Resultado y crónica del Málaga CF-Real Oviedo Poetas desencadenados (3-0)

  • El Málaga, con un hambre inusitada, destrozó al Oviedo, a quien marcó dos goles jugando con diez

  • Ontiveros cuaja la que posiblemente sea su mejor actuación en años

Ontiveros, celebrando su gol al Oviedo Ontiveros, celebrando su gol al Oviedo

Ontiveros, celebrando su gol al Oviedo / Marilú Báez (Málaga)

El Málaga jugó como un grande, sin complejos, ofreciendo soluciones a cada problema, sintiendo que su obligación era caer o triunfar, pero con estilo. En esa desvergüenza reinó Javi Ontiveros. El marbellí fue pura poesía. Cuajó su mejor actuación en años, quizás de su carrera. La rotura de cadenas está haciendo aflorar ese talento bruto del que manan versos irrepetibles. Su compromiso aleja viejos fantasmas y abre de par en par la puerta del ascenso, aunque sea por el camino tortuoso. En su carro se están subiendo otros compañeros que riman cada vez mejor. No sólo se adelantaron, hicieron brecha con un hombre menos.

Llevaba el balón Ontiveros en las manos, con la sonrisa de pícaro, dirigiéndose a Adrián González, preguntándole si lo iba a lanzar él. Sin discusión ni drama, con un abrazo, entregó el esférico a su capitán. Él ya había hecho su trabajo. La primera vez que se metió en el área forzó un penalti que además se tradujo en gol. Un suspiro después tuvo el segundo en sus botas, pero Johannesson la sacó de manera milagrosa de debajo de los palos.

El Málaga se mostraba como un equipo dinámico, trató el balón lo mejor que pudo y supo, lo que incluyó burlar la presión del Oviedo, que comenzaba muy arriba, exactamente igual que el Cádiz una semana antes. Pero está claro que el Málaga no puede vivir sin sobresaltos este curso. Keidi Bare se fue a la caseta por la vía rápida después de una acción imposible en la que buscando el balón casi se queda con la cabeza de Ibra. Se fue entre lágrimas y con la comprensión del público.

Aun así, el Málaga siguió firme en su búsqueda del 2-0. Tras una contra bien conducida, Blanco Leschuk acabó besando césped y reclamando un penalti y llevando a La Rosaleda a una trincheracomún contra el colegiado. Pero era Ontiveros el que tenía cuentas que ajustar. El marbellí cazó un rechace tras una acción en la que Juankar exhibió velocidad y sacó un disparo. Pero es que la gloria era para él. Amagó y amagó hasta que la mirilla logró ajustar la dirección exacta. Lo que sucedió desde que el balón se despidió de su bota no merece ser contado con prosa.

No especuló el Málaga con el marcador en la segunda parte, donde siempre quiso más a pesar de la inferioridad numérica. El Oviedo no tenía otra que ir con todo y tuvo varias ocasiones en las que el Málaga se dejó el alma para evitar acercamientos. Adrián, Pau Torres, Luis Hernández.

El éxtasis llegó tras una contra que propició el extrainteligente Blanco Leschuk y en la que Cifu voló hacia la meta rival picándola por encima del portero. Recuerden, con diez el Málaga. En plena fiesta, Víctor retiró al argentino para que Koné también catase el verde tras varios meses. Otro invitado al asalto final. Sí, vuelve estar en su mano el ascenso. La Rosaleda, que no celebraba un triunfo desde enero, vuelve a creer.

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