Sobredosis de política

21 de diciembre 2013 - 01:00

LA cuestión catalana suscita los más diversos comentarios y reflexiones. Con frecuencia se oye decir, conforme se eleva el tono de la bronca y el problema crece, que ha llegado la hora de la política. Y yo que creía que es precisamente la política lo que nos ha llevado hasta donde estamos, una sobredosis de ella. Lo que es no entender. La política es el arte de lo posible, invocan. Desde luego, siempre y cuando creamos que la obligación moral del político es favorecer la convivencia y no dividir y enfrentar a la ciudadanía.

Dentro y fuera de Cataluña muchos creen necesario que los ciudadanos se pronuncien en un referéndum para cuantificar el apoyo a la secesión. Claro que la regla de la mayoría es un elemento básico de la democracia. Pero no es el único, lo que verdaderamente la define es el imperio de la Ley. Interpreto que quienes reclaman, con las mejores intenciones, la vuelta a la política, están pidiendo que el gobierno de la Generalitat y el de la nación dialoguen. No estoy de acuerdo con nada de lo que hace el Ejecutivo de Rajoy, pero me parece que en este asunto, en el que es tan fácil excitar un nacionalismo ante la exacerbación de su contrario, el gobierno y los dos grandes partidos nacionales están actuando con prudencia. El primer mandato de cualquier gobierno es cumplir y hacer cumplir la Constitución. Algo exigido, como no podía ser menos, para el acceso a cualquier cargo público o escaño parlamentario en todo el territorio español, incluida Cataluña. Hasta los que no están de acuerdo con ella, como el diputado por Málaga Alberto Garzón, lo hacen con el añadido de por imperativo legal. Si lo incumplen deberían renunciar al cargo o el escaño.

Ante el argumento de que sobre la independencia de Cataluña deberían ser consultados todos los españoles, uno de los más destacados dirigentes políticos catalanes, Oriol Junqueras, afirmaba que éstos tienen el mismo derecho a opinar sobre el futuro de Cataluña que los neozelandeses. Una cosa es no estar de acuerdo con la Constitución y otra ignorar su existencia. El diálogo y la búsqueda de consensos forman parte esencial de la democracia, pera siempre desde el respeto a las reglas del juego. Recuerdo un debate en el Parlamento andaluz en el que, el entonces presidente, Rodríguez de la Borbolla sostenía que ser un gobernante demócrata consistía en hablar mucho con mucha gente, a lo que el portavoz de IU, Julio Anguita, le objetó que no confundiese ser demócrata con ser campechano.

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