Pepe Karmel | Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Nueva York “A veces Picasso parece ser cubista por la mañana y clasicista por la tarde”

  • El estadounidense es el comisario invitado por el Museo Picasso para ‘Diálogos con Picasso. 2020-2023’, la nueva exposición de su colección permanente, inaugurada hace unos días

El historiador del arte Pepe Karmel. El historiador del arte Pepe Karmel.

El historiador del arte Pepe Karmel. / Museo Picasso Málaga

Reconocido como una de las principales autoridades en el estudio de la obra de Picasso en EEUU, Pepe Karmel, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Nueva York, es un viejo aliado del Museo Picasso Málaga. Desde la inauguración del centro en 2003 ha participado en diversos encuentros y seminarios y hace un par de años presidió el comité científico del Congreso Internacional Picasso e Historia. En los últimos meses, Karmel ha trabajado como comisario invitado para la nueva exposición de la colección permanente del museo malagueño, Diálogos con Picasso. 2020-2023, que se inauguró hace unos días.

-El cubismo tiene un especial protagonismo en los Diálogos con Picasso, hasta el punto de reivindicar, tal vez, la condición cubista del malagueño. ¿Fue Picasso siempre cubista, incluso cuando pintaba otras cosas?

-Bueno, no se puede decir que Picasso siempre fuese un artista cubista. En ocasiones crea obras de un clasicismo evidente que constituyen la antítesis del cubismo. Sin embargo, al mismo tiempo puede decirse también, aunque parezca una contradicción, que Picasso no dejó de ser nunca un artista cubista. Hay veces en que parece ser cubista por la mañana y clasicista por la tarde. Lo que sucede en el fondo es que Picasso nunca deja de dialogar consigo mismo, o, más bien, de interrogarse. Y posiblemente ésta sea una tendencia poderosamente cubista. En cualquier caso, ése es el espíritu que ha querido recrear la exposición.

-¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de seleccionar las obras y ordenar el discurso expositivo?

-En realidad, cuando me incorporé al proyecto ya había una selección hecha por parte tanto del Museo Picasso como de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, cuyo legado conjunto en el museo contiene casi cuatrocientas obras. De estos fondos hay unas ciento veinte piezas en la exposición y, como te decía, cuando el Picasso me propuso incorporarme al proyecto como comisario ese trabajo ya estaba más o menos hecho. De entrada, encontré material suficiente para abordar ámbitos muy distintos de la creación picassiana de una manera comprensiva, haciendo que todos estos ámbitos comparecieran como una unidad. Hablamos de una actividad en un solo artista que se prolongó durante casi ochenta años, un caso ciertamente excepcional. Así que nos pusimos a ello con la implicación de todos los equipos. Y ya sólo a nivel organizativo ha sido muy enriquecedor.

-La muestra presenta también especial atención a los últimos años de Picasso, con diversas obras que realizó poco antes de su muerte. ¿Cree que para entonces Picasso logró convertirse en el artista que quería ser?

-Es difícil adivinar qué pensaba Picasso por entonces, pero está claro que su principal empeño seguía siendo la libertad. Supongo, eso sí, que en esta época final, cuando era consciente de que vivía sus últimos años, la libertad que buscaba se parecía más a la libertad con la que juegan los niños. En el fondo, eso fue lo que Picasso persiguió siempre, hacer lo que le diera la gana sin tener que atenerse a códigos y normas, crear con la misma libertad del juego infantil. Sí, se puede decir que al final Picasso logró crear arte como un niño, y eso era exactamente lo que había perseguido desde siempre.

-Una curiosidad: ¿en qué medida obedece el planteamiento de la muestra a un cierto criterio norteamericano respecto a Picasso?

-Espero, sinceramente, que mi condición de estadounidense no haya influido de ninguna manera en el resultado. No era la intención que eso se percibiera, desde luego.

-Se lo pregunto por la adopción que hicieron de Picasso, a modo de figura casi paternal, algunos de los artistas estadounidenses más importantes del siglo XX, lo que a su vez generó una interpretación de su obra que sí podríamos considerar singularmente norteamericana.

-Picasso fue muy tenido en consideración en EEUU entre 1945 y 1961, gracias sobre todo a la reivindicación que hicieron de él artistas como Pollock y De Kooning. Desde entonces, parece que la fascinación por Picasso se mantuvo siempre álgida, pero lo cierto es que en los años 60 y 70 esa atención disminuyó notablemente. Digamos que el individualismo tan rotundo del que hacía gala Picasso chocó en aquellos años con los intereses de los jóvenes artistas estadounidenses, seguramente más interesados en una concepción colectiva, más compartida de la creación artística. A partir de 1985, ya en un sentido abiertamente contemporáneo, se empezó a recuperar a Picasso y a restaurar su influencia precisamente porque ese individualismo volvía a resultar atractivo. Pero Picasso fue objeto de admiración y rechazo en EEUU, lo mismo que en Europa, y lo importante es considerar que él nunca se dejó llevar por el grado de aceptación de su obra, ni en un sentido ni en otro. Siguió haciendo lo que quiso exactamente igual.

"Queremos que la gente salga de ver la colección con la sensación de haber entendido a Picasso"

-Perdone que insista: ¿no es el protagonismo concedido al periodo cubista de Picasso consecuencia de que el cubismo fue la vertiente del artista que más impacto causó en EEUU? La influencia de Picasso en Europa sigue una mecánica distinta y, tal vez, la visión de su obra también.

-Es posible, pero al final este debate tiene más que ver con clasificaciones, distinciones y etiquetas que hoy tal vez puedan resultarnos útiles a la hora de estudiar la Historia del Arte, pero a las que desde luego Picasso no prestaba mucha atención. Justamente, la decisión de presentar los Diálogos como un encuentro significativo de todas las tendencias que cultivó Picasso responde a la intención de acercarnos más a su creación que a la catalogación de la misma. Y, con respecto a la perspectiva norteamericana, tengo que decir que cada vez que viajo a Europa percibo no poca curiosidad, cuando no preocupación, por este asunto, seguramente porque a menudo se tiende a pensar en la misma Europa que EEUU representa el futuro, la avanzadilla, tanto en lo que se refiere al arte como a otras cuestiones. Pero esto no es cierto. Algunas veces EEUU ha podido ir por delante pero otras ha ido muy por detrás. Como sucede ahora mismo, sin ir más lejos.

-Salvo algunas excepciones como las referencias al Guernica, el Picasso representado en estos Diálogos no parece muy interesado en los grandes episodios históricos de su tiempo. ¿Lo suyo es la infrahistoria?

-Yo lo vería más bien en clave simbólica. En la Era Moderna coincidieron dos maneras de representar la Historia, una más explícita y otra con un carácter más simbólico. Algunos pintores como Delacroix cultivaron ambas, pero, sí, Picasso recurrió con más al segundo modelo. Prefirió la alegoría.

-¿Qué impresión le gustaría que se llevaran los visitantes de la colección permanente del Museo Picasso Málaga?

-Por una parte, siempre es agradable pensar que quien vaya a ver la exposición disfrutará con las obras, porque sean hermosas, porque les sugieran determinadas experiencias o porque aporten incluso un posible aprendizaje. En esencia, trabajamos para eso. Pero siento un deseo mayor: muchas veces, la gente se mete a ver una exposición y termina confundida. Ve tantas cosas, recibe tanta información que claudica, se aburre y siente que no entiende nada. Nuestra intención al proponer esta exposición es justo la contraria: que la gente salga con la sensación de haber entendido a Picasso.

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