Geólogos descartan riesgo de hundimientos en municipios de Málaga afectados por las lluvias

Expertos recorren los municipios más afectados por las lluvias para evaluar daños en casas e infraestructuras

La Diputación de Málaga anuncia 15 millones para las primeras reparaciones de carreteras tras el temporal

Agua saliendo de una vivienda de Benaoján, este fin de semana. / JAVIER FLORES

Aunque las lluvias han caído desde el cielo, en los últimos días, desde esas imágenes –tan espectaculares como surrealistas– en las que se veía el agua saliendo por los enchufes, las paredes y las baldosas de viviendas en Grazalema, todas las miradas se han dirigido al suelo. La preocupación se ha extendido a las zonas de la provincia de Málaga próximas a la sierra gaditana, como Benaoján, Jimera de LÍbar, donde se han producido fenómenos similares. No obstante, los expertos descartan el riesgo de hundimientos en municipios malagueños, por lo que el mensaje es de “tranquilidad”.

Lo afirma Juan José Durán Valsero, el geólogo que coordina al equipo del CSIC que estudia la situación no solo de Grazalema, sino de todo el sistema kárstico que se extiende por varios municipios del entorno, entre ellos, varios de la Serranía de Ronda. La atención, en este caso, se ha centrado en Benaoján y en Jimera de Líbar, las dos localidades malagueñas que se asientan sobre el mismo sistema de acuíferos que el municipio gaditano. Asimismo, se vigila también a Montejaque, por estar situado en la misma sierra que Benaoján, la de Líbar. En ninguno de estos puntos, según el científico, hay riesgos de hundimientos o de colapso, como sí se temía en Grazalema, por ejemplo.

Lo que este geólogo explica es que los hundimientos son más frecuentes cuando hay una “topografía plana” y que Benaoján está en una ladera. “Históricamente no hay reportes ni informes de antiguos colapsos kársticos en esa zona. Ni en la posición de Benaoján ni en el Valle del Guadiaro”, asegura Durán Valero, que concluye que “entendemos que no es fácil que se produzcan”. Así, precisa que lo que se ha producido junto a la Estación de Benaoján ha sido un “pequeño deslizamiento” provocado por el “empapamiento” del suelo, pero que este movimiento no ha sido de tipo kárstico”, sino de “materiales margosos, que son prácticamente impermeables, de color rojo, muy característicos de la zona, y que son muy arcillosos”.

De los pueblos mencionados, la situación que más preocupa a los geólogos es la de Benaoján, donde casi en pleno centro ha comenzado a salir agua “por encima del nivel freático”. “No es un riesgo importante, pero hay que controlarlo y ver cómo evoluciona el caudal”, dice Durán Valsero, que explica que la situación se diferencia con la de Grazalema en que, la posición topográfica de Benaoján –y también la de Montejaque– sitúa el municipio “muy por encima del nivel freático” del acuífero de la Sierra de Líbar, “lo que ha hecho que no tengan esos problemas de inundaciones desde abajo”, a pesar de que este ha subido “algunas decenas de metros”. Lo que ha sucedido en Benaoján tiene que ver con los llamados polges que se encuentran en los Llanos de Líbar y que son depresiones que se tragan el agua a través de grietas o cavidades y que sale por laderas al exterior. Pues bien, una de estas salidas o afloramientos de agua está justo debajo del aparcamiento que hay próximo al Ayuntamiento. “Afortunadamente el caudal que sale por esos drenajes es mucho menor que el que hay almacenado en el acuífero”, señala.

Además de los geólogos del CSIC, sobre el terreno también están trabajando arquitectos que forman parte del grupo GAVE (arquitectos voluntarios en emergencias), que han sido movilizados por la Junta para evaluar los posibles daños en viviendas. Gonzalo Marín Benavides, vocal del Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga y coordinador a nivel provincial del grupo GAVE, subraya de momento, ninguna de las edificaciones que han visto hasta ahora en la Serranía de Ronda tienen riesgo de derrumbe. Desde el pasado viernes, estos arquitectos, entre los que se encuentra también Antonio Vargas Yáñez, han recorrido Cortes de la Frontera, Gaucín, Jimera de Líbar, Cartajima y Benaoján, además de varias localidades de Cádiz. Ni en Cortes, ni en Gaucín, ni en Jimera se han detectado signos –fisuras o grietas– de que las casas se hayan visto estructuralmente afectadas. Mientras, en Benaoján, según Vargas se encontraron “daños puntuales” en algunas viviendas y edificaciones antiguas, no habitadas. En este caso, se dio instrucciones para apuntalar dos inmuebles. También hubo que desalojar algunas familias, según Marín, porque “el caño de agua entraba y salía por varias viviendas”.

Más problemas se han encontrado en Cartajima, donde varios deslizamientos de tierra han hecho que, al menos, parte de tres calles del pueblo se hayan venido abajo. Lo más grave está en el cementerio, donde al deslizarse la ladera se ha caído un muro del perímetro y, con él, una fila de nichos. Además, otros dos corrimientos de tierra han destrozado dos de las calles que rodean el municipio, si bien, en la mayoría de los casos los arquitectos no han detectado problemas en las casas que están en la acera de enfrente a la que ha caído. “Habrá que hacer un seguimiento”, señala Vargas, que aclara que estos municipios, los casos en los que el agua ha salido por las paredes se deben a que las casas están junto al monte y los muros no están impermeabilizados.

En cuanto a las infraestructuras, especialmente carreteras, que se han visto dañadas por estas lluvias, el presidente de la Diputación, Francisco Salado, anunció ayer una partida inicial de 15 millones de euros para las primeras reparaciones tras el tren de borrascas, que ha afectado a 30 vías de la red provincial, aunque advirtió que los daños serán “muy superiores”, por lo que serán necesarias “cuantiosas inversiones”. El ingeniero de caminos, Ángel García Vidal, también estimó que los daños serán “cuantiosos”. “Se van a ir bastantes millones de euros en devolver a la situación inicial y en reparar y recomponer todas esas vías de comunicación”, afirma el ingeniero, que subraya que las precipitaciones han sido “extraordinarias” por intensas y continuas, y que han afectado a “taludes, muros, obras de defensa y al propio firme de la carretera en algunos puntos”. Señala que algunos daños saldrán “más tarde” y destaca, además, que las lluvias no solo han destrozado carreteras, sino también muchos caminos rurales, muchos de los cuales no están asfaltados, y que son tan importantes como las vías principales para la comunicación de la población.

“En obras públicas, en infraestructuras civiles como carreteras y ferrocarriles, el enemigo número uno es el agua”, comenta el ingeniero, que explica que todas las infraestructuras toda la infraestructura “se calculan y se diseñan para un régimen de lluvia según la normativa que tiene España” y según el período de retorno. “Si se diseñara todo para la lluvia más grande que ha tenido la humanidad, probablemente no se podría hacer ninguna obra porque no habría colector para evacuar las aguas. Sería inviable”, sostiene García Vidal, que insiste en que “no se hace en España ni en ningún país del mundo”. Lo que sí se debe hacer, concluye, es un buen mantenimiento de los sistemas que tienen que recoger las aguas pluviales.

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