Corto de calendario febrero estira días de luz. Como los currantes las nóminas. Sábado de mercadillo, Huelin bulle con la alegría del billete de recebo en la cartera y el gozo de consumir. Saludo al pastor de una iglesia pentecostal, un hombre afable, bajito y muy pulcro que me explica los fundamentos de su culto. Tiene el don de la palabra, el aspecto grave propio de su ministerio. Apenas me entero de lo que me cuenta porque estoy más atento a la firmeza de sus ademanes, el brillo en los ojos, la iluminación del que duerme a conciencia suelta. Una pareja de policías locales a paso de trono recorre las traficadas calles del mercadillo, ese centro comercial tinglado en el que cada fin de semana se suman las gentes más diversas para economizar. Un mosaico con emigrantes de chándal nuevo y neotiesos en fachaleco de marca. Puro Babel. Es curioso que al mercadillo parece que todo el mundo acude en binomio de regateo ya sea acompañado de persona o perrete. Abundan las viudas acolchadas. Otra pareja de chaveas anda repartiendo gratis unas revistas bastante apañadas. Dieciséis páginas en couche brillo a todo color del Centro de Ayuda Cristiano. Edición 14, enero de 2023. Desde la portada el folleto sermonea ¿Qué deseas? ¿Un año nuevo o una vida nueva? "Conoce cómo conquistar la vida diferente que tanto deseas para 2023, priorizando lo que realmente hace la diferencia". De paso invitan a participar en el culto del domingo. Frente al catolicismo, al margen de otras disquisiciones teológicas, la diferencia de este cristianismo está en los testimonios y muy mercadotécnicas formas.

Zapeando al vuelo en la televisión gratuita caigo en la sintonía de Lázaro tv, un canal que engancha, en ocasiones más entretenido que las semifinales de los carnavales. Son conciertos de rockeros cristianos y videoclips bastante bien realizados. Suenan muy bien. Es una especie de MTV cristiana. Hay que rebobinar bastante en la memoria para recordar aquél fenómeno que en los setenta se llamaba "Misa ye-yé" con baterías y guitarras eléctricas a un costado del altar. Cada día hay más jóvenes que se están volcando en la religión porque necesitan esperanza. En estas horas de tanto avance tecnológico, guerras, pánicos atómicos, desconfianza en el futuro y catástrofes naturales presentes como el terremoto de Turquía, necesitamos estirar la fe, la que sea, hasta el más allá. Espiritualidad le dicen.

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