Después de todos los análisis, comentarios y opiniones sobre lo ocurrido en Murcia y Madrid, sabemos todo sobre los efectos pero poco de las causas: si habían suficientes razones para el voto de censura en la primera y para convocar elecciones en la segunda. Cierto que hay un amplio grado de discrecionalidad para recurrir a medidas tan drásticas, pero no se trata tanto de legalidad como de responsabilidad política. El Constitucionalista Rafael Bustos decía en un artículo que: "las formas utilizadas son deplorables ya que nadie, en dichos procesos, parece haber explicado de verdad las razones de sus actos". Efectivamente, no sólo no se ha hecho, sino que, después de todo lo dicho y escrito al respecto, a nadie parece preocuparle lo más mínimo. No es un asunto menor saber si son ciertas o falsas las acusaciones de corrupción y de mal gobierno que alegan los autores de la moción de censura. Preocupan otras cosas bien distintas: para los políticos y la prensa conservadora todo es una oscura operación maquinada desde la Moncloa para desestabilizar la comunidad murciana. Me parece una interpretación tan sectaria como descabellada, no sé qué razones puedan mover al gobierno de la nación a hacer tales cosas. No se me ocurre más intervención de Pedro Sánchez que la de autorizar, como Secretario General del PSOE, la iniciativa de los socialistas murcianos. Algo que es preceptivo en cualquier partido; aunque no sé si su doble responsabilidad le dejó el tiempo suficiente para evaluar debidamente los riesgos de la decisión. Claro que todo se podría haber evitado si los tránsfugas de Murcia se hubiesen negado a firmar la moción por las mismas razones "éticas" con las que ahora pretenden justificar lo injustificable.

Sobre Madrid: no es lo mismo poner el voto de censura tras el anuncio de disolución del parlamento, que disolver la cámara tras poner un voto de censura. Pero, por eso mismo, resulta paradójico que la señora Díaz Ayuso alegue, precisamente, como justificación de la convocatoria impedir un posible voto de censura. Lo responsable hubiese sido, en plena pandemia, haberse preocupado de mantener la unidad de su ejecutivo, en lugar de ir a una convocatoria electoral con una pretensión, tan ajena a los problemas de los madrileños, como la de reconfigurar la derecha española. Ahora, la inmoral y bochornosa solución del conflicto de Murcia es el modelo que el PP quiere trasladar a Madrid y a toda España.

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