En tránsito

Iglesia de la Independología

Hay momentos del juicio del Supremo en que la cámara parece colarse en la cabina de 'Gran Hermano'

Como todo el mundo, de vez en cuando veo el juicio del Supremo. Si no fuera por el juez Marchena -ejemplar en la conducción del juicio-, hay momentos en que uno no sabe si la cámara se ha colado en la cabina de GranHermano cuando los concursantes empiezan a hablar con el Súper. "Mira, Súper, voy a nominar a Ylenia porque el otro día habló mal de Ajram en la cama y dijo que le olía el aliento, fíjate tú quién fue a hablar, es que… en fin, mejor me callo… Ah, sí, oye, que desde aquí quiero decirle a mi madre y a toda España que me acuerdo mucho de ella".

Y eso que hay otros momentos en que todo parece uno de esos programas de Cuarto Milenio en los que se analiza un avistamiento de ovnis en un pueblo perdido de la provincia de Soria. Veamos, por ejemplo, la organización del referéndum del 1-O. ¿Quién puso las urnas en los colegios electorales? ¿De dónde salieron? ¿Quién las compró? ¿Quién las transportó? Nadie lo sabe. Nadie dio las órdenes. Nadie tomó las medidas adecuadas. Ni siquiera el ministro Zoido -cuando testificó- supo quién había ordenado desplegar a los policías. Todo fue un misterio insoluble. Pero las urnas aparecieron en los colegios igual que un día de 1971, sobre un lentisco del Palmar de Troya, se apareció la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, hecho que dio origen a la Iglesia Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz. Y ya que hablamos del Palmar de Troya, no estaría de más recordar que la independencia catalana, por lo que se ha visto en el Supremo, también se apareció en el Parlament de Catalunya como si fuera una temblorosa Santa Faz levitando sobre un lentisco. Nadie la convocó ni la buscó ni hizo nada para que ocurriera, pero allí estaba ella, trémula, incorpórea, refulgente. A lo mejor, quién sabe, hasta fue un milagro. De hecho, ya ha habido una conversión entre los acusados, así que no podemos descartar que alguno de ellos acabe algún día de obispo -o incluso de Papa- de la Santa Iglesia Palmariana de la Ciencia de la Independología.

Aunque, la verdad, quien se está ganando el cielo es el juez Marchena, tan ecuánime, tan atento, intentando cada día con su sintaxis impecable y con sus frases subordinadas y con su léxico meticuloso que un puñado de lunáticos le cuenten lo que pasó el día que un ovni -o algo que parecía un ovni- se coló de repente en el Parlament. Y se fue. Y no hubo nada.

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