Las dos orillas
José Joaquín León
Ucrania aún resiste
Barrio rico, barriada humilde. La diferencia se nota en los contenedores de basura y en las cubas de escombros a reventar. Temporales de obras y ruidos, porque en todas las familias se cuecen o sueñan viviendas y reformas. Nos informan de la enésima campaña de Limasam para mantener limpia Cenacheriland con un gesto sencillo: cumplir los horarios del depósito de enseres y pequeños muebles junto al contenedor. Advierten que te pueden multar hasta con 750 lereles. Y estamos pendientes del basurazo, el incremento de la tasa por recogida de desperdicios. Aquí se abre un melón de vellón. En el reciclaje lo que es porquería para unos es negocio redondo y economía circular agenda 20-30 para otros.
Los viejenials recordamos lo del casco retornable. Comprabas una botella de litro de refresco o leche en la que se incluía el precio del envase y, si lo devolvías vacío al tendero, rascabas unos céntimos. Ese modelo se aplica en media Europa desde hace décadas. Te devuelven una fianza que pagaste en el momento de la compra. Se llama Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) y funciona en Alemania, los países nórdicos y otros tantos, con tasas de retorno que rondan el 90%. Acá, por conciencia medioambiental, el urbanita civilizado clasifica puertas adentro sus desechos y después los deposita gratis en contenedores de colorines. También está la excursión a los puntos limpios para deshacerse de los residuos más conflictivos.
Las materias primas son finitas y de ahí la importancia de reutilizar: es de cajón de madera de pino. O de cedro, roble, nogal o cualquier madera oscura que proscriben las últimas tendencias de decoración modernícola. Ya le digo que la cosa va por rentas. Donde hay viruta te puedes encontrar, en medio de la calle, una silla preciosa que se puede retapizar, una mesita o una mecedora lista para restaurar en un taller ocupacional de los que se estilan para que no se te atrofie el gen artesano.
Pero antes de que pasen los camiones y carricoches de la limpieza, lo que sucede es que se han adelantado seres invisibles a los que esquivamos la mirada. Cada vez se ve a más personas sin techo hurgando en la basura. Creo que ese es el verdadero punto negro, el que tendríamos que enfocar. Sin aporofobia. Invertir más en servicios sociales, porque las campañas de concienciación ciudadana, por defecto, nos las pasamos por el forro de la educación.
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