Málaga Hoy En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La curva somos todos

Si la gente se salta el confinamiento, se reduce su efectividad y no alejamos de los países donde sí se respeta

Es curioso cómo somos los españoles. Hace unos días había más sancionados por saltarse el estado de alarma que enfermos diagnosticados de coronavirus. Sin embargo, queremos que la culpa de todo sea, por supuesto, del Gobierno, y además del Gobierno que más me convenga. Comparamos nuestros datos con los de Italia o Alemania en busca de pruebas de la incompetencia de nuestro dirigente favorito, pero en ningún momento queremos ver esos datos como una prueba de nuestra falta de civismo. Nuestro patriotismo consiste en ver siempre la culpa en algún dirigente, pero nunca en nosotros mismos. Podría ser que nuestros números sean peores que los de Alemania no porque nuestro Gobierno sea peor que el de Alemania, sino porque los españoles seamos menos responsables que los alemanes. O quizá por las dos cosas, pero en ningún momento consideramos esas curvas como una prueba también de nuestras faltas, sino exclusivamente como una prueba de los errores del Gobierno, a pesar de que nos pasemos por el forro todas sus instrucciones. Si la gente se salta el confinamiento, y se lo están saltando, se reduce drásticamente su efectividad, y nos alejamos de los países donde sí se respeta. No hace falta ser un genio para entenderlo, pero eso ni lejanamente va a librar al Gobierno de la exclusividad de la culpa, ni de la ira de nuestros tertulianos, que siguen todos al pie del cañón en sus radios y sus televisiones. Y eso también es paradójico. Decenas de comentaristas salen de casa cada día para decirnos en sus programas que Sánchez es un irresponsable por tardar tanto tiempo en no dejar salir de casa. Y se entiende perfectamente que el derecho a la información exige que tengamos a muchos periodistas en la calle, pero no necesitamos tener una horda de analistas saltándose el confinamiento para decirnos lo tarde que se ha decretado el confinamiento.

Quédense en casa, y harán mucho más por nosotros y por su patria. Porque quizá ahora mismo lo que mejor nos mida como país es qué gente mandamos a casa, y cuánta de esa gente no hace ni puñetero caso. Desde vicepresidentes ególatras a tertulianos de fortuna, pasando por obsesos del deporte, ex presidentes descerebrados, madrileños de veraneo o cualquier otra variedad de estúpido e incívico egoísmo. Y eso, más que otra cosa, quizá sea lo que reflejan esas curvas.

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