El cultivo de la vid como forma de vida

Los vitivinicultores de Manilva se enfrentan al envejecimiento del sector y a la dificultad de traspasar sus tierras · La Oficina Comarcal Agraria logra implantar un ciclo superior de formación profesional

Raquel Garrido / Málaga

10 de abril 2010 - 01:00

Ya casi nadie quiere trabajar en el campo y los agricultores más veteranos ven con pena cómo sus tierras trabajadas durante toda una vida con tanto esfuerzo caerán en el olvido cuando llegue la hora de su jubilación. En el caso de los viñedos de Manilva, no sólo está en peligro la desaparición de los cultivos sino la extinción de una larga tradición dedicada a la vitivinicultura que se remonta varios siglos atrás, aunque su nombre aún no ha logrado hacerse un hueco en la elite .

Quieren evitarlo a toda costa, aunque son conscientes de que la gente joven se muestra demasiado reacia a hacerse cargo de unos cultivos que necesitan una dedicación casi exclusiva. Jacinto Vázquez sabe que cuando se jubile ninguno de sus hijos querrá hacerse cargo de las dos hectáreas de viñedos que ha logrado mantener a lo largo de su vida como parte de la herencia que recibió de su padre. "Me dicen que no quieren ser un esclavo como yo", cuenta con cierto tono de melancolía en su voz.

Es mucho el sacrificio y el esfuerzo que tiene que realizar este agricultor de 67 años para sacar a flote cada año su pequeña explotación. La rentabilidad que obtiene de la venta de la uva moscatel no es mucha, según asegura, pero sí consigue cierto beneficio con la venta de los casi mil litros de vino que elabora de forma artesanal por su cuenta.

Como Jacinto, hay otros muchos vitivinicultores de Manilva que ven en la producción de su propio vino la única forma de subsistir. La otra opción es vender la uva a los bodegueros de la zona de la Axarquía para luego fabricar el ya internacionalmente conocido vino moscatel.

El carácter familiar y fragmentado de los viñedos de este municipio de la Costa del Sol occidental -hay unas 310 hectáreas de viñedo y más de un centenar de bodegas sólo en el municipio- ha hecho incluso que muchos de los propietarios de estas tierras cedan su explotación a los mismos vitivinicultores de la zona oriental para no abandonarlas a su suerte.

Y eso a pesar de que la uva de esta zona tan occidental de la provincia nada tiene que ver con la que se cultiva en la Axarquía. Las especiales condiciones climatológicas, debido al régimen de vientos y lluvias más propios del Estrecho de Gibraltar y el suelo calizo arcilloso sobre el que se cultivan, hacen de su sabor y su aspecto unos de los de mejor calidad que se conocen de la variedad de uva moscatel Alejandría que tiene más de un siglo de antigüedad en esta zona.

Pero la mayoría de los que aún se dedican a su cultivo lo hacen más por el valor sentimental que por el económico. Francisco Parra aún sigue elaborando su propio vino tal y como aprendió de su abuelo cuando apenas tenía ocho años. Es la tercera generación de su familia dedicada al cultivo de la uva y no quiere perder la tradición. Después de toda una vida dedicada al sector de la construcción, desde hace unos 20 años cultiva y produce una amplia variedad de vinos que es bien conocida entre sus paisanos, con los que no escatima a la hora de hacérselos probar.

"Esto es más bien un capricho", explica en la bodega que ha construido en su propia casa y en la que expone con orgullo las barricas de vino que cuida con mimo para obtener el mejor caldo cada año. Nunca se ha planteado comercializarlo de forma profesional. Quizás porque ve más inconvenientes que beneficios y como muchos otros ha decidido dedicarse a la producción artesanal de vino y a la venta a granel de la uva.

Ni siquiera tiene claro que alguno de sus tres hijos quiera hacerse cargo del negocio de los viñedos cuando él no tenga más remedio que dejarlo.

Es un problema generalizado en la zona. Pero los vitivinicultores cuentan con el apoyo de la Oficina Comarcal Agraria de la Costa occidental para conseguir convencer a los más jóvenes de que el campo es una opción de negocio. Su directora, Mercedes Toledo, está convencida de que la crisis que vive el sector turístico y de la construcción es un buen momento para reclutar a mano de obra para que de nuevo se haga cargo de los negocios familiares.

Su empeño es tal que ha conseguido, junto con el apoyo del Ayuntamiento de Manilva, que la Consejería de Educación dé el visto bueno a la puesta en marcha de un ciclo superior de formación profesional especializado en vitivinicultura. Es "un logro muy importante", señaló, si se tiene en cuenta que únicamente se imparte uno igual en un instituto del municipio gaditano del Puerto de Santa María, de enorme tradición en el sector.

Durará dos años y se impartirá en el Centro de Interpretación de Las Viñas de Manilva, cedido por el Ayuntamiento, que además pondrá a disposición de los alumnos una parcela donde podrán realizar las prácticas.

Manolo Bocanegra lleva toda su vida dedicado en cuerpo y alma al campo, sin el que dice que no podría respirar porque "es una forma de vida", y sin embargo aún cree que le quedan muchas cosas por aprender. Será uno de los alumnos de este ciclo formativo que comenzará en septiembre y a sus 50 años está decidido a especializarse en el sector del vino cuyos conocimientos ha heredado de muchas generaciones pasadas. Pero es consciente de las dificultades de lograr que las nuevas generaciones se hagan cargo de estas tierras en un futuro.

La directora de la Oficina Comarcal Agraria de la zona está dispuesta a luchar por conseguir regularizar todas las parcelas de viñedos que aún se cultivan en Manilva e inscribirlas en el registro de la Denominación de Origen Málaga beneficiarse de la marca que ha llevado al vino de la provincia a ocupar un lugar en los restaurantes de medio mundo. Ahora es el turno del especial vino moscatel de Manilva.

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