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pasado, presente, futuro

Simón Cano Le Tiec / Cultura@malagahoy.es

Las dos caras de la pandemia

GRAN parte de la obra de Steven Soderbergh va destinada al ensayo de la caída del ser humano en el olvido. Fulmina sus alegrías hasta desmoronarlo por completo, y así, pervertir su conciencia. Traffic infundía este tétrico canon que despertaba la pérdida de la razón; destruía a sus personajes comenzando por su identidad.

Empleando un característico uso del fotograma entrecortado, la cinta desprendía un cauteloso y frío ambiente entre sus diálogos, sólo sus conclusiones reflejaban una ligera muestra de afecto, que culminaban una obra dirigida con agilidad y perspicacia. Como un símbolo más que representativo del narcotráfico, se alejaba de la convencional narrativa lineal que imponían obras como French Connection o El precio del poder, aunque retomaban algunas de sus pautas. El filme de William Friedkin consumía un argumento ameno como una contundente crítica a la reacción de la policía norteamericana a la red del narcotráfico establecido entre Francia y EEUU, mientras que Brian dePalma pervertía el sueño americano. Soderbergh y Traffic tendían a plasmar la autocrítica, el ascenso y el descenso al poder, asi como la tragedia, el terror, y la frialdad con la que se podía interpretar la muerte de una persona. Todo enmarcado en una fotografía abstracta y un montaje tan vistoso como eficaz, que daban lugar a una pieza clave en la filmografía del director, siguiendo el mismo análisis sobre la caída física y moral en su ópera prima Sexo, mentiras y cintas de video.

Continuando en su tétrico ensayo, Soderbergh profundizó en la existencia de un miedo oculto en el llanto funébre de George Clooney en Solaris, una pieza tan corrosiva como endeble, sin fuerza narrativa, pero brillante en un pilar como símbolo de culto al igual que el que protagonizó Horizonte Final.

Y tras confinarse entre los biopics de Ernesto Guevara, y los éxitos comerciales de las tres entregas de Ocean's, Steven Soderbergh regresa con el paralelismo de las pandemias virales en Contagio, una cinta fría, mecánica, intensa y enormemente elogiada por la crítica en la pasada Mostra de Venecia, y que al parecer, podría ser una de sus últimas cintas antes de la temporal retirada del director, el cual cerrará otros dos trabajos que aún mantiene pendientes antes de abandonar provisionalmente la meca del cine, y que parece mantener el empleo de originales efectos digitales que tanto caracterizó al montaje de Traffic. Si bien el remake estereoscópico está de moda, Contagio no puede quedarse atrás. Parece complicado que en una era post-Blade Runner y post-Origen, pecar de digitalizar películas sea poco rentable, tanto a nivel crítico como comercial. Soderbergh hizo lo propio en Traffic mediante el recurso técnico a su alcance, al igual que realiza en Contagio, cuando directores como Ridley Scott y Martin Scorsese también parecen haberse enamorado del tan comercial 3D. Ahora bien, la ambientación final mostrada en la oscarizada obra de Soderbergh fue más que sobresaliente; logró conformar la narración de lo sencillo en complejo y viceversa, vertiendo la frialdad sobre el sentimiento, y dotando a las imágenes de un realismo convincente.

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