Mar de fondo

El lado oscuro

Aceptamos la que es la mentira más dañina en política: hacernos creer que nos defienden de un Gobierno perverso

Muchas cosas puede que sean distintas en el futuro, pero la política no parece que vaya a ser una de ellas. Llevamos toda la semana con el enfrentamiento entre el Gobierno y la Junta sobre el supuesto agravio de no dejarnos pasar a Fase 1. Pero todo el asunto se reduce a un único hecho, el Gobierno central y el autonómico son de distinto color y, por tanto, enemigos declarados. No hay más. No habría afrenta si el mismo partido gobernara en Madrid y en Sevilla, y todos lo sabemos. Y, lo que es mucho peor, lo aceptamos. Aceptamos la que es sin duda la mentira más dañina en política: hacernos creer que nos defienden de un Gobierno perverso, que nos castiga injusta y caprichosamente. La misma mentira utilizada en Cataluña, y en un pasado que cada vez resulta menos lejano.

"Así muere la libertad, con un estruendoso aplauso", decía Amidala, viendo a Palpatine acabar con la República, en medio de una gran ovación del Senado. Y las razones para entregarle el poder absoluto nos resultan muy familiares: entender que la República no solo no resolvía sus problemas, sino que era el principal obstáculo para ello. Y ahí estamos nosotros, afianzando cada vez más ese sentimiento, aceptando con normalidad acusaciones terribles, como que un Gobierno castiga a sus ciudadanos por puro capricho. El clásico del agravio entre administraciones, que hemos visto mil veces en todas sus combinaciones, entre Madrid y Sevilla o entre Málaga y Sevilla o entre Barcelona y Madrid. Y que tantos desastres ha traído.

Pero, a pesar de todo, siguen utilizando ese argumento, letal, porque no hay nada mejor para hacerte con el poder que convencer a los ciudadanos de que tu rival es innatamente perverso, y que su único y oscuro objetivo es joderte la vida. Sin entender que, en particular, le están diciendo a la gente que el Gobierno, de la jurisdicción que sea, es innatamente perverso, y que su única meta es perjudicarte. Y que la gente que apoya a ese Gobierno, en consecuencia, también es perversa y dañina. Sin considerar que eso es una bomba de relojería para la democracia y la convivencia, como ya hemos visto demasiadas veces, en galaxias no tan lejanas. Y que, por ese camino, tarde o temprano alguien gritará que no reconoce la autoridad del Gobierno, en medio de una gran ovación, y entonces todo se irá, de verdad, a tomar por culo.

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