Artes Escénicas

Danza para una revolución

  • Tras estrenar este fin de semana ‘Los hijos más bellos’ junto al Ballet de Víctor Ullate en Madrid, La Phármaco volverá a Málaga el día 30 con ‘Kaspar Hauser’ en el Centro MVA

La bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas, en una representación de 'Kaspar Hauser'. La bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas, en una representación de 'Kaspar Hauser'.

La bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas, en una representación de 'Kaspar Hauser'. / Daniel Pérez / Teatro Echegaray

Resuena todavía, un mes después, la representación en el Teatro Cervantes de Una gran emoción política, el último montaje de la compañía La Phármaco en coproducción con el Centro Dramático Nacional estrenada en septiembre en Madrid. Esta aproximación en teatro y movimiento a la figura de la escritora María Teresa León ha constituido uno de los acontecimientos más felices para las artes escénicas en España en lo que llevamos de año, pero la compañía que dirigen la bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas y el escritor Abraham Gragera mantiene su ritmo de trabajo mientras su proyección internacional crece en consecuencia. Este mismo viernes, la Sala Negra de los Teatros del Canal de Madrid acogió el estreno absoluto de Los hijos más bellos, una coreografía de La Phármaco para los bailaines del Víctor Ullate Ballet integrada en una misma función (programada hasta este domingo) con Jeux Nijinski, del colectivo Kor’sia. Y el próximo día 30, Luz Arcas regresará a Málaga para representar en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia de la calle Ollerías una anterior producción de su compañía, Kaspar Hauser. El huérfano de Europa, estrenada en Madrid en marzo de 2016 y representada en el Teatro Echegaray aquel mismo año. Desde entonces, Kaspar Hauser prolonga una gira mundial que ya visitó diversos teatros en América Latina, EEUU y Europa y que también el más pasado cosechó un gran éxito en Japón. En esta ocasión, Luz Arcas bailará su solo compuesto para Kaspar Hauser, con la dirección y la dramaturgia compartida con Gragera y la música de Carlos González, dentro del ciclo Dramaturgas actuales a escena, que incluye un coloquio con el público antes de la actuación.

"Kaspar Hauser nos da la oportunidad de preguntarnos cómo se construye lo humano"

Respecto a Los hijos más bellos, La Phármaco prolonga su aproximación a la danza en un sentido sacrificial y ritual ya propuesto en Miserere y el citado espectáculo Una gran emoción política, con una revisión del folclore como barbecho común empleado esta vez para sustentar una lectura crítica de la noción de belleza a través del cuerpo en un sentido abiertamente filosófico y, más aún, antropológico. Para esta ocasión, Arcas encontró un especial motivo de inspiración en el canónico ensayo de Pascal Quignard El origen de la danza. La propia coreógrafa resume así su punto de partida, con resonancias no menos políticas, respecto a esta creación: “Toda nación adora sacrificar a sus hijos más jóvenes, los más bellos, cuando llegan a la edad de la adolescencia. Toda nación adorna esas muertes con cantos. La Madre Patria venera a las jóvenes víctimas muertas en sus monumentos, en sus esculturas, en sus arcos de triunfo. Las acompaña en las marchas militares, las honra en las fiestas nacionales, las nombra en los días feriados con danzas, cortejos y ceremonias, con fuegos militares, con desfiles solemnes”.

Un ensayo de 'Los hijos más bellos'. Un ensayo de 'Los hijos más bellos'.

Un ensayo de 'Los hijos más bellos'. / Virginia Rota

En cuanto a El huérfano de Europa, La Phármaco se sirve de la historia de Kaspar Hauser (el joven desconocido que un día de 1828 apareció en una plaza de Nuremberg, incapaz de hablar y de caminar erguido, después de haber pasado la mayor parte de sus 16 años de vida encerrado en un calabozo y en absoluto aislamiento, y del que se decía que era el hijo bastardo de algún noble europeo) para proponer una reflexión a través del cuerpo sobre la identidad, la memoria, la consideración del individuo en plena globalización y la construcción de lo humano como artificio. Tras La voz de nunca, sorprendente adaptación de Esperando a Godot de Beckett para un grupo de intérpretes, Luz Arcas concibió Kaspar Hauser como un solo por una cuestión casi orgánica. Tal y como explicó en su momento en una entrevista a Málaga Hoy, “La voz de nunca nació de una experimentación muy honda, y yo necesitaba seguir experimentando, pero sola. Quería encontrarme con el cuerpo de Kaspar Hauser, un cuerpo recién nacido, que no se sostiene; así que pasé varios meses bailando sola, inspirándome en él. A partir de aquí nació la dramaturgia con Abraham Gragera y fuimos dando forma al montaje”.

La dramaturgia de la pieza, añadía Luz Arcas, no ahonda tanto en el misterio del origen (supuestamente noble o real) del protagonista sino en los límites que el mismo propone a lo humano como experiencia definitiva: “Trabajamos con una persona, no con un personaje. Nos fijamos en su identidad, en cómo se construye un ser humano, precisamente porque Kaspar Hauser nos da la oportunidad. Un momento crucial para él fue cuando descubrió una noche estrellada; entonces, fue consciente por primera vez de que el mundo le había sido injustamente negado, y se pasó toda la vida queriendo volver a subir a la torre para ver las estrellas. La realidad le agredía, el contacto con el metal y con los animales le perturbaba. Y es esta experiencia la que quisimos recrear a través de la danza”. Para ello, Arcas decidió echar mano “de todo lo que había adquirido en mi formación, pero llevándolo mucho más allá: el kathak, el flamenco y hasta el teatro con objetos. De hecho, tengo un enorme caballo de madera conmigo en escena, porque Hauser recordaba sus juegos con un caballo de madera en su cautiverio”. De hecho, este caballo, imborrable en la retina de los espectadores de El huérfano de Europa, se ha convertido en un emblema de poderosa atracción. Aclamada por la crítica y el público, la obra regresa ahora a Málaga para mantener viva la llama con tal de que nada de lo relativo a lo humano nos sea ajeno.

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