Político en cien días

El Abandono escolar

A los indicadores les pasa como a las pruebas, que deben dirigirse a confirmar el diagnóstico sospechado

Pues sí, doña Rosita. Puede que tenga razón. Puede que los indicadores del OMAU no dejen de ser un ejercicio de coleccionismo propio de las ofertas televisivas del final de vacaciones de verano. Puede que toda su utilidad sea que un día de estos desayunemos con el anuncio "colecciona los 100 indicadores más sobresalientes de la Agenda 21 de Málaga en una lujosa edición encuadernada en piel". Aunque usted ya sabe que yo los veo más como una colección de cromos de fútbol, dada la tendencia de algunos a aparecer y desaparecer según el año. Pero, en cualquier caso, coincidirá conmigo en que a los indicadores les pasa como a las pruebas médicas, que deben dirigirse a confirmar o rechazar el diagnóstico sospechado. Por eso entenderá que no cupiera en mi cabeza humana que lo primero que me hicieran en las Urgencias de la clínica concertada del SAS en Massachusetts cuando entre con un ojo a la virulé, fruto de un pelotazo de squash, fuese tomarme la temperatura. Usted que, entra las muchas materias en las que está versada siempre prestó atención especial a la sociología, es conocedora de que un indicador es una característica específica, observable y medible, que se usa para mostrar los progresos que hace un programa en el logro de un resultado específico.

Ergo, si coleccionamos indicadores es porque o tenemos un hueco en la biblioteca o nos hemos impuesto una meta, desarrollado un programa para alcanzarla y pretendemos medir nuestros avances. Y ahí es donde no entiendo la relación entre la dificultad para acceder a una vivienda y la tasa de abandono escolar en Málaga. Porque si este es el motivo, la comunidad donde sería más difícil comprarse una casa sería Castilla-La Mancha, cuya tasa de población universitaria es la segunda por la cola en España; y en lugar de hacer más viviendas, que al final compre cualquier listo de Madrid que se quede aquí después de una despedida de solteros, tendríamos que hacer centros de formación. Y es que yo ya empecé a sospechar de la ciencia estadística cuando mis estudios superiores de pignoración me llevaron a leer una curiosa tesis sobre la relación que existe entre los touchdowns de la liga de futbol americana y la formación de huracanes en el Caribe, que demostraba la increíble capacidad de dicha ciencia para relacionar datos aparentemente inconexos. Y si no me cree, pregúntele a Panfilito, que de estadística sabe la tira.

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