luces y sombras

Antonio Méndez

Robin Hood y los 40 ladrones

NO ha montado despacho Griñán en Málaga, pero la ha visitado con suficiente asiduidad en los últimos meses como para impregnarse y hacer suya la peligrosa teoría que domina el PSOE malagueño y que también habita entre muchos dirigentes del PP. No es lo mismo infringir la ley para asaltar las arcas públicas que simplemente incumplirla.

Así cabe la posibilidad de mostrar comprensión y quién sabe si justificar la actitud de decenas de alcaldes y concejales que pueden acabar condenados por delincuentes. El diccionario español es taxativo al definir en qué se convierte una persona al ser castigada por la Justicia por la comisión de un delito. Y no hace excepciones porque la ignorancia o el incumplimiento de una norma sirva al loable propósito de un beneficio ajeno. El Código Penal es el que tipifica la gravedad de las infracciones e impone las penas. Desde la política no puede defenderse que su ejercicio sea compatible con cierto grado de delincuencia.

Aunque convirtamos a la Axarquía en el bosque de Sherwood y a sus concejales en modernos Robin Hood que mantienen a raya con sus flechas administrativas a los agentes del Seprona, que intentan invadir el territorio no urbanizable camuflado con viviendas. Y mientras entablan esa lucha contra la LOUA impostora, reúnen avales para pagar la liberación de Ricardo Corazón de Ladrillo. Papel que por sus declaraciones de ayer no está muy seguro de interpretar el presidente andaluz que lacónicamente respondió: "La ley es la ley", ante el clamor para modificarla y que puedan así regularizarse las construcciones bajo sospecha.

Y si algún arquero ocultó el rescate en el colchón o en bolsas de plástico o equivocó su ruta y se perdió por un paraíso fiscal mientras buscaba al rey, cambiamos de cuento y lo ponemos con los 40 ladrones.

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