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Alfonso Alonso asistió ayer al homenaje a Fernando Buesa y Jorge Díaz, el dirigente socialista vasco asesinado por ETA y el escolta que lo acompañaba. En el acto estuvieron representados todos los partidos, incluido Bildu, que envió a su candidata a lehendakari, Madalen Iriarte. Bildu no sólo es el heredero de Batasuna, también hay quien proviene de la izquierda abertzale que intentó el final de ETA desde mediados de los años 90. Fue en el acto de Buesa pero pudo haber sido en el de Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez u otros tantos concejales del PP vasco. Quienes contemplamos esto desde fuera deberíamos, al menos, dejarnos conducir por un sentido de la prudencia. La portavoz del PP en la Cámara, Cayetana Álvarez de Toledo, ha llegado a pedir perdón en Cataluña por lo que, según ella, fueron los devaneos catalanistas de su partido en Cataluña y la tibieza de los suyos vascos en algunos momentos. Sin considerar esta actitud -soberbia, adanista y equivocada-, no se comprenderá el monumental enfado de Alfonso Alonso con la dirección del PP de la sede de Génova. Las giras de Álvarez de Toledo al País Vasco dejaron heridas entre quienes ya llevan muchas, incluidas las de la muerte. El PP vasco es pequeño, pero pesa bastante, a Casado no se le ha abierto una crisis cualquiera, sino casi un drama familiar.

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