Luis Blanco-Soler, un madrileño escondido en La Malagueta

Arquitectura

El que fuera socio de Rafael Bergamín (1891-1970) es el autor de una de las mejores torres de Málaga

Una torre a descubrir, en el paseo de la Farola.
José Luis García Gómez

25 de octubre 2008 - 05:00

Años preguntando, leyendo guías, buscando por la red y resulta que el método más sencillo, el más obvio, es el más efectivo. "¿De quién es esa torre que remata el paseo de la Farola?". Esa era mi pregunta. Un paseo por el edificio da la respuesta: una placa, ya envejecida, lleva escrita las palabras Dr. Luis Blanco-Soler. Ya está, el arquitecto de una de las construcciones más elegantes de Málaga es uno de los miembros de la escuela racionalista de Madrid, y en su día socio de un malagueño, Rafael Bergamín.

Luis Blanco-Soler (1894-1988) es un nombre que no dice mucho, pero su mano ha dejado más huella en la sociedad española de lo que muchos arquitectos más conocidos lograrán. Perteneciente a la promoción de la Escuela de Arquitectura de 1918, fue autor de la Fundación Del Amo, destruida durante la guerra y considerada como su obra maestra, y participó junto a Rafael Bergamín en la construcción de las barriadas El Viso y Residencia. En 1967 recibió el Premio Nacional de Arquitectura por el Colegio Mayor Universitario Jaime del Amo. Y siempre supo moverse bien en la buena sociedad, así que logró ser director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Cuando era joven e idealista formó parte de la vanguardia iluminada por la seminal Exposición Internacional de Artes Decorativas que se celebró en París en 1925. Un años antes, Blanco-Soler ya había publicado un artículo sobre Erich Mendelsohn en la revista Arquitectura. Era un hombre de su tiempo. Participó en el diseño de la Ciudad Universitaria de Madrid -allí construyó uno de sus mejores creaciones, hoy desaparecida-, y con Bergamín revolucionó parte de la trama urbana de Madrid.

Dejada atrás la juventud, y sin que en España cupieran ya ejercicios de vanguardia, Blanco-Soler se convirtió en un digno y reputado profesional. Pero aún daría forma a una revolución, ya que él fue el creador del libro de estilo arquitectónico de El Corte Inglés -suyos son, en Madrid, los centros de Preciados, Goya y Castellana-.

Lo que dejó escondido en Málaga, pese a estar en uno de los puntos más visibles y privilegiados de la ciudad -ningún texto recoge ni la obra ni su autor- es uno de los más bellos ejemplos de torre de viviendas que se levantaron durante el desarrollismo. Las quince plantas, más bajo, que cierran el desfile de ladrillo que es el paseo de la Farola dignifican este desastre, como también lo intenta, en la otra punta, frente a la plaza de Torrijos, la blanca torre de Antonio Lamela.

De líneas limpias, con una hábil mezcla de rectas y curvas -es bellísimo el alero de la base achaflanada-, en curioso contraste en las terrazas frente al mar, este edificio ejemplifica el inteligente uso de un (pequeño) espacio. Invisible desde la plaza de la Marina, desde donde sólo se percibe una torre simple, el retranqueo escondido en el arranque del paseo marítimo Ciudad de Melilla es otra muestra de la inteligencia de Blanco-Soler -como lo es el sobrevuelo de la azotea-.

El corte ciego de la trasera de la torre, que niega la existencia de la hilera que busca el mar, y que sólo ella disfruta, indica el solipsismo de esta construcción de lujo, con viviendas de enorme planta, y aún más impresionantes terrazas. Precisamente, ese corte un gesto de certera lectura de su ubicación. De marcada verticalidad, subrayada por la ininterrumpida horizontalidad de las terrazas, este edifico merece un mayor reconocimiento.

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