espectáculos La consolidación de una propuesta distinta

Palabra dicha, teatro vivo

  • La primera edición del ciclo de poesía escénica 'El mal de Tourette' llegó a su fin el martes en el Teatro Cánovas con reivindicación en materia cultural incluida

Que algo distinto parece estar moviéndose en Málaga en materia de cultura es lo que ha venido a demostrar El mal de Tourette, el ciclo de poesía escénica que concluyó el pasado martes en el Teatro Cánovas. Los proyectos Las Flores No Lloran (de la compositora e instrumentista Paloma Peñarrubia y el técnico Azael Ferrer) y En Carne Viva (del escritor y cineasta Nacho Albert, compartido con los músicos Miguel Olmedo y Juanma Amador), que conjugaron una abrumadora escenografía hecha de luz y color con un doméstico despliegue de historias sazonadas con swing y bossa nova, pusieron el colofón a una iniciativa novedosa en el fondo y en la forma, en la que han participado poetas como María Eloy García y Manuel Vilas y músicos como Toni Zenet y Francisco Nixon y que, además, ha contado con una jugosa respuesta por parte del público. Y resulta curioso, porque, más allá de su vocación underground y presuntamente minoritaria (visto el éxito, no tanto), El mal de Tourette es, estrictamente, el único nuevo ciclo cultural que se ha puesto en marcha en Málaga durante estos años de crisis con una vocación realmente ambiciosa. Y lo es con una gestión independiente organizada por el actor malagueño Miguel Zurita y dispuesta a continuar. El mismo Zurita lo dejó el mismo martes bien claro: para este primer curso, la producción ha contado con la participación de la Consejería de Cultura a través del Teatro Cánovas. Pero si la próxima temporada este cable no se repite por problemas económicos, El mal de Tourette seguirá en otra parte.

En la sesión del mismo martes, precisamente, y como acto previo, las actrices Noelia Galdeano y Noemí Ruiz leyeron el manifiesto redactado por la nueva plataforma de artistas movilizada para exigir en Málaga una mayor atención institucional a la cultura. El mismo manifiesto denuncia, por ejemplo, que desde 1997 el PGOU de la ciudad prohibe expresamente la dedicación de espacios en el casco urbano a cafés-teatro y a otras instalaciones destinadas a la celebración de espectáculos, lo que se traduce en que "muchos de los creadores malagueños no pueden ni trabajar ni mostrar lo que hacen en su ciudad". Esta premisa creó un contexto decisivo para los proyectos presentados después: con Las Flores No Lloran, Peñarrubia y Ferrer (jovencísimos los dos) demostraron que en Málaga sí se crea arte de vanguardia y con una calidad más que solvente. Para culminar el show presentado el martes, titulado Synth-Ecstesy, ambos invirtieron más de seis meses sólo en el diseño tecnológico de la puesta en escena. Y el resultado recibió la ovación del público en pie. Similares efectos tuvo la narrativa cantada de Nacho Albert, directa, cercana, más propia precisamente de espacios pequeños pero enorme en su capacidad emocional. Y lo cierto es que, sin ofertas como la de El mal de Tourette, resultaría difícil ver en Málaga propuestas semejantes. De manera que sí, en Málaga hay artistas nada efímeros que tienen más facilidad para mostrar lo que hacen en Sevilla, Madrid o Barcelona que aquí. Sirva el paraguas de la poesía escénica para convocar futuros encuentros de este tipo y querernos un poco más en adelante.

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