José Sacristán | Actor “¿Jubilarme yo? Como decía Fernando Fernán Gómez, vamos andando”

  • El intérprete regresa la semana que viene al Cervantes para protagonizar dentro del Festival de Teatro ‘Señora de rojo sobre fondo gris’, adaptación de la novela de Miguel Delibes

José Sacristán (Chinchón, 1937), en una de sus últimas visitas a Málaga. José Sacristán (Chinchón, 1937), en una de sus últimas visitas a Málaga.

José Sacristán (Chinchón, 1937), en una de sus últimas visitas a Málaga. / Javier Albiñana (Málaga)

Mantiene José Sacristán (Chinchón, 1937) su posición de clásico entre su presencia recurrente en la escena y sus trabajos para el cine y la televisión a las órdenes de jóvenes talentos. Los próximos 8 y 9 de enero (a las 20:00) regresará al Teatro Cervantes para protagonizar, dentro del Festival de Teatro de Málaga, Señora de rojo sobre fondo gris, adaptación de la novela de Miguel Delibes en forma de monólogo que dirige José Sámano y cuyo reciente estreno ganó el favor del público y la crítica.

-¿A qué intención se debe la decisión de subir ahora a las tablas esta Señora de rojo?

-En realidad esto se remonta a hace ya bastantes años. Mientras hacía precisamente otro montaje basado en otra de sus novelas, Las guerras de nuestros antepasados, que estrenamos allá por el 89, Delibes publicó Señora de rojo sobre fondo gris y de inmediato me empeñé en llevarla al teatro. Pero Delibes no quiso ceder los derechos y fue muy difícil convencerle de que cambiara de opinión. Finalmente, como un año y medio antes de que muriera, pudimos hacer una lectura dramatizada con la versión de mi amigo José Sámano, que había producido Las guerras de nuestros antepasados. Desde entonces, Sámano y yo hemos venido barajando la posibilidad de hacer un montaje completo así, como un monólogo en el que el protagonista evoca ante su hija a su esposa fallecida. Más allá de lo teatral, siempre nos ha impresionado la mirada que deposita Delibes sobre el amor, la vida y la muerte. Con el tiempo nos surgió la oportunidad y decidimos aprovecharla.

-¿Cómo se traslada esa mirada de Miguel Delibes desde la escritura hasta la escena?

-Con mucho respeto. A la hora de hacer la adaptación para un monólogo algunas decisiones resultaron sencillas, como la de prescindir del personaje de la hija, ya que en la novela aparece pero no interviene, todo queda en boca del protagonista. Por otra parte, en cambio, ha habido que eliminar algunas partes del texto y esto sí que ha resultado muy doloroso, porque ¿cómo quitas partes de la escritura de Miguel Delibes, cómo la reduces? Creo que, ante todo, y como te contaba antes, Delibes es un escritor que con su obra nos ha enseñado a mirar a varias generaciones de lectores. De ahí proviene su grandeza, del modo tan claro, tan directo, con que nos presenta la realidad y nos enseña a mirarla. En Señora de rojo sobre fondo gris nos impulsa además a mirar cuestiones fundamentales, el amor, el paso del tiempo, lo que queda tras la muerte, la misma vida, sin medias tintas, sin disfrazar nada. Por eso era fundamental preservar el absoluto respeto hacia la mirada del propio Miguel Delibes.

-La novela presenta también cierto contenido político, ya que el relato del protagonista se remonta a los últimos años del franquismo y su hija ha pasado algún tiempo en prisión por sus actividades clandestinas. ¿Cómo aborda esta cuestión la versión teatral, tiene en cuenta de alguna forma el contexto presente?

-Delibes hace un correlato entre la enfermedad de la mujer del protagonista y la enfermedad del propio Franco, narradas a veces en paralelo. Y luego, como dices, está la experiencia de la hija en la cárcel, que aporta un contexto histórico muy definido a la situación. Lo que tenemos, de nuevo, es la mirada que Miguel Delibes dirige a la dictadura. A la hora de hacer nuestra versión Señora de rojo sobre fondo gris nos preguntamos por ese contenido político en relación con el público de hoy día, claro, pero de inmediato te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer con la mirada de Miguel Delibes es dejarla tal cual. Y eso hicimos: en nuestra versión, los elementos políticos se dan igual que los introdujo el autor en su novela. No hemos cambiado nada. Y, a tenor de lo que nos cuentan los espectadores, ha sido una decisión acertada.

-¿Diría usted, casi veinte años después de su muerte, que el tiempo ha hecho justicia con la posición de Miguel Delibes como gran escritor y con su obra?

-No me atrevo a hablar de un escritor como Miguel Delibes en términos de justicia. A ver, algunas de sus novelas como Los santos inocentes y Las ratas se han llevado al cine con éxito. En teatro se ha hecho Las guerras de nuestros antepasados y La hoja roja, y fíjate cuánto tiempo lleva Lola [Herrera] haciendo Cinco horas con Mario. No creo que Delibes haya caído en el olvido, ni que sea un autor desprestigiado. Otra cosa es que este país no tenga precisamente en mucha estima a sus escritores y poetas, lo que también es cierto. Y que seguramente Delibes merezca mucha más atención de la que recibe. Pero ahondar en esto nos obligaría a llevar la conversación al territorio de la política, y en lo que se refiere a Señora de rojo con fondo gris prefiero no hacerlo. No creo que proceda. Lo que sí puedo decirte es que al hacer esta obra me he llevado una doble satisfacción, como artista y también como ciudadano, al dar al público la oportunidad de reflexionar sobre algunos temas esenciales.

"Celebro el modo en que el teatro está recuperando espacios y se manifiesta como una realidad viva"

-Eso es un argumento político.

-Claro. Hemos hecho hasta ahora cinco funciones de la obra y los comentarios que nos llegan han venido de gente agradecida porque mientras han visto la función han tenido la oportunidad de pararse a pensar sobre la muerte, el amor, la vida. Cada vez cuesta más encontrar ocasiones para reflexionar sobre todo esto, que al fin y al cabo es lo que nos hace humanos.

-¿Ha recuperado el teatro entonces su función de templo, ahora que la religión está en crisis?

-Llevo más de sesenta años en este oficio. Es verdad que ahora compagino el teatro con películas y series, pero celebro como seguramente no le he hecho nunca hasta qué punto el teatro está recuperando espacios y se manifiesta como una realidad viva. Soy muy consciente de que cuento con la fidelidad de mucha gente y de que en este sentido soy un privilegiado, pero hay desde luego motivos para la esperanza.

-¿La esperanza agradece una bajada del IVA?

-Digo que hay motivos para la esperanza, no que haya que tirar cohetes. De todas formas, Fernando Fernán Gómez ya contaba que en sus tiempos le contaban que algunos habían contado que todo estaba fatal, que el negocio se iba a pique, y sin embargo siempre hemos tenido la certeza de que algo se mueve. De todas formas, eso sí, la esperanza tiene mucho que ver con la respuesta de la gente.

-En cuanto al cine, ¿no hay forma de que los jóvenes directores lleguen a defraudarle?

-He terminado ahora el rodaje de una nueva serie de Bambú para Netflix, Alta mar. Y tengo sobre la mesa dos próximos rodajes de dos largometrajes con directores jóvenes. Uno de ellos es Bernabé Rico, que hizo la adaptación de Muñeca de porcelana, la obra teatral de David Mamet que protagonicé. Hay mucho talento ahí.

-En 2007 interpretó en la escena a Picasso, que no se jubiló nunca. ¿Usted tampoco, que diría Dalí?

-¿Jubilarme yo? Como decía Fernán Gómez, vamos andando. Mientras mantengamos las facultades y no nos fallen las fuerzas, seguiremos en esto.

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