El ‘show’ de Trump arrasa audiencias
"La rentabilidad de nuestras granjas depende de China y de la Bolsa de Chicago"
JUAN CARLOS RODRÍGUEZ ROMERO. DIRECTOR DE MATERIAS PRIMAS, PORCINO Y FARMACIA DE dCOO
El sector del porcino ha pasado en solo 15 años de ser pequeño y local a jugar en el tablero internacional.
Juan Carlos Rodríguez (Jerez, 1965) vive con un ojo en la Bolsa de Chicago, otro en Asia y el corazón en Campillos, donde se concentra buena parte de la producción porcina de Andalucía. Esta es una industria moderna y especializada, pero tan invisible que ha protagonizado sin que nadie se dé cuenta una de las transformaciones más alucinantes del panorama nacional, porque el negocio depende de las posiciones que toman los grandes fondos de inversión en el mercado de futuros americano, del ritmo al que se consumen y crían cerdos en China, de los vaivenes de la geopolítica internacional y de las fluctuaciones del dólar. El responsable de la sección de materias primas, porcino y farmacia de la cooperativa Dcoop es el artífice de que en ese juego de tiburones, el criador de cerdos de Campillos arañe su margen céntimo a céntimo. Veterinario de formación, especialista en producción animal, su relación con el mundo rural es ajena a los legados y herencias. Pura vocación juvenil.
–Se conoce muy poco este sector...
–En Andalucía hay 15.000 explotaciones , de las que 7.000 son intensivas de porcino blanco y de ellas el 30% están en Málaga. Si Dcoop factura 1.000 millones e integra a170 cooperativas, el sector ganadero es el tercero del grupo con 12 cooperativas y unos 78 millones de euros de ventas.
–Eso quiere decir...
–Doce millones de kilos, 120.000 cerdos anuales y creciendo desde 2013. Este año haremos un 8% más que el ejercicio pasado.
–¿Cómo es este mercado?
–Muy profesionalizado y competitivo. La producción actual supone un 150% del consumo nacional, es decir, el 50% de la producción se tiene que vender en el mercado exterior y para competir ahí hemos tenido que especializarnos mucho.
–¿Cómo se ha ganado esa partida? Porque este sector hace nada era muy tradicional y estaba muy atomizado.
–La estrategia de Dcoop es mejorar la competitividad de las propias explotaciones. ¿Cómo? Primero las fábricas de piensos. El 80% de los costes de producción en ganadería es la alimentación. Si somos competitivos y lideramos la producción de piensos mejoramos los costes de nuestros socios. Hemos tenido un crecimiento espectacular que nos ha permitido mejorar las infraestructuras. Por ejemplo, hemos conseguido abrir el puerto de Málaga para abastecernos de materia prima. Importamos el 75% de la materia, fundamentalmente de países del Este y del continente americano, pero ahora podemos desembarcarla en el puerto de Málaga y ahorrar costes. Además comprar a gran escala permite conocer mejor el mercado, anticiparnos a sus cambios y tomar buenas decisiones de compra porque de ellas dependerá la pervivencia o no de nuestros ganaderos. Otro aspecto son las estructuras de comercialización, la capacidad de comercializar con las industrias cárnicas.
–¿Tienen con la industria relaciones de tú a tú o de sometimiento, como sucede en otros casos?
–Nuestras cooperativas tienen dimensión familiar pero participan de una estructura que hace posible negociar de tú a tú con la industria cárnica, lo que ayuda a tener una ganadería más competitiva. El tercer aspecto es que como Dcoop es una cooperativa multisectorial y aprovechamos las sinergias que hay entre los socios. Unos son agricultores y otros ganaderos. Antes los agricultores vendían su producción a multinacionales o a agentes comerciales, y luego las fábricas de piensos se las compraban a esas compañías. Hoy no. Estamos interconectados y se cubren las necesidades de unos y otros directamente, eliminando márgenes que otras veces se quedaban fuera del sector. Quitar esas barreras nos hace más competitivos.
–¿Cuál era el punto de partida?
–Nuestro sector era muy local, básicamente competía con el productor de al lado. Hoy día cualquier ganadero tiene información, que le proporciona la propia cooperativa, sobre la evolución del mercado internacional, sabe cómo se pagan los cerdos en Alemania o en Estados Unidos y se puede adelantar a los cambios.
–El sector del porcino español ha afrontado la globalización y se ha adelantado a las potencias europeas tradicionales.
–Hace no mucho Dinamarca y Holanda eran nuestros modelos. Hoy día son ellos los que vienen a ver qué sucede en España. El secreto es trabajo, especialización y excelencia en cada eslabón de la cadena. No olvidemos que los mataderos de Andalucía producen el doble de la carne que se consume. Por tanto un 50% de lo que se sacrifica se tiene que vender en el exterior, en mercados como el asiático, donde hay que competir con Brasil, Canadá, Estados Unidos o Alemania.
–Porque son junto a España los grandes jugadores.
–Sí, y el gran consumidor es China, a pesar de que también es el primer productor mundial, pero es tan grande que no da abasto. En realidad los grandes demandantes son Rusia y China, pero Rusia mantiene el boicot a los productos europeos.
–O sea, que siempre está con un ojo en China.
–Es el gran consumidor. Dependiendo de sus necesidades de carne de cerdo el mercado reacciona al alza o a la baja. Lo mismo ocurre con los aprovisionamientos, porque al ser el primer productor de porcino también importa materias primas y hace subir y bajar los precios. Es importantísimo anticiparse a sus movimientos para comprar materias primas y tener en cuenta si va a demandar o no carne porque de eso dependerá que los precios suban o bajen y que nuestras granjas tengan beneficios o pérdidas.
–Y otro ojo en Chicago.
–Nosotros compramos fundamentalmente soja, maíz, cebada y trigo, materias que cotizan en la Bolsa de Chicago, Londres y París. Hace 10 años prácticamente el 100% de los operadores de la bolsa de Chicago éramos consumidores o productores, hoy probablemente el 50% no pertenecen al sector. Son fondos de inversión que tras las graves pérdidas de los últimos años han encontrado valores refugio no solo en el petróleo o en los minerales, como ha sucedido con el oro, sino también en las materias primas agrícolas. Dependiendo de las perspectivas que el fondo atribuya a otro sector se irá o se quedará, provocando subidas y bajas de precios. Si el 80% del coste de producción de cerdos es la alimentación, la gestión que se haga en relación con la materia prima es vital para que la explotación sobreviva o no.
–Son un operador más, expuesto a la volatilidad y la especulación.
–La parte buena es que es que cuando se complica el juego solo los mejores avanzan y los que no tienen tu capacidad de gestión caen, léase Polonia, que tuvo un crecimiento muy importante en la producción de porcino, pero sus estructuras no se adaptaron a los nuevos retos, de tal manera que se ha producido un descenso en los últimos dos o tres años que prácticamente le han dejado fuera.
–¡Qué difícil es criar un cerdo!
–Mucho. Hoy en día la clave de la producción ganadera es el control de procesos. Dónde pierdo un céntimo, dónde puedo ganar un céntimo y cómo estoy respecto a mi competidor. Por eso las estructuras tienen que ser muy eficientes. Muchas veces somos... Iba a decir economistas, pero en realidad somos matemáticos.
–Usted es veterinario.
–Sí, pero hoy día lo que se busca es excelencia en costos y eso es matemáticas. Un ganadero de porcino es posiblemente uno de los inversores más profesionalizados que hay. Invierte sus ahorros en un sector que no tiene ayudas, a sabiendas de que o tiene un gran conocimiento de los mercados o acude a quien se lo facilite. Ese es el papel de las cooperativas. Los ganaderos familiares se apoyan en las estructuras, dimensiones y conocimientos de las cooperativas con el objetivo de que le proporcionemos todo aquello a lo que ellos no pueden llegar solos para estar en órbita en este mundo tan profesional.
–O sea que mientras media España invertía en ladrillo, el ganadero de porcino lo hacía en su granja.
–La media por explotación ha pasado de 100 a 500 madres. Es un sector muy dinámico y emprendedor. No conozco otro donde los beneficios se reinviertan en crecer. Ganar dimensión y ser más competitivo es una obsesión. Es un empresario ejemplar.
–Rusia es un caso de cómo afecta la geopolítica a un ganadero de Campillos. ¿También sucede con la campaña electoral de EEUU?
–El 75% de la materia prima que utilizamos es importada y se compran fundamentalmente dólares. Cualquier evento influye en su valor. Unas elecciones en Estados Unidos, como sucede ahora, hace que una moneda que estaba cotizando a 1,14 pase a 1,05, de modo que las materias primas son ahora más caras.
–O sea, que aguarda a que pasen las elecciones.
–Ahora mismo estamos parados a la espera de que, probablemente, las cosas vuelvan a su sitio después de las elecciones.
–¿Cuántas personas dependen de estas decisiones?
–La ganadería del porcino en Andalucía genera 20.000 puestos de trabajo directos y 20.000 más en la industria cárnica, que fundamentalmente se encuentra en Málaga: Faccsa y Famadesa son los dos buques insignia. El puerto de Málaga en el último año y medio ha tenido un volumen de graneles muy importante a consecuencia de nuestra actividad. Importamos unos 300 millones de kilos. Esto son puestos de trabajo importantes para el puerto de Málaga. De hecho, se proyecta la ampliación de almacenes porque tenemos un consumo superior a la capacidad de almacenamiento. Si ampliamos nos supondrá beneficio para nosotros y empleo y diversificación económica para la ciudad de Málaga.
–¿Desde cuándo importan a través del puerto de Málaga?
–Desde hace unos dos años.
–¿Por qué no antes?
–Creo que no había tenido una vocación...
–¿No interesaban en el puerto?
–Por distintas circunstancias, pero lo cierto es que teníamos que ir a un puerto de Huelva, a prácticamente el doble del coste de un puerto natural como el de Málaga.
–¿Es el efecto de ser un sector invisible para la sociedad y la Administración?
–Probablemente. En las ciudades no se piensa en la capacidad industrial y de generación de puestos de trabajo del mundo rural. Hay una etiqueta de lo que es el mundo rural que dista mucho de la realidad. Dcoop factura 1.000 millones. No es fácil encontrar empresas que facturen estos volúmenes. Solo en ganadería son 80 millones. Tampoco hay muchas empresas con esta facturación que, además, generen 20.000 empleos. Además, hemos sido los que hemos aguantado el palo de la economía durante la crisis, porque somos los que hemos seguido cotizando para que se pudieran pagar las prestaciones de aquellos que perdían el trabajo en las ciudades. Eso no se conoce. Existe un cierto grado de invisibilidad.
–¿Hay relevo generacional. Les interesa a los jóvenes este negocio?
–Tiene altibajos. Hay momentos de dificultad, pero cuando las explotaciones ganan dimensión y se profesionalizan los hijos sí quieren continuar.
–¿Qué le diría a esos hijos qué quieren seguir? ¿Cuáles son las expectativas de futuro?
–Las explotaciones deberán ser más grandes y las normativas ambientales y de bienestar animal, que ya son las más exigentes y suponen un handicap para competir con países como Estados Unidos o Brasil, se irán incrementando. Las explotaciones tendrán que adaptarse a esas nuevas circunstancias y seguir siendo capaces de competir en el mundo global. Es un reto que probablemente superaremos. España crecerá y posiblemente contrarrestará el descenso de otros países como Holanda y Dinamarca. Andalucía tiene una gran proyección porque cuenta con grandes extensiones agrícolas, grandes cooperativas, y se puede apoyar en la capacidad de la industria cárnica.
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