Sin maldad

Gatos y ratones

Estamos sin duda en una apasionante discusión sobre el color del pelaje de los gatos

Fue Felipe González quien popularizó en nuestro país el proverbio chino de "gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones". Trató así de expresar el necesario pragmatismo que exige la actividad política que, además de defender y practicar los grandes principios, necesita de una importante dosis de efectividad y realismo para hacer del ejercicio público una labor útil para la ciudadanía. Este principio que parece básico para enfocar la gestión de gobierno no libró al expresidente de ácidas críticas por parte de aquellos que en cualquier gestión o acuerdo están dispuestos a denunciar el abandono de las esencias ideológicas.

En la actualidad las tornas han cambiado y se ha pasado a tener una enorme preocupación por el color del pelaje de los gatos sin prestar mucha atención al futuro de los ratones. Los primeros compases para la negociación de los presupuestos son una evidente muestra de ello. Antes de entrar en una discusión sobre el contenido de la propuesta gubernamental, que, por cierto, todavía no se conoce, la polémica se está centrando en determinar quiénes deben ser los grupos políticos que tiene que prestar su apoyo a las cuentas de Estado y cuáles de ninguna manera deben de votar a favor. Por ahora, poco importa el contenido de los presupuestos, ni los mecanismos sobre gasto y recaudación ni la ampliación o disminución del déficit público: estos temas que hasta ahora siempre había sido el elemento nuclear de esta ley, ha pasado a un segundo plano y lo que se busca por determinados grupos políticos es el carácter progresista o moderado de la propuesta sin que hasta el momento nadie haya dicho en qué punto está la exacta medida de esa identificación ideológica. Crean cierto desconcierto estas negociaciones a varias bandas para recabar el apoyo presupuestario sin que se sepa ninguna oferta o contraoferta para intentar conseguirlo. Estamos en la batalla de las apariencias en la que, más allá del contenido, lo que preocupa es lo que el apoyo de determinadas fuerzas políticas puedan significar. Por lo visto, el elemento crucial del debate es conseguir tanto que goce de determinados apoyos políticos, como de que coseche el voto en contra de otros grupos porque, al parecer esa, y no su contenido, será la prueba del nueve de la bondad o maldad de los presupuestos. Estamos sin duda en una apasionante discusión sobre el color del pelaje de los gatos pero, sinceramente, creo que ya es hora de que empecemos a preocuparnos por cazar ratones.

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