Que nadie se metiera con su gente”, comenta. Ella empezó, señala, “la Málaga moderna que vemos hoy”. Cuenta cómo disfrutaba en la Feria, en la caseta del mayor, y alguna que otra anécdota. “Las campañas electorales eran muy divertidas. Recuerdo que Málaga estaba llena de baches y que en una noche sacó un montón de apisonadoras a la calle”, relata. “A la mañana siguiente los malagueños se levantaron y encontraron medio centro asfaltado”, añade.

También contribuyó a impulsar el Plan Especial del Puerto, entonces presidido por Enrique Linde (PSOE). Amigo de Villalobos, Linde la dibuja como “una mujer peculiar, extrovertida, impulsiva y con mucho carácter, que tiene la habilidad de agudizar sus virtudes y sus defectos”. Con respecto al puerto, facilitó una relación “fluida y positiva”. “Cuando ella se fue todo empezó a complicarse y enrevesarse”, asegura. Su última fase política dice que “ha estado cargada de expresiones, actitudes y desplantes”. “Estaba excesivamente desahogada para un cargo público”, apunta.

Y muestra de ello son los episodios como el que protagonizó cuando era ministra de Sanidad, cuando en plena crisis por la enfermedad de las vacas locas recomendó a “las amas de casa” no utilizar huesos de vacuno para hacer el “caldo”. Otro de los momentos más sonados sucedió cuando empleó el término “tontitos” para referirse a las personas con discapacidad; o cuando fue cazada jugando al Candy Crush en mitad de una sesión parlamentaria, así como, el más viralizado: los gritos a su chófer Manolo por su tardanza al recogerla a las puertas del Congreso.

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