Políticas de mesura

12 de agosto 2023 - 00:45

Mientras este país contempla el juego político sobre quién gobernará y si ello será posible, casi nadie se detiene en las políticas y en hacia qué modelo de país caminaremos. Probablemente, una de las causas sea la turbopolítica, ese fenómeno de aceleración del tempo político que produce una concatenación del tiempo político observable en acontecimientos excepcionales, que se sitúan fueran de la vida ordinaria de nuestro sistema político. La política está cada día más condicionada por la lógica mediática. La democracia digital además impone a la política una sensación de urgencia. Todo ello hace que los políticos deban estar disponibles a una especie de ‘Todo a la vez en todas partes’ ante los medios. Ante este hecho, el funcionamiento institucional y los procedimientos de la democracia, muchas veces, parecen secundarios.

Las elecciones del 23-J no han hablado casi nada del buen gobierno que proponían los candidatos. Nuñez Feijóo no ha demostrado ser hasta ahora un líder reformista, con propuestas de cambio –al principio, habló de bajar los impuestos-, por el contrario, se ha centrado más en apoyarse en las victorias electorales del PP más recientes –municipales y autonómicas-, las predicciones demoscópicas de una victoria amplia del PP que podría gobernar en coalición y en un discurso basado en la derogación del antisanchismo. Más allá de los programas, su pacto con Vox en ayuntamientos y Comunidades Autónomas, tanto en el reparto de cargos como en las primeras medidas desdibujan al PP y más que configurar un nuevo proyecto político de país, nos anticipan los primeros cambios de unas incipientes políticas reactivas a las políticas anteriores en materias de cultura, igualdad, violencia de género, educación, derechos LGTBI y medioambiente. De modo, lo que para muchos constituyen ‘retrocesos’ de avances progresistas para otros son los primeros síntomas de esta derogación del sanchismo. Paradójicamente, esto junto a la crisis de Vox, que ha ocurrido esta semana limita la capacidad de negociación y los posibles socios para obtener la investidura por parte del PP en la investidura.

Al otro lado, Sanchez en la campaña exhibió algún momento de rendición de cuentas pro enseguida abandonó el discurso del buen gobierno y de la continuidad del proyecto de país. Sin embargo, su derrota en el primer debate cara a cara le hizo ser menos propositivo y centrar la campaña en una crítica en otros aspectos de su rival. Ahora, el PSOE está centrando estos días su estrategia, eliminada cualquier posibilidad de diálogo con el PP, en la negociación con los partidos nacionalistas, siendo la incógnita Junts la de sí permitirá hacer posible la aritmética de la investidura. En medio, antes y durante, todo es laborioso y discreto: desde el acuerdo de la mesa del Congreso, no digamos todo lo demás. La definición territorial del Estado y la relación con los partidos nacionalistas será clave en las negociaciones.

Ante este panorama, recordé a Rafael Del Águila, uno de nuestros más importantes teóricos políticos - que este diez de agosto hubiera cumplido setenta años. Se nos fue hace ya casi quince-, que ante el peligro de los grandes ideales políticos recomendaba lo que él denominaba unas “políticas de la mesura”, es decir, políticas que se basan en que “el esfuerzo cívico de juicio y la deliberación es nuestra única alternativa”. Políticas en las que “Importan lo pequeño, las reformas, los cambios (…) la solución de los problemas reales, no los grandes proyectos globales de perfección absoluta”. En una palabra, “políticas de mesura” son políticas que pretenden “la consecución de un mundo si no, completamente justo, al menos, decente”.

stats