Monika Zgustova | Escritora y traductora “Véra y Vladimir Nabokov rechazarían hoy cualquier tipo de censura contra ‘Lolita”

  • La autora checa, residente en Barcelona desde los 80, participa esta semana en las jornadas que el Museo Ruso dedica a Anna Ajmátova

  • Su última novela, 'Un revólver para salir de noche', está dedicada a Véra Nabokov

La escritora y traductora Monika Zgustova (Praga, 1957). La escritora y traductora Monika Zgustova (Praga, 1957).

La escritora y traductora Monika Zgustova (Praga, 1957). / Antoni Sella

Principal referente de la traducción de la literatura checa al castellano, Monika Zgustova (Praga, 1957) ha vertido a la lengua de Cervantes a autores como Bohumil Hrabal (a quien dedicó además en 2016 la biografía Los frutos amargos del jardín de las delicias), Jaroslav Hasek (suya es la primera versión de Las aventuras del buen soldado Svejk, publicada en 2008), Milan Kundera, Václav Havel y Jaroslav Seifert, así como autores rusos del calibre de Fiódor Dostoievski, Anna Ajmátova y Marina Tsvetaeva. Residente en Barcelona desde los años 80, es además autora de novelas como La mujer silenciosa (2005), La noche de Valia (2014), Las rosas de Stalin (2016), Vestidas para un baile en la nieve (2017), La intrusa (2018) y la última, la recientemente publicada Un revólver para salir de noche (Galaxia Gutenberg, 2019), en la que recrea la figura de Véra Nabokov. Tras su reciente paso por el Festival Eñe, Zgustova regresa a Málaga esta semana para participar, el viernes 13 y el sábado 14, en las jornadas que el Museo Ruso dedica a la poeta Anna Ajmátova.

-¿Le costó construir a Véra Nabokov como personaje de su novela, o fue un procedimiento natural?

-Siempre que me pongo a escribir novelas lo hago sobre temas que me llaman, que me han escogido previamente, como si alguien me dijera: “Tienes que escribir sobre esto”. Y la verdad es que con esto ya está hecha la mitad del trabajo. Respecto a Véra, llegué a leer e investigar tanto sobre ella que logré hacerme una imagen exacta del personaje en mi cabeza, y a eso me atuve. Inevitablemente, tuve que hacerme también una imagen de Vladimir. Así que puede decirse que mientras escribía la novela me metí en la piel de los dos.

-Ya desde el título, su novela evita proyectar la figura de Véra a la sombra de Vladimir Nabokov, pero tampoco es una hagiografía de un talento invisible al uso.

-Me gusta mucho escribir sobre personajes reales pero que no sean excesivamente conocidos. Esto me permite indagar en su carácter con cierta libertad y, al mismo tiempo, me ofrece un marco flexible para abordar distintas cuestiones relativas a la existencia, desde las relaciones personales hasta el exilio. Véra Nabokov me interesaba especialmente porque representa un caso muy contradictorio: ofrece siempre una impresión de control absoluto ante cualquier situación, algo que simboliza bien el revólver al que hace mención el título; pero, al mismo tiempo, es una mujer muy insegura respecto a sí misma y sus capacidades. Lo que sí tuvo siempre muy claro es que ella no era un genio y que no tenía talento para escribir. Así que, por mucho que sin ella la vida y la obra de Vladimir Nabokov hubiesen sido bien diferentes, he respetado siempre esta premisa en mi novela. Lo que, por otra parte, no hace su vida menos interesante.

-¿Qué opinión cree que tendría Véra Nabokov de la crítica que reclama hoy día una relectura en clave feminista de Lolita, cuando no directamente su retirada del mercado editorial?

-Tanto Véra como Vladimir Nabokov rechazarían la posibilidad de cualquier tipo de censura no sólo para Lolita, sino para cualquier expresión artística. Los dos sufrieron la presión de regímenes totalitarios bajo los que los escritores no podían trabajar en libertad y se veían condenados en su mayoría a guardar sus obras en un cajón, sin poder publicarlas. Así que cualquier cosa que oliera a retirada no les haría ni pizca de gracia. Eso lo tengo claro. Por otra parte, cada vez estoy más convencida de que quienes dicen que no hay que leer Lolita, o quienes dicen que hay que leerla a través de un determinado prisma, no han leído bien la novela. Entre líneas, Nabokov se refiere a Lolita como a la víctima de un seductor que es un monstruo. Y no hay mucho que añadir a eso. Supongo que a veces la gente no tiene tiempo para leer con la atención que merece un libro como Lolita, pero no es difícil comprender que Lolita es una proyección de Vladimir. Él se representó a sí mismo en la figura de la víctima.

-Esa idea aparece de hecho en Un revólver para salir de noche. ¿La introdujo en su novela para despejar la polémica?

-Así es. Vladimir Nabovok sufrió durante su infancia los abusos de un pariente cercano. En concreto, de su tío. Cuando escribió Lolita, estaba contando esa experiencia. De alguna forma, intentaba meterse en la cabeza de su agresor, pero se identificó siempre con la víctima. Él era Lolita.

-¿En qué medida influyó el exilio, casi perpetuo, en Véra y Vladimir Nabokov, no sólo a la hora de escribir, sino de amarse y convivir?

-Ésta fue una de las cuestiones principales por las que decidí escribir Un revólver para salir de noche. En mis anteriores novelas he abordado el exilio de distintas maneras, pero en este caso no dejaba de preguntarme cómo pudieron vivir su vida Véra y Vladimir Nabokov, siendo rusos, enfrentados a los totalitarismos del siglo XX. Primero tuvieron que abandonar Rusia ante el avance de los bolcheviques, después Berlín a cuenta del ascenso nazi y más tarde París poco antes de que los mismos nazis tomaran la ciudad. Vivieron varios exilios, no siempre felices. A Vladimir, por ejemplo, no le gustaba Alemania; pero sí le apenó mucho tener que salir de EEUU. Si hubiera dependido de él, se habría quedado allí hasta su muerte.

"Quienes dicen que no hay que leer ‘Lolita’, o que hay que leerla bajo tal prisma, no han leído bien la novela"

-No en vano escribió la gran novela americana sin ser el inglés su lengua materna.

-Sí, y no fue nada fácil. Cuando llegó a EEUU junto a Véra, Vladimir Nabokov dominaba el inglés, pero no hasta el punto de poder escribir una novela en este idioma. Sin embargo, no tardó en ser consciente de que para ser reconocido como escritor allí debía escribir en inglés. Así que puso todo su empeño en aprender. Fue un reto enorme, dada además la estética tan barroca de Nabokov.

-¿Se atrevería usted, que es novelista y traductora, a valorar cuánto hay de creación propia en la traducción de otros autores?

-Traducir una novela es reescribir la que otro ha hecho antes, aunque siempre dentro de unos moldes de los que no puedes salirte. Pero sí que es una actividad creativa. Yo la comparo con los pintores renacentistas que, antes de ponerse a pintar sus obras, copiaban las de los grandes maestros. Como hacía Michelangelo con Masaccio.

-Como Nabokov, y al igual que otros escritores checos como Milan Kundera, usted también escribe en una lengua distinta a la materna. ¿Cómo es el proceso? ¿Se traduce usted a sí misma?

-Con cada libro el proceso es distinto. Algunos los escribí directamente en castellano, como Vestidas para un baile en la nieve, donde reuní testimonios de diversas mujeres víctimas del Gulag; o La intrusa, en el que abordé la figura de Gala Dalí. En el caso de Un revólver para salir de noche y otras novelas, primero las escribí en checo y después las traduje al castellano.

-¿Y son muy diferentes las dos versiones resultantes?

-Difieren bastante, sí. Cuando traducen mis novelas a otros idiomas, siempre pido que partan de la versión en castellano, sea o no la primera. Aunque a menudo hay que echar mano de las dos para encontrar la mejor traducción de algunas expresiones complicadas.

-Un revólver para salir de noche destila a veces, tal vez por su estilo depurado, un registro evocador de Bohumil Hrabal. ¿Es el autor de Trenes rigurosamente vigilados su mayor influencia?

-A Hrabal lo he traducido abundantemente. Escribí su biografía y también le traté personalmente durante bastante tiempo. Así que, inevitablemente, lo llevo dentro. Creo que en mis primeras novelas, como La mujer silenciosa, su influencia es notoria, tal vez evidente. Es cierto que después he intentado evitarla, pero me halaga, todavía, que encuentren en mis novelas rastros de las suyas.

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