Entrevista a policías locales que capturaron a una jauría que atacó a un joven “Era espeluznante. Los perros le mordían como si fuera una presa”

  • Policías locales del Grupo de Protección de la Naturaleza relatan cómo fue la captura de los cinco canes que dejaron crítico a un hombre

  • Tardaron más de media hora en atrapar a la madre, un pastor belga malinois, "la más agresiva y escurridiza” 

Uno de los perros que protagonizó el ataque Uno de los perros que protagonizó el ataque

Uno de los perros que protagonizó el ataque / Policía Local de Málaga

Los policías locales del Grupo de Protección de la Naturaleza (Gruprona) reconocen que nunca habían investigado un “ensañamiento” como el que sufrió el joven de 29 años al que una jauría de perros dejaron en estado grave por mordeduras y que le hizo permanecer varios días en la Unidad de Cuidados Críticos (UCI) del Hospital Clínico. “Era una situación espeluznante ver a cinco perros atacando a una persona en el suelo junto a dos grandes charcos de sangre”, cuenta a este periódico Manuel Moreno, uno de los integrantes de la unidad que participó en la captura. No tenían microchip y nadie se ha hecho responsable de ellos.

Todavía se desconoce qué fue lo que llevó a los canes a atacar con tanta agresividad a la víctima. Según el agente, de las pesquisas se desprende que solían buscar comida en los contenedores de basura. “Puede ser que esta persona apareciera de noche y los perros lo vieran como una presa y no como a un ser humano porque era su zona de influencia. Una de las crías había nacido allí y no sabemos si se lo tomaron como una amenaza”, reflexiona Juan Ocaña, otro de los policías que logró atraparlos, recuerda lo “dantesco” del caso. 

Ni el claxon del vehículo policial ni la sirena sirvieron para frenar a los animales. Los primeros agentes que llegaron al lugar tuvieron que efectuar 11 disparos intimidatorios al aire para que se alejaran unos metros, aunque en actitud amenazante. También  “Los perros no se marchaban. Lo normal es que si muerden a alguien salgan corriendo pero en este caso pretendían comérselo”, expresa.

Tras la intensa labor de investigación que el grupo desarrolló, los animales, hambrientos, terminaron saliendo con la caída del sol. Y con ellos entraban los primeros avisos de testigos que aseguraban haberlos visto, a unos 50 metros de la zona del ataque, en un área de estacionamiento de maquinaria pesada con escasa iluminación.

Una trampa de comida

El primer cachorro fue capturado mediante una trampa de comida. La madre, un pastor belga malinois, “era la más agresiva y escurridiza”. Invirtieron más de media hora en alcanzarla. “No paraba de abalanzarse. Salía corriendo a la vez que intentaba morder. Se metió detrás de una palmera y allí se pudo coger”, recuerda el investigador.

Los operarios del centro zoosanitario usaron un lazo, un bastón metálico con una cuerda en la punta en forma de círculo que los dominaba desde la cabeza. Antes, los policías habían estado “cortándoles camino con el coche patrulla como si de delincuentes se tratara”. La manada acabó acorralada en una nave abandonada. La amplitud de la superficie, de 2.300 metros cuadrados, dificultaba la actuación. “Cerramos la salida con el vehículo y pusimos lazos en una valla para evitar que salieran mientras llegaban los trabajadores del centro zoosanitario”, agrega. El trabajo conjunto fue tan laborioso como decisivo.

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