Tres Málagas en el espejo

22 de febrero 2026 - 03:12

Málaga se mira a sí misma hace veinte años y se gusta. El arranque de siglo supuso el despegue de la ciudad como foco de atracción turística y cultural. En los 2000 se estrenó un alcalde con ese plan. Y ahí sigue... Se inauguró el Museo Picasso, al que siguieron muchos más. Llegó el ferrocarril de alta velocidad. Un escritor malagueño logró el prestigioso Premio Nadal con su sexta novela; ya lleva quince. Y una estrella de Hollywood abandonaba las factorías de cine norteamericanas y empezaba a volver a su tierra con una película singular sobre la premiada novela. El viernes, como preámbulo del Festival de Cine que empieza en dos semanas, se proyectó El camino de los ingleses, dirigida por Antonio Banderas, con guion de Antonio Soler y música de Antonio Meliveo. Doble efeméride; por las dos décadas de la película y la reedición de la novela.

Hay tres Málaga en la misma instantánea. El libro de Soler retrata la de la segunda mitad de los 70. Un grupo de malagueños al final de la adolescencia quiere romper el cerco de la ciudad provinciana; salir y triunfar fuera. La historia de Miguelito Dávila es la de los tres Antonios. Banderas califica su película como un poema a la fatalidad. Los sueños, frustrados en la ficción, los consiguieron ellos tres en la vida real. Soler y Meliveo, rebelándose contra el destino de emigrar para tener éxito. Y el actor y director rompiendo el maleficio a la ida y a la vuelta.

Otra Málaga es la de los 2000, con el sueño colectivo de convertirla en una gran ciudad internacional. Un logro del que la ciudad se siente bien orgullosa, vista en el espejo de la proyección del viernes. Málaga no era chovinista al estilo de Sevilla o Jerez, pero empieza a serlo, en cierto modo. La tercera Málaga es la actual. Esta meca de visitantes tiene que digerir la pérdida de identidad que supone la avalancha turística y sus secuelas. Y debe librarse de desaforados gigantes, que amenazan su puerto, en forma de torres, Neptunos, Venus o leones. Evitar el parque temático, y lo que comúnmente se llama morir de éxito, es el desafío de estos nuevos locos años 20.

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