Mar de fondo

Decidir

La cosa es así, y siempre lo ha sido. Los turistas son un riesgo para la salud, pero traen dinero

La nueva realidad va a tener miga. El viernes pasado, la Junta lanzaba una exitosa campaña para promocionar el turismo en Andalucía, y el domingo pedía al Gobierno que paralizase la Operación Paso del Estrecho, por motivos de seguridad. Se movilizan para atraer a los turistas a Andalucía, y a la vez se movilizan para que los magrebíes no pasen por Andalucía. Pero no conviene hacer juicios precipitados, porque este asunto, como todo en la vida, gira alrededor de pequeños detalles. Como decía Groucho, "la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna". Y precisamente un pequeño yate es lo que puede marcar aquí la diferencia. Si llegas en coche a las costas andaluzas no faltará quien te llame "moro", pero si llegas en tu pequeño yate todos te llamarán "árabe". La cosa es así, y siempre lo ha sido. Los turistas son un riesgo para la salud, pero traen dinero. Los magrebíes son un riesgo para la salud, pero no traen dinero. Esa es la pequeña diferencia. La Junta sabe que el turismo supone un riesgo sanitario, pero está dispuesta a asumirlo para evitar la ruina del sector. El Paso del Estrecho, en cambio, es un riesgo que se asumiría solo por principios.

Asumir un riesgo por dinero o asumir un riesgo por principios, y por qué principios. Son cuestiones difíciles, y la Junta no es la primera que se enfrenta a ellas. En marzo, el Gobierno tuvo que elegir entre permitir y no permitir el 8M, y entre parar y no parar el país. Y en mayo la gente tuvo que elegir entre salir o no salir a protestar contra el Gobierno. Y este domingo la gente tuvo que elegir entre salir o no salir a protestar contra el racismo. Lo jodido de esta nueva realidad es que nos enfrenta a decisiones difíciles y muy críticas, tanto como para determinar lo que seamos en el futuro. Para determinar qué principios tendremos y qué valor le daremos. Eso que llamamos nueva realidad no será más que la consecuencia de las decisiones que tomemos en la vieja realidad, es decir, ahora mismo. Y que no debemos centrar tanto en si son buenas o malas decisiones, sino en entender que en el futuro esto será lo que esté bien o mal hacer, no solo a los que cruzan por el Estrecho. La cuestión ya no es si esto es lo correcto, la cuestión es si queremos que esto sea lo correcto. Aunque le pongamos otro nombre.

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