Festival de Teatro de Málaga: continuará
Artes escénicas
El certamen cierra su primer tramo con una notable respuesta del público y reserva algunos de sus principales ases para el segundo acto, a partir del próximo 22 de abril en el Cervantes
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De que en la gestión cultural a menudo se trata de hacer de la necesidad virtud Málaga tiene un buen ejemplo en su Festival de Teatro. Hasta el año 2020, y desde hacía ya varías décadas, el certamen, uno de los más veteranos de España en su género, había venido celebrando sus respectivas ediciones entre los meses de enero y febrero como primera gran cita cultural en la ciudad de cada año. En 2021, sin embargo, los rigores propios de la pandemia del coronavirus, todavía vigentes a base de protocolos exhaustivos y horarios muy restringidos, invitaron a considerar la escisión de aquella edición en dos tramos para facilitar tanto el margen de contratación como la actividad de las compañías. Finalmente, aquella medida vino para quedarse: el Festival de Teatro de Málaga ha seguido celebrando sus ediciones desde entonces en dos tandas, con una mayor concentración de la programación en enero y una segunda trasladada a los meses de abril y mayo. La razón es elocuente por sí sola: la respuesta del público ha sido considerablemente más entusiasta una vez aplicada la escisión que cuando se servía el cartel en un solo envite, lo que, por otra parte, permitirá reflexionar sobre la idoneidad de distribuir la programación escénica en los teatros municipales con una frecuencia más dosificada a lo largo de todo el año (cuestión que, de momento, la saturación a la que sigue sometida el espacio escénico obliga a mantener relegada). De este modo, las funciones de Une histoire vraie de la compañía portuguesa Teatro de Santo André y de Mejor no decirlo con Imanol Arias y María Barranco, celebradas este sábado 31 respectivamente en los Teatros Echegaray y Cervantes, han puesto fin al primer acto de la 43 edición del Festival de Teatro de Málaga (todavía quedan, eso sí, algunas funciones del espectáculo Hambre (de Quijote), de la Compañía La Líquida, en el Hotel AC Málaga Palacio, dentro de la sección Off de la programación). Pero lo mejor que se puede decir al respecto es: continuará.
Y lo hará del 22 de abril al 30 de mayo con otros siete espectáculos que se representarán en su totalidad en el Teatro Cervantes. Como suele, el festival ha reservado para este segundo tramo algunos de los reclamos más interesantes de su presente edición, con algunos referentes esenciales de la escena contemporánea nacional. Así, el 22 de abril, Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde protagonizarán la última obra de Alberto Conejero, Tres noches en Ítaca, nueva aproximación al mundo clásico del autor con la dirección de María Goiricelaya; el 25 de abril llegará el turno de Constelaciones, producción de la exitosa obra de Nick Payne con versión y dirección de Sergio Peris-Mencheta; de Florian Zeller, el autor de El padre, podrá verse el 27 y 28 de abril La verdad, con Joaquín Reyes, Natalie Pinot, Raúl Jiménez y Alicia Rubio dirigidos por Juan Carlos Fisher; el recientemente estrenado montaje de La ópera de los tres centavos de Bertolt Brecht, con un reparto liderado por Coque Malla y la dirección de Mario Vega, llegará al Cervantes el 29 de abril; Filosofía mundana es la nueva aproximación del filósofo Javier Gomá a la escena, esta vez con una síntesis de su propio pensamiento servida en la interpretación de Laura Pamplona, Jorge Calvo, Marta Larralde, Pepe Ocio y Covadonga Villamil y la dirección de Luís Luque, y que podrá verse el 4 de mayo; en Gigante, de Mark Rosenblatt, todo un grande de la escena, Josep Maria Pou, interpreta al escritor Roald Dahl en un drama dirigido por Josep Maria Mestres que hará las delicias de los aficionados a los dilemas morales con enjundia el 26 de mayo; y, para terminar, Carolina Yuste y Eneko Sagardoy interpretarán Fronteras, la obra de Henry Naylor, a las órdenes de Andrés Lima el 30 de mayo. Digamos que solo este segundo tramo bastaría para justificar un festival de teatro de altura.
Respecto al primer tramo, que abrió la nueva producción de El retablo de las maravillas de Joglars con la participación del mismo Teatro Cervantes, y a falta de los recuentos oficiales, la mejor noticia ha vuelto a ser la buena acogida por parte del público, con una ocupación que ha llenado la mayor parte de las funciones tanto en el Cervantes como en el Echegaray (donde, por cierto, ha vuelto a tener su escaparate la escena local con gran éxito). Siguen echándose de menos más estrenos, una cuestión en que precisamente producciones propias como la de El retablo de las maravillas pueden entrañar una solución razonable con vistas a las próximas ediciones. Pero, de cualquier forma, Málaga ha vuelto a demostrar que cuenta con un público tan generoso como exigente para las artes escénicas. Ahora, habrá que ganárselo.
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