Doce minutos después, malagueños que se salvaron por ir en el tren siguiente a Madrid: "Hubo silencio y lágrimas"

Hay, en el centro de la tragedia, historias que no hablan de muerte, sino de una supervivencia casi accidental

Al menos 39 muertos en el accidente ferroviario de Adamuz

Pasajeros, este lunes, tras la tragedia ferroviaria, en la estación María Zambrano / Javier Albiñana

Doce minutos. Esa es la medida exacta de lo imprevisible en esta tragedia ferroviaria. Doce minutos que separaron a unos de contar lo ocurrido y a otros de no poder hacerlo nunca. Doce minutos que convierten un trayecto ordinario en una frontera invisible entre la vida que sigue y la vida que se rompe. El silencio de un vagón puede ser ensordecedor. A las 18:52 de este domingo, Agustín Rivera, profesor de Periodismo en la Universidad de Málaga, subió al AVE con destino a Madrid en la estación María Zambrano. Un viaje rutinario, como tantos otros. Horas después escribiría en redes sociales una frase que bien podría resumir el estado de muchos pasajeros: “No iba a escribir nada porque sigo en shock. Ya estoy en casa”.

En su vagón de silencio, la noticia corrió en susurros. Un accidente en Adamuz. Un descarrilamiento. Y entonces, la certeza que heló la sangre de todos: ellos eran el tren que venía detrás. “Sí, podríamos haber sido nosotros”, apuntó en su publicación. El Iryo había salido solo doce minutos antes. En aquel vagón, contaba, hubo más silencio. Y lágrimas.

La magnitud del siniestro

Mientras el docente avanzaba hacia Madrid con la conciencia de haber esquivado el desastre por un margen mínimo, a esa misma hora se confirmaba la magnitud del siniestro. Al menos 39 personas han muerto en el descarrilamiento de un tren de Iryo que cubría la ruta Málaga–Madrid a las 19:45, a la altura de Adamuz (Córdoba). El tren de alta velocidad, que había salido de María Zambrano, chocó con un Alvia que circulaba por la vía contigua desde Atocha hacia Huelva. El impacto, a unos 200 kilómetros por hora, provocó también el siniestro este segundo convoy.

Más de 150 personas resultaron heridas: cinco muy graves, 24 graves y 123 de consideración, trasladadas principalmente al Hospital Reina Sofía de Córdoba y, en los casos más leves, al de Andújar (Jaén). Entre los fallecidos está el maquinista del Alvia. En el tren de Iryo viajaban 317 pasajeros. Parte de uno de los trenes cayó por un talud de cuatro metros.

"El tren ha empezado a temblar muchísimo"

En medio de esas cifras, hay historias que no hablan de muerte, sino de una supervivencia casi accidental. Carmen, usuaria de la red social X como @eleanorinthesky, viajaba en el Iryo que descarriló. Su testimonio es el de quien estuvo dentro del horror, pero salió con vida: “Vamos en el Iryo de Córdoba a Madrid, y a unos 10 minutos de salir el tren ha empezado a temblar muchísimo, y ha descarrilado del coche 6 para atrás. Se ha ido la luz. Nosotros estamos en el vagón 5. Por suerte parece que todo el mundo está bien”.

En la oscuridad y el miedo, apareció otra escena que contrasta con la violencia del choque: la solidaridad espontánea. “Hay un montón de voluntarios del pueblo, que estarían en casa y han salido en plena noche a ayudarnos, a ofrecernos chocolate caliente y cuidarnos. Una de ellas nos ha dicho que está orgullosa de poder poner su granito de arena”, atestiguaba esta pasajera.

Horas después, ya de camino a Madrid en autobuses habilitados, Carmen elogiaba la organización del operativo: “A pesar de la magnitud, ha estado todo muy organizado y nos han ayudado mucho”.

"Nos sentíamos afortunadas; el tren siniestrado salió justo delante del nuestro"

Laura Teruel, también profesora de Periodismo de la UMA, salió 15 minutos después del tren siniestrado en un AVE que, tras parar en Córdoba, se dio la vuelta. "Voy en el vagón 12, el del silencio, en el AVE 02163 que salió a las 18:52 de Málaga rumbo a Madrid. Es un tren doble, hay más de 30 vagones en total. Al llegar a la estación de Córdoba, a las 20:30, tras esperar una media hora, el revisor nos ha informado de que, a causa de un accidente, estaba detenida toda la circulación ferroviaria hacia Madrid", contaba anoche a este periódico. Según su testimonio, "la incertidumbre ha cundido en el tren, aunque no se ha perdido la calma". "Los viajeros nos dividíamos entre los que necesitaban llegar a Madrid y los que se planteaban quedarse en Córdoba o regresar a Málaga. También nos dividíamos entre los que criticaban el retraso, los menos, y quienes nos sentíamos afortunadas porque el tren siniestrado salió justo delante del nuestro, vimos el Iryo junto al nuestro en María Zambrano. Valoramos la suerte que hemos tenido, frente a todo. Hemos ido conociendo detalles del siniestro colectivamente, hablando a pesar del silencio", señalaba.

Afirmaba que en un primer momento les dijeron que pondrían autobuses hacia Madrid, pero les pidieron que fueran "pacientes" porque "había 3.000 personas que atender". "En mi caso, contemplé regresar a Málaga. Busqué autobuses, coches de alquiler u otros trenes y no había ninguna opción. En esas situaciones valoras vivir en una gran ciudad, nexo de movilidad; siempre optimista. Se habló de taxis compartidos por 100 euros rumbo a Madrid, pronto se dijo que lo de los autobuses era inviable", apuntaba.

Otro de los relatos es el de @MemoriasdePez, que no viajaba en el tren siniestrado, sino en el inmediatamente posterior. De nuevo, la frontera mínima entre la vida y la muerte. “Pues a mí y a @DavidMemorias nos ha pillado el descarrilamiento en el tren que iba inmediatamente detrás”.

Su convoy quedó detenido, a oscuras y sin calefacción. Sin pánico. Sin caos. “El tren está a oscuras sin batería. Gente del CNP y la Guardia Civil que iban de pasajeros están dando instrucciones para que no haya problemas. Se reserva el agua que hay a bordo para enfermos, embarazadas y niños. Calma absoluta”.

Horas más tarde, ya en los autobuses, escribió: “Nos han recibido en Córdoba con unos bocatas y agua. Mi apoyo a los familiares de las víctimas y mi deseo de una pronta recuperación para los heridos”.

Tres testimonios, tres miradas distintas sobre el mismo punto ciego del destino. Carmen estaba dentro del tren que descarriló y sobrevivió. @MemoriasdePez viajaba justo detrás. Agustín Rivera iba en el siguiente. Entre unos y otros, la diferencia fue de minutos.

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