Crónica personal
Pilar Cernuda
Otra inmoralidad
No sé si se han percatado, pero las redes sociales están atestadas de tristes. Tipos mustios que buscan dónde verter sus lágrimas, miedos e inquinas. Tristes pelmas y justicieros, además, que es lo peor. Personajillos que necesitan crearse enemigos para sentirse alguien. También hay mucha gente normal y divertida que pasea por los foros virtuales a disfrutar, compartir, debatir educadamente y echarse unas risas. Pero resulta imposible no toparse con inquisidores de chichinabo, radicales de cuchufleta, reaccionarios de guardarropía y revolucionarios del todo a cien que no contentos con desbarrar y despotricar sandeces sin vergüenza alguna, necesitan identificar a sus némesis para saberse luchadores de no se sabe muy bien qué. La guerra cultural, dicen. Eso de los woke y antiwoke, que son los wokes de ambas orillas.
Si algo tiene la vida virtual es que cualquiera, atrincherado tras un teclado, puede sentirse el amo del mundo, pontificar sobre lo que le plazca y acusar a media sociedad de equidistante o moderadita si no están dispuestos a asumir que no hay más verdad que la suya.
Me enseñaron de niño que quien siempre piensa igual, es posible que no haya pensado nunca. Más allá de los principios morales que deben orientar nuestra vida, las circunstancias cambian, nos guste o no, y ante ellas es natural que maticemos o incluso modifiquemos una opinión previa. Pero hay quien no admite más verdad que la suya propia, única, inalterable e inmutable. Fanáticos que, como dijo Churchill, no pueden cambiar de opinión, ni quieren cambiar de tema.
El extremista necesita tener enemigos a quienes odiar para sentirse bien. Por eso los crea. Su anodina existencia no requiere pensar, sólo atacar con argumentos de parvulario a los enemigos que ya le vienen tasados en España. Si es de izquierdas: Iglesia, banca, propietarios, empresarios, israelíes … y cualquiera que abomine de los extremos como demócratas y liberales. Si es de derechas: sindicatos, masones, globalistas, anglófilos, palestinos... y cualquiera que abomine de los extremos como demócratas y liberales. En su delirio, se cree moralmente superior y por eso se llaman campeones de la verdad y se vanaglorian de ser políticamente incorrectos acusando a quienes mantienen valores de convivencia de ser unos bienqueda cuando la realidad es que aunque se crean superiores sólo son una legión de tristes paranoicos atrincherados en el sofá de su casa.
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