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Crítica | 'Dos tablas y una pasión' de El Brujo

La rosa de Blake

El Brujo, este jueves, en el Teatro Cervantes. El Brujo, este jueves, en el Teatro Cervantes.

El Brujo, este jueves, en el Teatro Cervantes. / Javier Albiñana (Málaga)

En gran medida, Dos tablas y una pasión constituye una suerte de grandes éxitos de Rafael Álvarez El Brujo. El espectáculo incluye elementos recurrentes en el repertorio del juglar, como el encuentro de San Francisco con los maleantes, la gracia de Santa Teresa entre el misticismo y el ingenio, el Quijote leído por el padre o el cine de la infancia en el pueblo con aquellas proyecciones hechas de retales de películas diversas que comparecía en Una noche con El Brujo. Como es habitual, Rafael Álvarez trenza su discurso con referencias continuas a la actualidad, lo mismo a Pedro Sánchez que al coronavirus pasando por Quim Torra, la mesa de negociación y Donald Trump. Pero, a poco que el espectador afine un tanto, descubrirá que aquí parte El Brujo, en cierta medida, de un material ya contrastado para llegar al mismo objetivo de siempre, sí (la meta vuelve a ser el camino, y no podría ser de otra forma), aunque con otros ingredientes. La historia de la rosa que William Blake corta para ofrecerla como limosna a un mendigo brinda un recorrido por el Barroco en el que figuran también Lope, Calderón, Shakespeare, Góngora, Quevedo y otras muchas referencias con especial intención en llevar al espectador a ciertas cimas con el lenguaje más sencillo y la poca vergüenza de costumbre. La apelación al grial es reveladora: El Brujo nos habla, otra vez, de la verdad que conoce el corazón, distinta de la verdad de la que pretenden convencernos los sentidos. Y lo hace como seguramente nadie lo ha hecho en un escenario.

En la función de este jueves en el Cervantes el público entró gratis por el 150 aniversario del teatro. Hubo un chorro continuo de móviles y una señora reprochó al actor que hablara demasiado bajito, a lo que El Brujo respondió recomendándole un otorrino. Supo, en fin, poner al respetable en su sitio sin dejar de llevarlo a la otra tabla. Con Perceval de su parte.

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