Crónica y resultado Málaga-Lugo El Málaga quema la cena (1-1)

  • Un golazo de falta de Pita en el último minuto congela la alegría de los blanquiazules que dominaron la primera mitad con una diana de Sadiku.

Munir consolando a Keidi Bare después del empate final. Munir consolando a Keidi Bare después del empate final.

Munir consolando a Keidi Bare después del empate final. / Marilú Báez

Sonrisa, emoción y sólo un gol. Tal vez faltaron otros dos: uno se lo llevó el VAR, el otro la falta de puntería. Llegó el descanso a La Rosaleda y se fueron las musas. Se diluyó la sensación de dominio y se quedó el gol de Sadiku, otro, para cobrar los puntos y evitar hogueras en plena Navidad. Pero en los mejores guiones de drama se escriben a la cola de Segunda División.

La Rosaleda vio que Pacheco encuentra espacios, que Renato puede regalar peligro o que Antoñín es un riff de Jimmi Page en una verbena. Transmite, gusta, sorprende, aún lejos de un escenario que le sea cómodo. Ahora, además, Sadiku resuelve a poco que tenga la oportunidad. Era un menú de categoría, un bocado jugoso con el que convidar a una afición maltratada, pero el Málaga se encargó de quemarlo todo justo en el último minuto, cuando recibió un golazo de falta directa de Pita

En medio minuto, La Rosaleda ya se había llevado las manos a la cabeza. Maldita sea. Renato no acertó a meter entre los tres palos rivales un regalo de Dani Pacheco que nadie esperaba tan rápido, franco y bueno. El punto de desequilibrio inesperado que tiene Pacheco sería un pequeño metrónomo al que seguir en la primera mitad. No dejó el Málaga que los gallegos sintiesen que su plan de castigar la banda zurda de la zaga local era servible. Había hambre.

En su campo, recogido, y con la tranquilidad de quien puede vivir bien defendiéndose, el Lugo fue sufriendo poco a poco la presión de un equipo con ganas y aire. Sobre todo en los elementos más atacantes. Tejiendo una buena red, el centro del campo blanquiazul era capaz de controlar la situación. Keidi entró en juego.

Balón robado por el albanés y Pacheco volvió a mover el árbol cerca del área. Pasaban diez minutos de las cuatro, el Málaga atacaba, córner. El primer saque lo despejó Barreiro –uno de esos delanteros que cabecea más en su área que en la rival– a la banda, Renato recogió el rechace, levantó la pelota y puso un pase al primer palo donde Sadiku llegó antes que una mala noticia y definió como los ángeles. El séptimo gol del punta: bonito, inapelable, reconfortante como un beso antes de cruzar la puerta del trabajo.

Mientras el Lugo trataba de adelantar sus líneas, el Málaga seguía pendiente de las pequeñas cosas. De los achiques, del esfuerzo solidario. Un par de córners para el Lugo que solucionó Munir, más dominio local y un golazo anulado por el VAR: quiebro a base de claqué de Luis Muñoz cerca del pico del área, balón para Sadiku y otra definición inapelable del punta por la escuadra. Felicidad casi plena que los de Víctor se llevaron al descanso. El Lugo languidecía, lejos del empate por su juego y sin embargo muy vivo.

Aceleró el Málaga en la reanudación sin consecuencias. El Lugo se adelantó como un ejército de elefantes: lentamente trató de alejar al Málaga de su portería y de morderle con verticalidad y pocos pases. Aplausos para Antoñín por una buena internada por la izquierda y para el juez de línea, lesionado y retirado en camilla a 20 del final. Se fue con él el buen juego local, quedaron las dudas y la necesidad inmensa del Lugo que nunca supo cómo correr más que el Málaga.

Los banquillos empezaron a buscar pequeñas grietas a balón parado los visitantes y a taparlas con cambios conservadores los locales. El choque no se cerró, el juego había perdido vistosidad, ganado arbitrariedad. Ya todo era cuestió de oficio. Munir le salvó un lanzamiento a Castellanos, el juego se había ido. No volvió ni con los inusuales –y merecidos– diez minutos de tiempo añadido en los que Juankar mandó una pelota al palo y los malaguistas pudieron cerrar otra vez el choque. Pero llegó el final del choque y ahí nadie estuvo pendiente del fuego. La pelea en el barro va para largo.

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