Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Y si a China le da por responder?
Hola enero, me pillas mascando forraje sano, aliñado con aceite virgen sin refinar. Porque ahora toca la fiesta en verde. Sean las ingestas con ensaladas y verduras para engañarnos de cuerpo y mente. Bendito seas, 7 de enero. Acoge nuestra aflicción por lo mucho bebido y comido en eso que se conoce como las “fiestas entrañables”. Por eso ruego al alcalde que por favor no retire de las calles la decoración de Navidad. Sugiero que la deje ahí puesta y que la adornemos ahora con bonitas composiciones a base de verduras, hojas de ensalada y frutas de temporada. Esto nos ayudará, al menos visualmente, a ponernos a dieta y a eliminar lorzas y grumos de mala conciencia.
He aquí mi petición. Que los rojos pascueros dejen sitio en jardines y parterres a coliflores y cabezas de lechuga iceberg. Que las colgaduras navideñas se forren con su cota de malla verde con mucha rúcula, escarola, hojas de espinaca, albahaca y canónigos. Que los tomates que a nada saben cuelguen al menos como bolas decorativas en el triste árbol del tiempo ordinario. Que el propio árbol navideño frente al ayuntamiento luzca desbrozado para que podamos adornarlo con hojas de menta, bolitas de tomate cherry, algas de restaurante caro y nidos hechos con cáscara de aguacates para que la mamá pelícano dé de comer a sus crías con su propia sangre. Que toneladas de eneldo picado recubran las calles peguntosas por donde discurrieron heraldos y cabalgatas. Que las pistas de hielo abiertas por Navidad en Torre Sevilla y en el Prado se conviertan ahora en praderas de verde sintético a base de rodajas de apio, calabacines y pepinos persas.
Asimismo, se admite la ingesta de té verde que adelgaza en franquicias abiertas expresamente para treinta días de purificación. Y hasta se admite que podamos llevarnos naranjas amargas de las que ahora se recogen en las calles para disfrutar en casa de ese amargo olor que tanto alimenta, pensando cada cual en lo que ha perdido, en lo que pudo ser y no fue o al revés.
Enero en verde empieza con el regreso de los Reyes Magos al país del Desoriente. La cara b de la epifanía es la noche extraña y bien avanzada del 6 de enero. La aglomeración da paso a las silentes calles del centro de la ciudad por las que uno pasea con las manos en los bolsillos, acariciando con los dedos, cual amuleto, un poquito de musgo verde robado de algún belén viejuno. Dan ganas de saborearlo también.
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