Coronavirus

"Tiene que ser muy duro decir: mi padre se contagió y murió por mi"

  • Raquel Romo, la enfermera del Hospital Regional que hizo viral su mensaje tras una entrevista habla de "los dramas" del Covid

  • “Entiendo que quieras verte con tu familia, pero ahora hay gente que la ha perdido”, afirma

Raquel Romo, enfermera en las Urgencias del Hospital Regional de Málaga. Raquel Romo, enfermera en las Urgencias del Hospital Regional de Málaga.

Raquel Romo, enfermera en las Urgencias del Hospital Regional de Málaga. / Javier Albiñana

Escuchar a Raquel Romo, enfermera en las Urgencias del Hospital Regional de Málaga, te deja un nudo en la garganta. Lleva 25 años en este centro sanitario y habla con claridad y firmeza, sin medias tintas y con emoción en la voz. Hace unos días su testimonio se hizo viral por la crudeza de sus palabras al decir que había días en los que tenían que “elegir quien vive”. Porque esa es la realidad, apunta, y cree que la gente tiene que oírlo.

El coronavirus ha matado ya a 1.105 malagueños. Los números son fríos y pueden marear. Pero son personas que mueren solas, lejos de sus seres queridos, y familiares que no les vuelven a ver una vez cruzan la puerta del hospital. “El día a día es duro, muy duro”, repite esta enfermera una y otra vez. “No solo te enfrentas a las complicaciones que puede tener mi trabajo cuando una persona está mala, de asistirla y ayudarla en el sentido más puro, sino también a las situaciones dramáticas que traen detrás”, explica, y son ya muchos meses de pandemia.

“Intentas obviarlo y seguir para adelante, te dices venga, pero llega un momento en que te desborda”, asegura, más aún cuando –añade– “ves que la gente no se da cuenta de la gravedad de todo esto”. Por eso, y no solo por el esfuerzo diario en su trabajo, reconoce que el personal de Enfermería y, en general, todos los sanitarios están cansados. “La Navidad nos ha pasado mucha factura, es lo que estamos viendo ahora”, considera.

En sus palabras se aprecia cierta decepción por el comportamiento social. “A mí me duele. Yo entiendo que tú quieres verte con tu familia, con tus amigos... pero ahora hay gente que ha perdido amigos y familiares, padres, hermanos, abuelos… y tiene que ser muy duro que tú digas mi padre se contagió y murió por mi”, dice, con la voz entrecortada. “Eso tiene que ser muy duro, y yo, por desgracia lo vivo, porque lo veo allí. ¿Qué les dices a esas personas? Intentas ayudarlas, animarlas, todo lo que puedas. Pero son auténticos dramas”, narra.

“Aún así seguimos saliendo, yendo al centro comercial, a la playa… a todos sitios. Y sin protección. Te confías porque vas con tu familia y piensas que, como son tu familia, están bien. Pero es que el virus está ya por todos lados y no sabes por dónde te va a entrar”, lamenta, con tristeza y reitera que “en estos niveles hay que parar y extremar todas las precauciones posibles”.

"Como no lo vives piensas que no es para tanto, el problema es cuando te toca. Ahí sí te parece serio"

Por momentos, su relato suena a reprimenda, pero su intención es concienciar. “Si mi voz sirve para que alguien se conciencie de lo que está pasando y de lo que vivimos como enfermeras, me doy por satisfecha”, indica, porque cree que “la gente no ve que con no vernos esto se para”. “No vernos”, exclama, indicando que ella y sus hermanos, al igual que su marido, también enfermero en el Hospital Comarcal de la Axarquía, llevan meses sin ver a sus padres. “Los protegemos así”, dice, lamentando que “hasta que no te toca, no lo crees”. “Como no lo vives piensas que no es para tanto, que eso le pasa a los demás, que tu familia o tu círculo inmediato están bien, el problema es cuando os toca. Entonces sí te parece que es serio”, subraya.

Además, advierte de que nadie está libre de sufrir las peores consecuencias del coronavirus, porque este “no sigue un patrón estándar”. “En cada persona es un mundo, ya puedas ser joven, deportista, sin antecedentes de nada, como una persona mayor que tenga antecedentes de todo y muchas patologías. Da igual, se puede llevar a cualquiera de las dos, o sobrevivir. Lo veo a diario, personas jóvenes, de 30, 40 o 50 años, que lo pasan muy mal y mueren. Y otros de 93 que sobreviven”, explica.

A los negacionistas les invita a pasarse por cualquier hospital. “A esos que dicen que esto es un invento me los traía yo allí donde trabajo y les ponía un EPI. Dos horas, no hace falta más. Que no toquen nada, allí quietos dos horas con eso puesto, para que miren y vean cómo sales cuando te quitas el traje”, declara. Asegura que el Regional está “patas arriba”, con especialidades trasladadas y todos los espacios reordenados: “La cafetería es una planta Covid, el salón de actos también”.

"A los que dicen que es un invento me los traía donde trabajo y les ponía un EPI. Dos horas, no hace falta más"

Respecto a la situación actual, dice que todos los sanitarios esperaban esta embestida de la tercera ola, pero que “ha venido tres mil veces peor que la primera”. Entonces, cuando no sabían a lo que se enfrentaban, iban “dando palos de ciego”; ahora el problema es el volumen de contagios. “Estamos cansados”, reitera –y se le nota en la voz– porque además no ven la luz al final del túnel. “Son 24 horas en las que no para de entrar gente. Atiendes a uno, a otro… y llega un momento en que no hay camas. Son personas que vienen vulnerables, mayores, que no pueden estar en una camilla o una silla, que necesitan una cama y tú no las tienes. Están los enfermos esperando 16 o 20 horas una cama. Imagínate. Eso es muy duro”, relata.

Pese al desgaste físico y emocional, Romo afirma que seguirán adelante. “Es mi trabajo y lo amo, y estaré ahí al lado de las personas a las que tengo que cuidar”, dice. Aunque aclara: “Nosotros no somos superhéroes, somos personas que trabajamos con la vida. Y también nos contagiamos, tenemos familias y una vida detrás, y vamos luchando con todo esto”.

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