Los mejores hace tiempo que se fueron

El adoctrinamiento se propaga a través de las redes sociales con mucha más violencia a través de la aparente diversión

El espíritu de Adamuz

Los mejores hace tiempo que se fueron
Los mejores hace tiempo que se fueron / Departamento de Diseño

01 de febrero 2026 - 07:00

En su acerada crítica contra la gestión ferroviaria, Felipe González lamentaba que “los que saben de esto han dimitido para que sigan los que no saben”. Hace tiempo que los mejores se alejaron de la política, aunque algunos continúan influyendo con su liderazgo desde una esfera más cómoda. Ni es decente el trato que los políticos se dispensan entre sí, ni está pagado lo que sufren con el escrutinio de las rabiosas redes sociales totalmente fuera de control. Si la radio se alió con Goebbles y compañía para inyectar su propaganda, el adoctrinamiento actual se contagia con más violencia a través de la aparente diversión. Ya no quedan oradores de nivel para atraer a nadie que no sólo piense en servirse sin más que aportar. Los parlamentos se han convertido en aplausómetros. ¿Qué profesional o intelectual en sus cabales, con la vida resuelta y una reputación que proteger se prestaría a este mundo de la miseria de las migajas? Sólo los brutos, indocumentados o, en el mejor de los casos, los muy valientes se atreven. Los primeros ya existían antes de Trump, pero con él como epicentro del embrutecimiento político se ha perdido el respeto por el que piensa diferente y han volado las reglas del juego.

No todos los políticos son iguales. Pero la política actual es un avispero dominado por los radicales que han envenenado a medio país. Está todo tan jodidamente encanallado que no pensamos con claridad. Este miércoles algunas voces se levantaron contra la Junta por no cerrar los colegios durante el temporal, al entender que peligraba la seguridad de los niños. Y a la vez, muchos padres criticaban en Madrid que no se abrieran los centros porque no podían acudir al trabajo al tener que cuidar de sus hijos. Esta sociedad protesta por una cosa y la contraria. Harían falta muchas personas con sentido común y gran prestigio para impulsar una regeneración democrática desde la serenidad, algo que se antoja sencillamente imposible, pese a que ya no caben más veleidades. ¿A qué hemos de esperar para que nuestros gobernantes se vuelvan a mirar a la cara? Cualquier salida que no pase por un gran pacto de Estado en defensa de la democracia entre PP y PSOE resultará en vano. Si Feijóo lograra convencer a los suyos, tal vez se podría convertir en presidente con mayoría absoluta. Y Sánchez tendría que aceptar por pura supervivencia. La misión de ambos es salvar a España de las garras de un populismo que se extiende por el mundo y que aún no nos golpea del todo porque la economía resiste. No todo vale para ganar y desacreditar al adversario.

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