Cultura

Jackson Pollock: la creación del mundo

  • La llegada del 'Mural' de 1943 al Museo Picasso el próximo día 20 constituye una invitación a conocer de cerca a uno de los titanes de la pintura del siglo XX.

Cuando Jackson Pollock (Cody, Wyoming, 1912 - Springs, Nueva York, 1956) afirmó: "That guy missed nothing!" ("¡Ese tipo no se perdió nada!") se estaba refiriendo a Picasso, dando a entender, como después afirmó de manera explícita, que el malagueño "lo hizo todo". En el siempre delicado análisis de la influencia de Picasso en los artistas norteamericanos del siglo XX, Pollock ocupa un lugar preeminente; de hecho, el tránsito desde los primeros envites figurativos hacia la abstracción y lo que se vino a llamar expresionismo abstracto se considera a menudo consecuencia de esta influencia, el resultado de una búsqueda en las mismas entrañas de la creación picassiana lanzada como un viaje sin billete de vuelta. A menudo se considera la mayor concreción de esta herencia el monumental Mural que Pollock realizó en 1943, con sus imponentes dimensiones de 2,43 metros de alto por 6 metros de ancho, por encargo de su mecenas, Peggy Guggenheim, quien requirió la obra para colocarla en la entrada de su apartamento en Manhattan. Más allá de los elogios arriba indicados, Pollock se mantuvo más bien discreto al respecto (también admitió influencias de El Greco), pero el convencimiento de que el artista realizó esta pieza tras el impacto que supuso la contemplación del Guernica en el MoMA es ya ampliamente compartido. En cualquier caso, el nexo Pollock/Picasso convirtió al primero en preciado objeto de deseo para el Museo Picasso Málaga prácticamente desde la fundación del centro, que tiene entre sus principales querencias la revelación y celebración de la huella que su mentor dejó en contemporáneos y aprendices. Ahora, finalmente, podremos contar a Pollock entre los nuestros: el Museo Picasso se dispone a exhibir el Mural de Pollock, tras una rehabilitación prodigiosa desarrollada durante dos años, en una exposición que se inaugura el próximo día 20 y que podrá visitarse hasta el 11 de septiembre. Málaga dispone así de una ocasión única para adentrarse en el cosmos de un verdadero titán de la pintura del último siglo, uno de esos pocos creadores cuya obra, más allá de los trasvases estéticos y de los territorios, adquiere categoría fundacional.

Según recordaron fuentes del Museo Picasso, la restauración de la obra se llevó a cabo en el Getty Conservation Institute de Los Ángeles y posteriormente ha protagonizado dos exposiciones europeas, en la Peggy Guggenheim Collection de Venecia y en el Deutsche Bank Kunsthalle de Berlín. Desde la misma pinacoteca subrayan que la muestra malagueña constituye la primera ocasión para ver la obra en España "y probablemente la única", dadas las dificultades para trasladar un trabajo especialmente delicado, en el que el paso del tiempo se ha cebado especialmente. Pero lo curioso es que esta suerte de degradación, ahora interrumpida, encaja como un guante en la amplia leyenda que rodea al Mural. Cuando Pollock recibió el encargo tenía ya a Peggy Guggenheim ganada para la causa, pero en realidad se acababa de trasladar a Springs y aún era considerado un artista de provincias y de escasa cotización. Fue aquí, en Nueva York, donde empezó a desarrollar su peculiar técnica, con el lienzo extendido en el suelo y la pintura arrojada directamente desde pinceles y brochas chorreantes o botes agujereados, en lo que se vino a llamar dripping (goteo), reconocido precursor del action painting (el mismo Pollock explicó al respecto: "En el suelo me siento más a gusto. Me siento más cerca, como que formo parte de la obra, ya que de esta manera puedo caminar alrededor de ella, trabajar en los cuatro lados y estar literalmente en la pintura"). Curiosamente, dado que el encargo de Guggenheim era un mural, la primera idea de Pollock fue realizar la obra en una pared; pero fue, al parecer, fue Marcel Duchamp quien le convenció que la hiciera en un lienzo con la sospecha de que su transporte sería requerido en un futuro. Y la leyenda creció: hay quien sostiene que Pollock sufrió un bloqueo durante cinco meses y al final pintó el Mural en un solo día, el 1 de enero de 1944 (aunque está fechado en 1943). Aquella sesión fue registrada fotográficamente y este detalle permitió el nacimiento de la sempiterna imagen de Pollock, lanzando brochazos al lienzo o sentado junto al mismo fumando un cigarrillo. Mural significó, en todo caso, el abandono definitivo de los márgenes figurativos y el alumbramiento del expresionismo abstracto. El crítico Clement Greenberg pudo ver la obra poco después de que Pollock la terminara y más tarde escribió: "Entonces comprendí que Jackson era el pintor más grande que este país había producido".

El mismo Pollock confesó a un amigo cuando ya era un artista consagrado que Mural había nacido de una visión: "Es una estampida. Cada animal en el Oeste americano, vacas y caballos y antílopes y búfalos, todos a la carga a través de la maldita superficie". Esta evocación del antiguo western no es baladí, ya que también Pollock explicó que el dripping le mantenía en conexión con los indígenas nativos que realizaban dibujos en la arena, un origen mitológico de su oficio al que el genio quería regresar constantemente. Toda aquella fuerza espiritual y animista queda contenida así en el lienzo (no en vano la exposición que llega ahora al Museo Picasso con el Mural como protagonista, comisariada por David Anfam y organizada por la Universidad de Iowa, lleva por título La energía hecha visible) como signo de un poder al que Pollock se asomó hasta el último precipicio: diversos análisis matemáticos realizados recientemente sobre la obra confirman la presencia de cualidades fractales en el Mural y la evidencia de que el artista llegó por sí solo, a base de mera intuición, a conclusiones bien interesantes relativas a la teoría del caos. En pocos casos la creación de la obra de arte y la creación del mundo han alcanzado una mímesis tan equilibradamente perfecta.

Pero también alentó Pollock la leyenda desde su propia existencia. El éxito obtenido con el Mural le obligó a trabajar a un ritmo cada vez más rápido para satisfacer a los coleccionistas, lo que terminó abocándole al alcohol. A comienzos de los años 50 su pintura se hizo más oscura, con protagonismo absoluto del negro; algunos años más tarde decidió recuperar el color, pero seguramente ya era tarde para todo. El 11 de agosto de 1956 cogió el volante de su coche completamente borracho, sufrió un accidente y murió con 44 años. El cine, que él tanto había amado, vino después a acrecentar la leyenda. Pero su pintura seguiría viva.

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