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enrique garcía-máiquez

Anacleto, 007

Sorprende un tanto hasta qué extremos se le ha pasado a Sánchez el insomnio y el miedo que le producía Iglesias

Los extremos se tocan y Pablo Iglesias ha apetecido especialmente el control de la televisión pública y de los servicios secretos. Lo más expuesto y lo más escondido (y en medio, lo demás). Contra todo pronóstico y toda promesa de Pedro, lo ha conseguido y ha sentado un puñado de consejeros de Podemos en la dirección de la televisión y se ha colado en la sala de control del CNI.

Lo más urgente en estos casos, para que no cunda el pánico, es recordar la fama de poco efectivos que acompaña a los servicios de inteligencia en general y a los nuestros en particular. Ya se sabe que pasarse de listo equivale a ser un tonto redondeado, para regocijo y salvaguarda de las almas simples. Hay muchas historias de agentes dobles que se ponen la zancadilla a sí mismos, de complicados complots que se esfuman en el aire y de idas y venidas en círculos vacíos. Los espías han sido, por tanto, un filón inagotable de historietas. Aquí tuvimos a Anacleto, agente secreto, del que vamos a asistir a una continuación: Coleta, jefe de la secreta.

Sin embargo, la realidad, desagradable, asoma. La entrada de don Pablo Iglesias en el CNI reviste una triple gravedad que no se salta ni el mismísimo Anacleto.

En primer lugar, pondrá en guardia a los servicios secretos de nuestros aliados, que temerán fugas de información a destinos (Irán, Venezuela) con los que Iglesias ha mantenido lazos contantes y sonantes. Que la información fluya en un clima de máxima confianza mutua es esencial para que los servicios de inteligencia sean operativos. Bromas aparte, su denodada lucha por nuestra seguridad depende en buena medida de ello.

En segundo lugar, este hecho nos demuestra hasta que punto Pedro el Insomne, el que no podría dormir con Iglesias en el Gobierno, se ha convertido de la noche a la mañana en el Dormilón. Hasta hace poco algunos alababan a Sánchez la jugada redonda de haber dado a Iglesias unas carteras vacías, como de juguete. Ahora no le reirán la gracia, ¿no? Lo ha colocado en uno de los lugares más sensibles de nuestro Estado.

Por último, esto preocupa porque demuestra la férrea voluntad de poder absoluto de Iglesias, que está siguiendo el manual chavista de infiltrarse en los puntos neurálgicos de la estructura del sistema. Si invoco el espíritu de Anacleto, no es porque ignore el peligro que nos ronda, sino porque estoy convencido de que la risa es, en verdad, una poderosa arma secreta.

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