Málaga

La vida y la muerte del aviador franquista García Morato

  • El aviador franquista reposa en la iglesia del Carmen, en el barrio de El Perchel

  • Su exhumación llegó al pleno del Ayuntamiento de Málaga en 2018

García Morato ante el timón de cola de un Fiat CR-32.

García Morato ante el timón de cola de un Fiat CR-32. / biblioteca virtual del ministerio de defensa

Al finalizar la guerra, Joaquín García Morato había luchado en más de 140 combates aéreos, derribado 40 aviones enemigos y participado en 511 misiones bélicas. Un expediente "intachable" que el hecho de estar en el bando “acertado” le habría granjeado un lugar privilegiado en el nuevo régimen si no hubiera sido por el afán caprichoso de la muerte.

Su vida es por unos destacada como heroica y por otros, como genocida. Los dos bandos, a veces, parecen prevalecer bajo y sobre tierra por mucho que los años hayan pasado. “Si su figura se hubiera quedado en 1936 quizá hubiera sido recordado como un héroe. La guerra, como en el caso de muchos otros, desvirtualizó la visión que hoy en día tenemos de él”, apunta el historiador Víctor Heredia, que precisa que el número de sus victorias aéreas está “sujeto a discusión”.

En los 81 años que pasaron desde su muerte, su nombre ha seguido vivo. En Museo Aeronáutico del Aeropuerto de Málaga (llegó a llevar su nombre) hay varios paneles que le recuerdan como “el aviador más laureado” y no muy lejos de allí los coches no dejan de recorrer la Avenida Comandante García Morato. Pero si hay un lugar en la capital donde está presente es en la Iglesia del Carmen, en el barrio de El Perchel, donde sus restos descansan desde el 3 de Abril de 1971.

El PSOE ha vuelto a poner sobre la mesa su exhumación, recuperando un acuerdo de Pleno fechado el 26 de julio de 2018 que comprometía al Ayuntamiento, en cumplimiento de las leyes de memoria histórica, a solicitar el traslado de su cuerpo “por considerar que dicho privilegio es contrario a la dignidad de las víctimas de la guerra civil y el franquismo”. Sin cumplimiento hasta la fecha, Francisco de la Torre, que ha tomado la bandera de la dignidad en varias ocasiones, a diferencia de otros dirigentes de su partido, apuntó que la decisión está en manos de la Diócesis de Málaga y de los familiares del susodicho.

Su impronta ha quedado también asociada al Ejército del Aire, en concreto, al Ala 11, con base en Morón de la Frontera. El emblema de este mando aéreo lo encarnan tres pájaros: un halcón, en representación de García Morato; una avutarda, de Bermúdez de Castro; y un mirlo, de Salvador Díaz-Benjumea. Rodeando la imagen, el conocido lema ‘suerte, vista y al toro’. “El Ala 11 ha recibido el estandarte y emblema del Ala de Caza 1, como depositaria de la tradición de las unidades de caza, representada por el grupo García Morato”, explica el Ministerio de Defensa en su web.

El mito del aviador comenzó a escribirse desde su cuna. Nació el 3 de mayo de 1904 en el seno de una familia militar. Con 16 años ingresó en la Academia de Infantería y con 21 se convirtió en uno de los pioneros en pasar de este rango a piloto militar. “Su bautismo en el combate por aire se dio en la Guerra de Marruecos, donde empezó a ganarse el cargo de ser uno de los aviadores más relevantes de la época”, explica Heredia. Volcado en la docencia y casado con la hija del conocido malagueño doctor Gálvez, María del Carmen Gálvez Moll, de permiso en Inglaterra, le sorprendió la guerra: “Estando en Inglaterra con permiso particular, estalló el glorioso Movimiento Nacional, al que me incorporé sin dudarlo, y desde el primer día presté mis servicios como ‘cazador’, que era lo que por mi carácter y facultades cuadraba más en mí”.

Con premura, en un avión alquilado, regresó rápidamente a España para ponerse al servicio de la causa golpista. Entre sus “múltiples acciones”, tal y como recuerda la Fundación Nacional Francisco Franco, “destaca su decisiva actuación en los combates aéreos del frente de Madrid”, en la conocida batalla del Jarama, o en el asedio a Antequera. “Fue una pesadilla para la aviación republicana, el barón rojo de la aviación franquista”, resume el historiador malagueño.

La victoria y la muerte

Cortejo fúnebre de García Morato por las calles de Málaga. Cortejo fúnebre de García Morato por las calles de Málaga.

Cortejo fúnebre de García Morato por las calles de Málaga. / Ministerio de Defensa

Sobrevivió a la guerra aunque la muerte le llegó tres días después de la victoria, el 4 de abril de 1939, a los 35 años. El Fiat CR 32-51 en el que viajaba impactó contra el suelo mientras realizaba una exhibición en el aeródromo madrileño de Griñón. “El día era triste y gris, con nubes muy bajas y una lluvia fina y pertinaz que dificultaba la visibilidad”, narra la entidad homónima del dictador que el Parlamento Europeo pidió en octubre de 2018 al Gobierno español ilegalizar.

Málaga acogió su despedida, convertida en una manifestación de apoyo al régimen y un preludio de la llegada de Franco poco más tarde. Al más puro estilo fascista, las imágenes del cortejo fúnebre congelaron una procesión compuesta para dar culto al héroe caído, con ciudadanos con brazo en alto abarrotando la calle, desde el Salón de los Espejos del Ayuntamiento (donde fue ubicada la capilla ardiente), hasta el Cementerio de San Miguel, donde reposó antes de que su familia acogiera “con entusiasmo” la propuesta de la Cofradía de la Misericordia de trasladarlo a su capilla. “Joaquín García Morato y Castaño. Primer Conde del Jarama. Comandante de Aviación”, se lee en la lápida vertical.

En sus memorias póstumas, Guerra en el aire, el dictador Francisco Franco prologó: "Esta es la vida de García Morato. Murió como los héroes legendarios en plena juventud, feliz y victorioso; sus alas poderosas se quebraron un día ante el azar, mas quedó su espíritu flotando en las que en una mañana han de nublar el sol".

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