La coincidencia

La elaboración de estrategias no puede diferenciarse del líder o el grupo dirigente que tenga que llevarlas a cabo

A veces da la impresión de que algunos dirigentes socialistas tienen una fe ciega en los documentos. Cuando las cosas se complican y los resultados políticos no son los mejores siempre recurren a la redacción de un texto político que dé luz y fuerza futuras a las oscuridades y fragilidades del presente. Sueñan con la mágica ponencia redactada por seráficos militantes que analice de forma clarividente la situación, y redacten luminosas propuestas para salir del actual desconcierto. Es la búsqueda de la poción mágica que termine con la confusión. Ya ocurrió hace tres años cuando se celebró la magna Conferencia Política que pretendía aclarar el panorama ideológico de la socialdemocracia actual. Poco han durado sus efectos.

Esa excesiva creencia en la magia de la letra impresa y en el principio de que primero es la idea y después las personas, es lo que lleva a la Gestora del PSOE y a sus apoyos territoriales a intentar separar en el tiempo y en el espacio la elaboración de un nuevo gran documento clarificador de ideologías y estrategias y la posterior elección del grupo dirigente que tenga que desarrollarlas. Pero lo cierto es que no existe esa drástica separación entre ideas y personas, porque la elaboración de proyectos y estrategias no puede diferenciarse del líder o el grupo dirigente que tenga que llevarlas a cabo. De hecho, el determinar las personas que han de elaborar el borrador del milagroso documento que ha de someterse a discusión es, de inicio, una indicación evidente de por dónde irán los contenidos y las reflexiones. En principio, siempre, como ahora, la crisis de ideas viene unida a una crisis de liderazgo y sólo abordando los dos problemas conjuntamente es como se puede encontrar la solución. Nunca existen unas ideas que estén reposando en un mágico texto en espera de que venga un equipo de dirigentes a llevarlo a la práctica. Ni al revés; no existe un líder o equipo de dirección que no tenga sus propias ideas y estrategias y esté esperando la ponencia perfecta que les indique el camino a seguir. Lo que ha ocurrido siempre es que el éxito de la operación política surge cuando se da la coincidencia de que existe la persona o el grupo de personas que teniendo ideas y estrategia propias también tienen la capacidad y el liderazgo suficiente de llevarlas a la práctica. Y esa coincidencia de ideas y personas es lo que puede garantizar el acierto político. Tratar de dividir esos procesos como si fueran dos mundos distintos es equivocarse o crear excusas para plantear un calendario favorable.

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