Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Y si a China le da por responder?
Lo ha contado más de una vez Juancho Armas Marcelo: cuando fueron a detener a Francisco de Miranda, protolíder de la emancipación de la América española, éste exclamó: “¡Bochinche, bochinche! ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche!” (bochinche, en español venezolano, significa caos). El “generalísimo” caraqueño demostraba así su desesperación ante la tendencia de sus compatriotas al desorden y la conspiración. No defiendo ningún fatalismo histórico o antropológico vinculado a la nación o a la genética. España es ejemplo de que un país es capaz de lo mejor o de lo peor según las circunstancias y, sobre todo, de la calidad de su clase dirigente. Pero nunca hay que olvidar que el chavismo es el resultado del estado de corrupción e injusticia social en el que se sumió Venezuela durante épocas consideradas como democráticas. En cierta ocasión, un profesor de Historia de América de la Hispalense me contó cuando le tocó acompañar a Carlos Andrés Pérez, ya como ex presidente, a unos cursos de verano en La Rábida. Lo primero que hizo el dignatario al llegar al hotel fue pedir, sin ningún tipo de recato, una prostituta. Puede parecer una tontería, pero a ese nivel de desahogo solo se llega cuando se ha ejercido el poder con mentalidad de dueño del cortijo. Por cierto, el docente hizo la maleta y tomó la A-92 con dirección a Sevilla.
El chavismo, que se acogió a la vieja idea del caudillo redentor (con raíz más bonapartista que española, en contra de lo que se suele decir), no consiguió solucionar ni la delincuencia administrativa ni la pobreza heredadas, más bien las aumentó y extendió. Eso sí, dotó a las clases más depauperadas de toda una retórica del resentimiento y las convirtió en sus milicias pretorianas. A los países hispanos parece que nos cuesta comprender que la clave de la democracia no está en las personas, sino en las instituciones usadas como contrapesos. Decir que el bolivarismo es similar al sanchismo es una exageración, pero es cierto que se encienden algunas alarmas rojas cuando vemos el uso sectario que el actual Ejecutivo hace de estas instituciones, ningunea de forma ostensible al Parlamento y al Senado o arremete contra la prensa crítica. Si la salvación de la civilización europea (ya no se puede hablar de Occidente, ha muerto por la pinza wokismo-trumpismo) pasa por figuras como Pedro Sánchez es mejor que vayamos buscando refugio en alguna playa solitaria.
Venezuela sigue instalada en el desorden que denunció Miranda. A día de hoy no se sabe muy bien quién manda allí, pero todo indica que hay una alianza contra natura entre el chavismo y el trumpismo, un hircocervo político que no sabemos cómo evolucionará. Bochinche, bochinche.
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