El Gobierno reconoce tras el vuelco frustrado en Mijas que las bandas criminales operan con cada vez “medios más avanzados”
El delegado del Ejecutivo pone el foco en la detención de los autores
Crecen los 'vuelcos' de droga en la Costa del Sol: "Es el plan B del narco para enriquecerse más rápido"
El Gobierno ha reconocido este martes que “todas las organizaciones criminales” operan cada vez con “unos medios más avanzados desde el punto de vista tecnológico” y que, también, asumen un mayor riesgo. Así se ha pronunciado el máximo representante del Ejecutivo en Andalucía, Pedro Fernández, al ser cuestionado por el último vuelco, o robo de droga, registrado el fin de semana en Mijas, con dos arrestos y el hallazgo por parte de la Policía Local de casi 75 kilos de hachís.
El foco, a su juicio, debe ponerse en la detención de los presuntos autores tras haber logrado frustrar el violento asalto, al tiempo que ha resaltado que uno de los heridos por arma de fuego no sufriera lesiones de gravedad. Cabe recordar que, aquella noche, se vieron implicados hasta cuatro vehículos, mientras que una persona, que conducía uno de los coches, recibió un disparo en la mandíbula. Los agentes hallaron también durante la inspección un arma corta.
En palabras del delegado del Gobierno, todo esto "se tiene en consideración, en cuenta por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado": "La intervención de choque directo contra estas organizaciones se produce por unidades especializadas con personas perfectamente formadas y dotadas de los medios absolutamente necesarios para poder hacer frente a esa situación", ha resaltado.
Las dotaciones económicas son, precisa, fundamentales para mantener planes especiales y específicos, como el del Plan Especial de Lucha contra el Narcotráfico en el Campo de Gibraltar, "extendido a seis de las ocho provincias de la comunidad autónoma y que lleva ya más de 166 millones de euros invertidos en medios humanos y también en material, reforzando todas las tecnologías para la lucha contra el narcotráfico, u otros planes especiales como el plan especial Costa del Sol".
La colaboración internacional también resulta decisiva, ha apuntado el máximo dirigente en la región andaluza, para cada vez acotar más, si cabe, junto también con el servicio de vigilancia aduanera "a todas estas organizaciones también en el ámbito del blanqueo de capitales, que es muy importante y eso es, en definitiva, fundamental para la lucha contra ellas, el desmantelar esas estructuras que crean como consecuencia de los beneficios obtenidos por el tráfico de drogas".
Los vuelcos, o robos de droga entre bandas criminales, se han tornado en uno de los fenómenos que más inquieta a las fuerzas de seguridad. Sindicatos auguran un aumento de las armas y una escalada de la violencia, porque, lejos de remitir, afirman a este periódico, estos asaltos siguen creciendo, con tiroteos y ajustes de cuentas entre organizaciones rivales cada vez más vengativas y dedicadas, “casi exclusivamente”, al robo de mercancía. La consecuencia, se lamentan los investigadores consultados, es una Costa del Sol con más pistolas en la calle y una agresividad que ya no se limita a los narcos, sino que amenaza con salpicar a cualquiera que se cruce en su camino.
Fuentes policiales constatan que el narco ha optado por la vía más rápida y peligrosa. “Han elegido el camino más corto”, recalcan. Compran la sustancia directamente en origen, principalmente en Marruecos, y la transportan por mar o tierra hasta guarderías y caletas. En ese punto entran en escena bandas especializadas en sustraer esos cargamentos para revenderlos por debajo de su precio. El beneficio es inmediato. El riesgo, también: ser detenidos o morir.
Los delincuentes no pueden permitirse la impunidad de los robos: la pretensión es dar “una lección” para evitar acabar siendo presa de otros traficantes y perder la valiosa sustancia. De ahí los disparos, los secuestros, las palizas y los tiros en las piernas que se están registrando como advertencia. En Marbella ha habido ejemplos recientes que sustentan esta realidad. Un de ellos, en noviembre, cuando un Mercedes avanzaba a toda velocidad por unas de las carreteras que conecta Málaga con Marbella, adelantando a otros vehículos y obligando a conductores a apartarse del camino. Dentro, dos hermanos se dirigían hacia el hospital. El copiloto sangraba por una herida de bala en la pierna tras haber sido alcanzado por un disparo. Después confesaría que ya sabía que algo iba a ocurrirle. Antes hubo otro aviso. Este escenario ha provocado un cambio en el comportamiento del narco. Es el llamado “plan B”, en el que tampoco les tiembla el pulso para recibir a la Policía a tiros. Ya ocurrió, también en Marbella, en diciembre, cuando un grupo de hombres abrió fuego –aunque no hubo heridos– en una intervención en la que los agente se incautaron de 1.000 kilos de cocaína. En otro operativo, en Benalmádena, los agentes sorprendieron un vuelco de casi dos toneladas de hachís en una guardería, donde la víctima fue golpeada, maniatada y amenazada.
El mensaje en el que coinciden agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad consultados es que aspiran a “enriquecerse” de forma rápida. “Quieren satisfacción inmediata, dinero rápido”. El auge de esta actividad, temen, implica una consecuencia directa: más recursos para proteger la droga. “Mantener estos vuelcos significa que que aumente el número de armas en manos de estas bandas”, advierten las mismas fuentes. No sólo para asegurar los robos sino para imponer respeto y garantizar el control del territorio.
Mariló Valencia, policía desde hace más de 20 años y portavoz del Sindicato Reformista de Policías (SRP), reconoce que se han dado pasos con el nuevo plan de seguridad de Marbella, con una mejora de la planificación policial en la Costa del Sol y la zona de Levante. Pero, remacha, no es suficiente. “Pedimos que se incremente el número de efectivos y que los medios materiales estén más acordes a la violencia a la que nos enfrentamos”, resalta. Al tiempo, aboga por una mayor especialización de los agentes de grupos de investigación, y denuncia la falta de formación específica.
En palabras de Óscar Camacho, secretario general de la Confederación de Seguridad Local y Autonómica (CSLA), El asalto de alijos está siendo el método “más fácil”, el mismo que “les acorta la vida”. A su juicio, el nuevo narco, protagonizado por grupos cada vez más jovenes, ha roto cualquier código ético: “Ya no respetan territorios ni normas. Esto va a provocar más violencia entre ellos y son gente muy preparada”.
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