De películas de Hollywood a El Cautivo: las pegatinas que llenan la vida de Juan en Málaga
Este malagueño de 75 años ha convertido su vivienda en el Corralón de Santa Sofía de El Perchel en un santuario de sus gustos: "Hay que tener un hobby", reconoce
Vídeo | Un paseo por los corralones de Málaga en El Perchel y La Trinidad
Nada más cruzar el umbral de la puerta un recorte con la cara de John Wayne en Río Lobo desafía al visitante con una mirada de tipo duro. Pero es que toparse con el duque, incluso en una estampita, no es cosa menor. Junto a él, formando una especie de salón de la fama de andar por casa, permanecen inmortalizados Marilyn Monroe en Río sin Retorno, Clint Eastwood en El sargento de hierro, Arnold Schwarzenegger en Conan el bárbaro... Y así hasta que se agotan las ganas de mirar, porque los rostros conocidos siguen.
"Cuando me vine a vivir aquí todas las paredes eran blancas, así que me he entretenido y las he adornado a mi manera", reconoce Juan González, morador de una vivienda del Corralón de Santa Sofía, en El Perchel, a la que ha dedicado mucho pegamento, chinchetas y sobre todo tiempo. De momento, seis años.
"Aquí nadie me molesta. Llegué después de estar en el albergue y en otras casas, y pues es más que nada por hacer algo". Aunque ese algo para él tiene una dimensión mucho más transcendental de lo que inicialmente parece. "Con 75 años que tengo me las ingenio para no volverme majareta. Hay que tener un hobby para entretenerse, no estar todo el día ahí viendo la tele, que si no la mente se vuelve loca y acaba uno en una residencia". Eso sí, sin abusar la tele también está bien, e incluso aporta ideas.
Fueron las películas que ve cada día las que lo inspiraron a decorar su casa así. No porque se topase con una escena similar en alguna de ellas, sino porque es un gran cinéfilo, ante lo que decidió recortar las carátulas de las que tenía y usarlas de decoración. "Ahí hay 500", dice mientras señala una mesa llena de discos DVD dispuestos en pequeñas torres y sin una mota de polvo. "Luego allí abajo —mira hacia un pequeño armarito— hay 100 de las que no veo. Bueno, de las que veo menos", añade mientras la televisión sigue sonando de fondo. "Ahora tengo puesta Salomón y la reina de Saba, después pondré cualquiera que se me antoje hasta la hora del fútbol".
Al final las carátulas no dieron para toda la casa (tampoco era esa su intención), por lo que siguió poniendo pegatinas y recortes de todo tipo: dibujos animados, animales, coches, superhéroes, aviones... "Para los huecos chicos he ido buscando cuatro cosillas en los chinos. Ya ni queda sitio", asegura. "Alguna se va cayendo, pero muy pocas. Es porque las paredes se van ensuciando y gastando desde la última vez que se pintó, por el tabaco, pero se vuelven a pegar y solucionado; en total habrá miles".
Dentro de esta nutrida colección, como se dejaba entrever antes, tiene también un papel relevante el deporte rey, con gran representación del club blanquiazul, tal como muestra un gran escudo de cerámica que preside el paso del salón-cocina al dormitorio. "Primero soy del Málaga y luego del Barcelona, le pese a quien le pese. Cada uno tiene sus gustos", dice. Aunque las estampas y carteles más grandes están dedicados a El Cautivo, al que ha acompañado como nazareno y hombre de trono durante un tramo de su vida, cosa que ya no sigue haciendo por diferentes motivos; con todo, reconoce, su devoción sigue intacta. "Hombre..., es que El Cautivo es El Cautivo". Sus paredes se lo recuerdan.
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