En tránsito

Issou

Si el Risitas hubiera sabido 'monetarizar' su éxito podría haber vivido con una pasable dignidad

Tras la muerte de Juan Joya Borja, el Risitas de Jesús Quintero, nos hemos enterado de que se había convertido en eso que la Wikipedia denominaba un "fenómeno de internet". En Francia se le conocía como Issou (la adaptación francesa de su grito de guerra canónico, "Jesuuuhh"), mientras que en Inglaterra y EEUU se le conocía como Giggles, The Spanish Laughing Guy, The Risitas y otras cosas parecidas. El nuevo fenómeno aparecía en memes virales contra la publicidad de Apple, en vídeos que criticaban el funcionamiento de los autobuses de Ottawa, en parodias de videojuegos como Call of Duty o Grand Theft Auto, o en una sátira del presidente egipcio El-Sisi creada por los Hermanos Musulmanes (este vídeo llegó a tener 800.000 visitas). El Risitas también salía en parodias de combates de lucha libre en Las Vegas o en burlas hilarantes contra tarjetas gráficas que no funcionaban. Una periodista del The Guardian llegó a definir la risa del Risitas como "el chillido de un delfín que se fumara un paquete de tabaco al día". En Francia, Issou se hizo tan famoso que la alcaldesa del pueblo real de Issou -que existe- tuvo que suplicar a los fans del Risitas que dejaran de bombardear la localización del pueblo en Google Maps con memes y parodias.

Y mientras tanto, el dueño de esa risa que sonaba como el chillido de un delfín adicto al tabaco, la criatura real que se había convertido en una réplica humana de un municipio real (Issou), el hombre que había dado origen a ese monstruo viral ahora conocido como The Laughing Man o Giggles, tenía que vivir acogido en la residencia de una hermandad de Sevilla, y cuando hace poco le tuvieron que amputar un pie, sus admiradores franceses le compraron un Scooter eléctrico porque el Risitas no tenía otra forma de moverse. Si el Risitas real hubiera sabido monetarizar su éxito, como hacen los youtubers famosos que se largan a Andorra, Juan Joya podría haber vivido sus últimos años con una pasable dignidad gracias a los derechos de sus vídeos. Pero ese capitalismo postindustrial que se alimenta como un vampiro de nuestros espectros y nuestros dobles y nuestras proyecciones fantasmáticas, pero que apenas deja dinero a quienes prestan su sangre y su imagen y su cuerpo, no ha querido sacar de la pobreza al hombre que fue Issou y The Laughing Man. Descanse en paz, Juan Joya. Descanse en paz.

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